Buscando escapar al brexit, Escocia vuelve a reclamar su independencia

Jefa del gobierno escocés pedirá autorización para realizar consulta independentista
El Reino Unido deberá negociar la ruptura formal con la Unión Europea con su unidad territorial en la mira, después de que el gobierno escocés anunciara que buscará concretar otro referéndum de independencia.

La jefa del gobierno regional escocés, la nacionalista Nicola Sturgeon, anunció que pedirá permiso al parlamento regional para convocar un nuevo referéndum de independencia del Reino Unido, para lo cual, según Londres también necesita su autorización.

"La semana próxima buscaré la autorización del parlamento para llegar a un acuerdo con el gobierno británico" para este referéndum, con la idea de celebrarlo entre agosto de 2018 y junio 2019, dijo Sturgeon, descontenta porque, afirmó, Londres no está teniendo en cuenta las necesidades de Escocia en el brexit.

May tiene que dar su acuerdo al referéndum, y, en su primera reacción, no dijo que lo frenaría, pero recordó a los nacionalistas escoceses que "la política no es un juego". La demanda de un referéndum "es profundamente lamentable y coloca a Escocia en un camino de mayor incertidumbre y división", añadió May.

"Las evidencias muestran que la mayoría del pueblo escocés no quiere un segundo referéndum de independencia", agregó. "En vez de hacer politiqueo con el futuro de nuestro país, el gobierno escocés debería concentrarse en gobernar bien y ofrecer buenos servicios públicos", concluyó la primera ministra.

Para Sturgeon, sin embargo, no hay opción. "No es solo nuestra relación con Europa, la que está en juego; lo que está en juego es qué clase de país seremos", dijo en un discurso en Edimburgo.
Además, advirtió a Londres que no puede frenar el referéndum: "El mandato del gobierno escocés para ofrecer este paso está fuera de toda duda", dijo.

En el primer referéndum, en setiembre de 2014, los escoceses habían rechazado la independencia (55% contra 45%). Dos años después, votaron abrumadoramente (62%) a favor de seguir en la Unión Europea, pero a nivel nacional se impuso la salida.

Además de Escocia, en Irlanda del Norte también se levantan voces que piden la salida del Reino Unido(ver nota aparte). En Belfast también el brexit había sido derrotado con claridad. La salida del bloque europeo es vista como una forma de perder autonomía respecto a Londres.

El proceso de salida

Casi nueve meses después de que los británicos decidieran abandonar la Unión Europea en el referéndum del 23 de junio, molestos por la creciente oleada inmigratoria –según la lectura realizada por el gobierno de la primera ministra Theresa May–, la ley para iniciar la ruptura ingresó en su última fase parlamentaria.

La Cámara de los Comunes dejó sin efecto las dos enmiendas que los Lores habían adjuntado al proyecto de ley –respeto a los derechos de los europeos residentes en el Reino Unido y a la votación del Parlamento sobre el acuerdo de ruptura final–, y el texto volvió a la cámara alta, donde resultó aprobado sin más retoques.

Luego de esta instancia, May quedará habilitada para notificar la salida a Bruselas, pero un portavoz gubernamental recordó que la primera ministra se dio plazo hasta fin de mes para hacerlo, luego de poner el acento en ese "fin" para sugerir que no tiene ningún apuro por quemar etapas.

Con la aprobación de la ley, May estará habilitada para enviar a Bruselas la carta invocando el artículo 50 del tratado europeo de Lisboa, con lo que se abrirá un período de dos años de negociaciones para acordar los términos de la ruptura.

"Lo que pasa luego es bastante simple", explicó a la BBC David Davis, el ministro a cargo del brexit. "La carta va al Consejo Europeo", la institución que reúne a los jefes de Estado y de gobierno, "y el Consejo tiene que decidir las directrices" de las negociaciones con el Reino Unido.

La Unión Europea aseguró que presentará su primer plan para las negociaciones en un plazo máximo de 48 horas tras recibir la notificación de salida de Londres, y que finalizará su estrategia en una cumbre el 6 de abril. Luego, empezarán dos años de negociaciones.

"Divisivo"

El gobierno británico no descartó explícitamente ayer conceder un nuevo referéndum de independencia a Escocia, pero estimó que "sería divisivo y causaría incertidumbre económica en el peor momento".

"Hay evidencias de que la mayoría de los escoceses no quiere un referéndum", añadió un portavoz de Downing Street, en respuesta a la jefa del gobierno regional escocés, Nicola Sturgeon, que anunció que buscaría celebrar ese plebiscito entre el otoño de 2018 y la primavera de 2019, descontenta por la salida británica de la Unión Europea.

Unionistas pierden poder

Los unionistas del DUP ganaron a principios de mes por escasa ventaja las elecciones regionales anticipadas en Irlanda del Norte, según resultados definitivos que los colocan apenas por delante del Sinn Féin republicano y perdieron bastante terreno.

El DUP, partidario de mantenerse en el Reino Unido, perdió poder al obtener 28 de los 90 escaños de la asamblea regional, contra 27 para el Sinn Féin, defensor de una reunificación de Irlanda.
En mayo de 2016, el DUP había ganado los 38 escaños contra 28 para el Sinn Féin, en una asamblea que entonces contaba en total 108 escaños.

El otro gran partido unionista también tuvo un magro desempeño al obtener 10 escaños, superado por el SDLP (Partido Socialdemócrata y L mixer aborista, 12 escaños), lo cual provocó la renuncia de su líder, Mike Nesbitt.

Como consecuencia de estas elecciones, los unionistas son ahora minoritarios en la Asamblea norirlandesa, por primera vez desde su creación.

"Avancemos ahora con la esperanza de que el bien común prevalezca", declaró la dirigente del DUP, la jefa del gobierno saliente Arlene Foster, mientras que Michelle O'Neil, dirigente del Sinn Féin, se mostró "encantada" con los resultados.

El DUP y el Sinn Féin deberán ponerse de acuerdo sobre la formación de una coalición de gobierno y resolver las diferencias que condujeron a la realización de estas elecciones apenas 10 meses después de los comicios anteriores.

Fue la renuncia a principios de enero del viceprimer ministro y figura histórica del Sinn Féin, Martin McGuinness, lo que desencadenó la crisis entre los dos partidos que comparten el poder tras los acuerdos de paz de 1998.

Esos acuerdos pusieron fin a enfrentamientos entre católicos nacionalistas y protestantes unionistas que dejaron más de 3.000 muertos en 30 años, y organizaron el reparto de poder entre ambas partes.

Fuente: El Observador y agencias

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