Cada día se reciben seis denuncias de abuso infantil

Las autoridades esperan que este año las cifras continúen en aumento
Desde hace décadas Uruguay asiste a un crecimiento no solo de los delitos violentos (homicidios y rapiñas), sino también a relacionamientos sociales basados en la violencia que se expresa en ámbitos privados –como la familia–, o públicos como los espectáculos deportivos.

Los expertos en diferentes disciplinas llevan años confirmando que la violencia es una conducta que se repite en aquellos que la sufren. En Uruguay, un estudio con más de 100 abusadores sexuales demostró que el 100% de ellos habían sido abusados cuando menores (ver página 4). La mayoría no había sido tratado a tiempo, como seguramente no lo fueron sus víctimas, que si repiten el comportamiento volverán a provocar otra generación de nuevas víctimas.

Para la psiquiatra especializada en niños Natalia Trenchi, de todas las vertientes que confluyen en la violencia social, la principal es la que traen consigo de la niñez los menores abusados, tanto física como psíquicamente.

María Elena Mizrahi, coordinadora de sistema de protección contra la violencia infantil, dijo a El Observador que en 2015 se registraron 1.908 casos de niños violentados. El organismo hizo una proyección para 2016 de 2.168 casos, ya que la tendencia viene al alza desde hace años. El próximo 25 de abril se darán las cifras finales de 2.016 y Mizrahi está segura de que serán superiores a las previsiones, a pesar de que, si bien el sistema tiene ahora presencia en todo el país, es muy difícil registrar la totalidad de los casos.

Al menos 333 niños y adolescentes sufrieron explotación sexual en 2016. Los datos del Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU) son tomados como un subregistro, porque hay factores estructurales y culturales que obstaculizan las investigaciones. Según datos del programa Uruguay crece contigo, el 60% de los niños uruguayos sufrió algún tipo de violencia.

"Vivimos en una sociedad que ejerce un abuso de poder" y los niños "no son respetados como sujetos de derecho", dijo Mizrahi, para quien los datos revelan una "alta prevalencia" de violencia contra los menores de edad.

La funcionaria reconoció que los abusadores que son condenados son tratados como cualquier otro preso y que no hay organismos específicos para su tratamiento. Dijo que, contra lo que expresan algunas organizaciones de padres, en los casos de violencia sexual es aún bastante complejo accionar contra un abusador y que la Justicia tome medidas con la velocidad por ella esperada.
Acerca de la creciente participación de mujeres en el papel de agresoras, Mizrahi dijo que quizá se deba al aumento de los hogares monoparentales donde el padre está ausente.

Moretones y quemaduras

Más de la mitad de los niños del país se atienden en la salud pública y el hospital de referencia nacional es el Pereira Rossell, que tiene un área pediátrica y otra de la mujer. El subdirector del hospital pediátrico, Gabriel Peluffo, dijo a El Observador que un indicador de la violencia contra los niños es el "insoportable" dato de que hubo 120 casos de menores de 14 años embarazadas.
"Eso es abuso o explotación. Incluso entre los 14 y los 16 años no hay proyecto ni embarazo planificado. Por eso se está apuntando a la prevención del segundo embarazo y la colocación voluntaria de dispositivos subcutáneos.

Peluffo explicó que en el hospital hay un equipo multidisciplinario que coordina con el Ministerio de Desarrollo Social los casos de violencia contra los niños. "Se hace una clasificación de riesgo social del niño y se detectan alertas sobre situaciones y familias. A veces el niño viene con fiebre pero hay indicios de violencia o descuido y todos los médicos están entrenados en pesquisar si está nutrido, higienizado. Todo esto en un terreno complejo porque hay gente con muchas carencias que a veces ni siquiera saben que ese sufrimiento que está viviendo un niño que no tiene para comer, se puede paliar accediendo a servicios sociales".

Por eso, "hay veces que no se los deja presos, pero no se les da el alta hasta tratar de saber cuál es su situación".

También se dan situaciones en las que "no queda claro por qué perdió conocimiento o tuvo una convulsión, o tiene heridas de días de evolución, traumatismos en los que no se hizo consulta inmediata. Hay veces que se ven golpes como si hubieran tenido un accidente de tránsito grave. Moretones, inflamación, facturas, quemaduras. No es lo más frecuente, pero las sutiles son a veces más peligrosas porque empiezan ahí pero pueden terminar en otra cosa", dijo Peluffo.

Así como Mizrahi atribuyó la creciente actitud violenta de las mujeres para con sus hijos al hecho de tratarse de madres solas, Peluffo agregó un elemento a ese comportamiento: las enfermedades mentales. Para el caso de los hombres también se ve como agravante el consumo de alcohol que "desinhibe al abusador".

"A veces hay desbordes, acostumbrados al tirón de pelo, la cachetada, cosas del ámbito de crianza que pueden ser tomado como natural, pero en eso debemos plantarnos como sociedad y el cachetazo no debe existir más", afirmó Peluffo.

Cree que las generaciones más jóvenes lo están entendiendo aunque es un fenómeno complejo porque a veces "la degradación se da a través de la palabra".

"A mí me pasó de chico que el portero de un club me sacudiera y sacara del lugar. Eso hoy hay consciencia de que no puede pasar", dijo el pediatra. "Está demostrado que se puede y se debe trabajar con los abusadores. Si nos quedamos en lo punitivo, lo único que vamos a hacer es no resolver el problema", agregó.

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