Buen gobierno es la mejor publicidad

Las objeciones del gobierno a como informan los medios privados independientes y la intención del FA de tener un medio propio

Las objeciones del gobierno a como informan los medios privados independientes y la renovada intención en el Frente Amplio de contar con un medio propio soslayan la realidad de que la mejor –o peor– publicidad no son las palabras oficiales sino los hechos que los ciudadanos perciben y los afectan en su vida cotidiana. Ocurre cuando una persona hace sus compras en un supermercado u otro comercio, cuando trata de que la atiendan en forma medianamente digna en el Hospital de Clínicas o cuando no encuentra empleo. Concentrarse en estas y otras prioridades de incidencia popular es el camino idóneo para un gobierno que busque mejorar su imagen.

Tienen escaso impacto, en cambio, las discursivas declaraciones de buenas intenciones o las quejas y diatribas contra la oposición y los medios de comunicación. Como ha demostrado la experiencia, tampoco ayuda a un gobierno o a un partido tener medios propios, que siempre son mirados con recelo por su propia condición. Una concluyente prueba reciente de la necesidad de tino oficial ha sido en estos días el manejo de la situación creada por el vicepresidente Raúl Sendic. El gobierno y su partido desaprovecharon la oportunidad de prestigiarse públicamente al tratar de defender lo indefendible y declarar ingenuamente que está cerrado un caso que seguirá abierto por largo tiempo.

Las cosas buenas que logra el gobierno, como la caída de la mortalidad infantil o beneficios adicionales que otorga el BPS, son publicadas en el volumen que los responsables de los medios consideran adecuado. En eso consiste la libertad de expresión, uno de los pilares que cimientan nuestro sistema democrático. Esa libertad incluye el derecho a que el presidente de la República, un ministro o cualquier otro jerarca expresen insatisfacción con la forma y preferencia que los medios privados asignan a la publicación de noticias, así como con los artículos de opinión. Pero el oficialismo se equivoca cuando estima que la forma de vitalizar la aprobación popular es a través del probadamente inefectivo recurso de crear medios que respondan a los dictados de un gobierno o un partido.

El camino más efectivo es, en cambio, corregir claudicaciones donde es posible y explicar cuando no se pueden atender reclamos populares o solucionar dificultades, actuando siempre con transparencia convincente. En el área prioritaria de la economía, se explican de manera precisa los problemas que enfrenta el país por males de origen externo. Pero se tiende a minimizar la gravedad de un desempleo en aumento y otros problemas. Se reconocen los efectos indeseables de una inflación y un déficit fiscal igualmente altos, pero no se toman las medidas adecuadas para combatirlos a través de la política salarial y el gasto público.

Lo mismo ocurre con la salud, la educación y la seguridad pública, áreas también de aguda preocupación ciudadana en las que los anuncios y discursos oficiales no reemplazan a la acción ejecutiva eficiente. Gobernar bien es la mejor publicidad, porque sus efectos son rápidamente percibidos por la población. Ciertamente no se logra cuando se procura disimular errores, cuando se deforma la realidad, cuando se denuncian derechos naturales de la oposición a juzgar o cuando se cree que medios oficiales de comunicación serán preferidos por la gente a los medios privados que desarrollan un periodismo independiente.


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El Observador

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