Cálculo 1 de Ingeniería y más allá

En febrero, solo 11 de 506 estudiantes salvaron esa materia

Por Guillermo Fossati

El pasado 21 de febrero, 506 jóvenes rindieron el examen de Cálculo 1 y solo 11 de ellos lograron aprobar. La asignatura Cálculo 1 se cursa en primer año de la carrera de Ingeniería. A ese índice de aprobación se llegó luego de que los profesores resolvieran bajar el puntaje de aprobación de 60% a 50%. Es decir, se cambió el nivel o estándar de competencia que se había establecido como aceptable (60% de la prueba correcta). Si lo dejaban en 60% ninguno de los estudiantes hubiera aprobado la materia. En el período de exámenes de diciembre solo aprobaron 24 de 517 estudiantes.

Lo que viene sucediendo con este examen de Cálculo 1 permite algunas consideraciones y comentarios.

1) Correspondería analizar la correspondencia entre el examen y el curso. Lo que se examina y lo que se enseña. Es decir, si la prueba es coherente y consistente con los contenidos y competencias que se enseñan en Cálculo 1. Esto se conoce como “validez de contenido”. El examen es válido si “mide lo que se enseñó”.

Esto supone mirar la consistencia entre los contenidos de la enseñanza, los objetivos del curso Cálculo 1, y los contenidos del examen. Concluiríamos que el examen tiene apropiada validez de contenido si es coherente con los objetivos del curso y representativo de los contenidos curriculares de la asignatura.

No es válido si no constituye una muestra adecuada y representativa de los contenidos curriculares que hacen a los objetivos de la enseñanza de la asignatura Cálculo 1 y las expectativas de aprendizaje (lo que se espera que los estudiantes aprendan y muestren haber adquirido).

El examen no debería ir más allá de los contenidos curriculares cubiertos.

2) Un resultado tan absurdo como el que se alcanzó en este examen (11 aprobados de un total de 506 estudiantes) puede constituir evidencia suficiente de falta de validez basada en el contenido del examen. De hecho, los estudiantes entendieron que la evaluación estuvo “mal planteada porque excedía la dificultad del curso”.

También es señal de notoria falla en la enseñanza. Teóricamente se esperaría que la mayoría de los alumnos alcancen el rendimiento (los conocimientos y las competencias) esperado.

3) El caso abrió en la interna de la facultad el debate sobre cuán preparados llegan los estudiantes desde Secundaria. Este, por cierto, también es un razonamiento pertinente.

Cabe preguntarse por el nivel de conocimientos y competencias que se tienen al egresar de la educación media. Ciertamente lo que ya sabemos determina lo que somos capaces de saber y aprender. Hay mucho de secuencial y acumulativo en los procesos de enseñanza- aprendizaje ¿Están los alumnos preparados para responder a las exigencias académicas que luego enfrentan en la Universidad?

El gobierno se ha propuesto lograr en el quinquenio 2015-2020 duplicar los egresos de la educación media superior (hoy menos del 40% de los alumnos culmina la educación secundaria en nuestro país). Objetivo que, sin hacernos trampas al solitario, tiene más de expresión de deseos que de meta factible y lograble.

4) Finalmente, y en términos generales, importa preguntarse por la relevancia del examen. ¿Refleja lo que es importante que los alumnos aprendan?

En su momento (enero-abril del 2010), la Comisión Interpartidaria en Educación convocada por el expresidente de la República José Mujica, consideró “importante estudiar la posibilidad de concebir y acordar la realización de un prueba nacional de egreso de la educación media superior que tenga carácter diagnóstico, desprovista de efectos selectivos y restrictivos”.

Este examen nacional se llevaría a cabo una vez al año y en todos los centros educativos de la educación media superior al mismo tiempo. Si bien sería obligatorio, no fue pensado como filtro ni para seleccionar alumnos. No constituiría un criterio para determinar qué alumnos egresan o no de este nivel educativo. Así fue planteado en aquel entonces.


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