Cada cosa tiene su tiempo

Astori padece el desgaste que provocan una economía flaca y muchos años en el poder

Asamblea Uruguay, el sector de Danilo Astori, actual ministro de Economía, durante una década padeció intermitentes temporales de abuso de poder, ilegalidades y tráfico de influencias: desde el encarcelamiento en 2007 del ex director de Casinos Municipales, Juan Carlos Bengoa, hasta la reciente destitución del director de Deportes de Montevideo, Pablo Sanmartino, pasando por el caso del ex diputado Jorge Orrico.

El hecho más grave se registró en 2012 cuando dos personas de su confianza, el ministro de Economía, Fernando Lorenzo, y el presidente del Banco de la República, Fernando Calloia, facilitaron a Juan Carlos López Mena, propietario de Buquebus, la compra mediante un testaferro de aviones de la quebrada empresa Pluna. Una pequeña aerolínea fantasmagórica, sin capital ni permisos, adquirió en remate siete aviones por encima de su precio de mercado, pues probablemente jamás pagaría esa deuda, y los alquilaría a López Mena, quien reforzaría así a bajo costo su cuasi-monopolio del tráfico de pasajeros en el Río de la Plata. La justicia todavía investiga el asunto. No está claro cuánta es la responsabilidad de los hombres de Astori, y por qué lo hicieron, y hasta qué punto fue una idea loca del entonces presidente José Mujica.

Y ahora Jorge Orrico, ex diputado de Asamblea Uruguay que presidió la Cámara de Representantes en 2012, debió renunciar a la Presidencia del Sodre por exigencia de Astori. Durante sus 20 años en la Cámara baja no pagó aportes al BPS por una de sus secretarias.

"No es un tema para discutir a través de los medios de comunicación", recomendó el Consejo Político de Asamblea Uruguay. Como en el caso Pluna o tantos otros, que son de estricto interés público, los políticos prefieren el secreto paternalista y cómplice: estamos por encima del vulgo, al que no hay que rendir cuentas ni información, salvo propaganda.

Como si fuera poco la esposa de Astori, Claudia Hugo, al salir en defensa de su sector político, afirmó que la antigua secretaria de Orrico "ya era jubilada cuando ingresó (al Parlamento) y nunca tuvo interés en estar aportando al Banco de Previsión Social".

Un "cincuentón" que hizo grandes aportes al BPS durante 40 años y cobrará una jubilación más bien absurda (y hay muchos casos así por estos días) puede volverse loco de indignación.

Claro que las sospechas y acusaciones no son sólo patrimonio de Asamblea Uruguay. Alcanzan a casi todos los sectores del Frente Amplio, como antes alcanzaron a los gobiernos de otros partidos. Pero los más radicales, esos que una vez Mujica llamó "izquierdita", son quienes más disfrutan los frecuentes tropiezos de Asamblea Uruguay. Es el goce de hacer pasar bajo las horcas caudinas a los antiguos custodios de las buenas prácticas económicas y administrativas, que tantas veces se negaron a aflojar la bolsa.

Es común que un gobierno de larga data comience a mostrar aquí y allá asuntos opacos e implicancias de todo tipo. Para corromperse sólo hace falta tener poder durante mucho tiempo. Por casi 12 años Astori ha reservado para sí y su sector la mayor parte de las responsabilidades económicas, desde el Ministerio hasta la banca oficial. Y ahora, que la economía no anda bien, Astori se torna más vulnerable. La producción se estanca, el comercio exterior cae, la deuda pública aumenta, hay muchas empresas en problemas, el desempleo está cerca del 10% en Montevideo, es aún más alto entre los jóvenes, la inflación carcome los salarios y la insatisfacción se expande como miasma.

La carrera administrativa, docente y política de Astori tiene ya casi seis décadas. Desde 1963, cuando ingresó a la Oficina de Política y Programación Agropecuaria y a la Comisión de Inversiones y Desarrollo Económico (Cide), un calificado think tank, peleó batallas grandes y pequeñas con suerte desigual. Junto a Tabaré Vázquez, ha sido el político más influyente y poderoso en los que va del siglo XXI.

Este hombre más bien tímido y ceremonioso tal vez haya sido el último dique contra la demagogia y los desastres que provocan los políticos cuando disponen con ligereza de mucho dinero público, como ocurrió en varios países de la región. Esa es una condición necesaria para mantenerse como líder y, eventualmente, para ser incluido por enésima vez en la lista de precandidatos presidenciales. ¿Pero es condición suficiente? Y sobre todo: ¿es necesario?

Muchos frenteamplistas ya no toleran que todo continúe girando en torno a la tríada Tabaré Vázquez, José Mujica, Danilo Astori. Ellos actúan a la vez como oficialismo y oposición, establishment y renovación, pasado y futuro. Demasiados años en el gobierno, demasiado poder, demasiada ambición, demasiada edad. Todo tiene su tiempo, y hay un tiempo para cada cosa.


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