Brasil se ejercita por millones

Gimnasios públicos permiten el acceso a personas de bajos recursos
La obesidad es uno de los problemas de salud más grandes que actualmente enfrenta la sociedad y Brasil, el quinto país más grande del mundo, está viviendo una revolución dirigida a terminar con esa situación. El proyecto en el cual el gobierno invirtió cerca de mil millones de dólares tiene como centro el acceso universal a la realización de ejercicios diarios en ciudades de todo el país.

Varios estudios han indicado que la falta de ejercicio es la principal causa de varias enfermedades crónicas como la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y la obesidad. Brasil no está exento de esos problemas, ya que por ejemplo en 2007 las muertes por enfermedades del corazón llegaban al 31% y en 2008 la mitad de los hombres brasileños tenía sobrepeso. El ministerio de Salud reunió un grupo de expertos para conocer la respuesta a una sola pregunta: ¿Cómo hacer que la gente se mueva?

Brasil es conocido por ser un país muy vinculado con el deporte. Las playas de ciudades como Recife o Río de Janeiro desbordan de gente jugando al fútbol o corriendo y muchísimos gimnasios permanecen abiertos casi 24 horas. Por lo tanto, el problema tenía un trasfondo que superaba la simple cuestión de si los brasileños se ejercitaban o no. La cuestión era la siguiente: los habitantes con mayores ingresos priorizaban el ejercicio en su tiempo libre. Sin embargo, aquellos que carecían de salarios dignos y vivían en la pobreza, en su mayoría nucleados en las favelas, prácticamente no realizaban actividad física. Más del 10% de la población de Brasil vive actualmente con dos dólares por día y la brecha entre la clase más adinerada y los más pobres aumenta día a día.

En ese sentido, la violencia y la pobreza representaban barreras a superar por parte del Ministerio de Salud para lograr que más personas se ejerciten diariamente, por lo que la solución debería apuntar a un desarrollo universal de ejercicios.

Pedro Hallal, un educador físico con un doctorado en epidemiología, comenzó con un programa de ejercicios, gracias al apoyo de algunas organizaciones, que consistía en clases de educación física masivas en los lugares más desfavorecidos. El programa fue apoyado luego por el Ministerio de Salud y actualmente el fenómeno es algo tangible en todo el país. Las clases se dictan dos veces en la mañana y dos veces en la tarde en plazas al aire libre, lo que permite a los asistentes concurrir a sus trabajos con normalidad y evitar las horas pico de calor. Alrededor de las plazas se ubican distintos aparatos públicos para ejercitarse que se utilizan permanentemente, y también hay centros para el control de, por ejemplo, la presión arterial.

El secreto detrás del éxito de esta iniciativa recae en que las personas que concurren allí comienzan a establecer vínculos que luego las retienen y continúan con los ejercicios que ayudan a su propio bienestar. La proliferación de estos gimnasios públicos y accesibles para todos los habitantes le ha costado al gobierno brasileño unos mil millones de dólares, pero ha puesto en movimiento a una sociedad que necesitaba urgentemente del ejercicio.

(Fuente: Adaptado del original de Catherine de Lange en mosaicscience.com)