Brooklyn es una buena película, pero no una memorable

Nominada como Mejor película, no logra estar a la altura de lo que su historia merece

Brookyln es una de las últimas nominadas al Oscar como Mejor película en estrenarse en Uruguay y, a diferencia de sus competidores en la categoría, no llega a la cartelera con mucha ostentación. La película no tiene una actuación reverenciada como la de Leonardo Di Caprio en Revenant: el renacido, ni el espectáculo de acción cinematográfica de Mad Max: furia en el camino, o la alabanza unánime por parte de los críticos de cine con En Primera Plana. Brooklyn sí tiene todos los ingredientes para ser presentada como una película recomendable, aunque no memorable.

El filme, dirigido por el cineasta irlandés John Crowley (quien ha trabajado en la serie True Detective), es un drama histórico sobre una joven irlandesa llamada Eilis, quien decide emigrar desde un pequeña y monótona ciudad de Irlanda hacia Estados Unidos para comenzar una nueva vida trabajando y estudiando en la agitada Nueva York. Ambientada a principios de la década de 1950, la película recorre el crecimiento personal y profesional de Eilis, interpretada por Saoirse Ronan, quien atraviesa una transformación de una joven y tímida inmigrante hacia una mujer autónoma y decisida.

Crowley trabaja con el guión del escritor Nick Hornby, autor de Alta fidelidad, para ofrecer un relato inocente de la maduración de la protagonista. Eilis intentará alejarse de la nostalgia y melancolía que la ata a su vida pasada, para superar la demoledora sensación de extrañeza que vive en una cultura similar pero ajena a la suya, En su vida en el barrio de Brooklyn, en pura ebullición de la convivencia entre inmigrantes europeos, el acto más rutinario como comer un plato de espaguetis frente a una familia estadounidense de origen italiano puede ser una situación estresante.

Pero más allá de la destacable reconstrucción histórica, en donde cada atuendo, vehículo o utensilio del entorno de Eilis se amalgaman de forma impecable, el gran conflicto emocional de Brooklyn está instalado en el amor y en las diferentes facetas que experimenta la joven protagonista. Desde sus primeras citas con un joven sanitario hasta su correspondencia con su hermana mayor en Irlanda, el personaje interpretado por Ronan deberá tomar decisiones cada vez más significantes en su camino a ser feliz. Rápidamente la mudanza de Eilis hacia su tierra prometida se dará con grandes costos personales, tanto en Nueva York como en su pueblo natal de Enniscorthy.

Y hay un punto, sin embargo, en el que todo lo romántico del relato no logra ir más allá de lo que uno esperaría. La historia de Hornby, que tiene pequeños momentos de humor, hace que sus personajes convivan entre sí con cierta rigidez digna de la época en la que la etiqueta era más importante que el contenido, algo que Brooklyn parece sufrir sin remedio hasta en sus momento más dramáticos.

Ronan, por su parte, es uno de los motivos principales para disfrutar del filme. El director entiende el potencial de su actriz y es capaz de postrar la cámara sobre su rostro el tiempo que sea necesario, al punto que uno se pregunta si la reproducción se detuvo.

En conclusión, en Brooklyn no hay algo que no se haya visto antes. La película se sostiene en una actriz con un futuro prometedor y una recreación histórica magnífica, pero no mucho más.

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