Caminando en el laberinto, mirando al piso

El Frente Amplio se enreda en explicaciones que no contemplan las señas de sus votantes disgustados
El Frente Amplio no logra salir de su laberinto. Da vueltas y vueltas, pero no logra levantar la cabeza para encontrar la salida y termina girando en círculos, sin escuchar el clamor de una opinión pública que se asombra y disgusta con explicaciones que no son convincentes.

Las redes sociales hacen visible la bronca que antes se expresaba en el boca a boca y no quedaba registrada, pero aunque esté por escrito parece invisible para los dirigentes.

Ahí se ve a muchos frenteamplistas dolidos por la reacción de barrer para adentro, de quedarse echando las culpas a la derecha política, a los medios de prensa o a supuestas campañas internacionales.

Las críticas que llegan de los opositores son ironías, calificativos gruesos e insultos. Las que provienen de militantes de izquierda de toda la vida son de dolor, amargura e indignación sin consuelo. No se percibe en el Frente que haya comprensión de ese fenómeno.

Mientras el Senado votaba un proyecto de ley para derogar el delito de abuso innominado de funciones, varios diputados reconocían que eso era un error, y que había que frenarlo en la Cámara de Representantes para no repetir el escándalo al que se exponía el oficialismo, por lo que el esfuerzo y el costo político asumido esta semana habrá sido en vano. ¿No pudieron ponerse de acuerdo antes para no sufrir desgaste en el Senado?

Y cuando los ecos de ese debate no cesaban, cuando aparecía cuestionada la bancada del partido que históricamente batalló contra la corrupción de funcionarios de otros bandos y levantó la bandera de la ética en la administración pública y el manejo del dinero de la gente, fue cuando estalló el sainete del uso de dinero de los entes para compras que en apariencia son para cuestiones personales.

El problema no es si se pagó con tarjeta o efectivo, sino para qué se utilizó el dinero de un órgano del Estado: ¿gastos de representación o uso personal?

La excusa no puede ser que "lo hacen todos", porque se sabe desde siempre que esa es la peor explicación. Y lo peor es el argumento de que se trata de poca plata.

Todo eso, en una semana en la que el sindicato de funcionarios de ANCAP afectó la distribución de combustible, hay colas frente a las estaciones por signos de desabastecimiento, por un conflicto en el que rechazan que termine un seguro médico propio. El sindicato dice que no quiere privilegios, sino mantener un servicio digno, por lo que rechaza quedar en el sistema que rige para todos los trabajadores del país (Fonasa), lo que de otra forma implica cuestionar el sistema integrado de salud que fue diseñado por el Frente Amplio.

La dirigencia gira y gira en el laberinto; no hay reflejo ni reacción racional, pensada, que administre costos políticos y que a la vez busque salvar banderas históricas.
Cuando aparecía cuestionada la bancada del partido que históricamente batalló contra la corrupción de funcionarios de otros bandos, estalló el sainete del uso de dinero de los entes para compras, en apariencia, personales.
Hay un discurso público, que se da por el canal institucional del Frente Amplio, y otro discurso para las conversaciones privadas.

El institucional es el mensaje que desprecia el sentido común, es el del presidente de la coalición, Javier Miranda, haciendo referencia a una campaña de la "derecha" regional que se ensaña con los dirigentes de izquierda. Eso supone que hay gente que enchastra al Frente Amplio sin motivo alguno, con inventos; un cuento que no se lo cree ni el personal de La Huella de Seregni.

Este viernes, Miranda había comenzado bien su conferencia de prensa posterior a la Mesa Política, cuando informó que la lista 711 comunicó que Raúl Sendic se sometía a la comisión de disciplina interna. Pero tuvo que meterse en el laberinto y alentar la versión de una campaña internacional contra las fuerzas progresistas. A muchos les preocupa en serio si lo dice para confundir a la prensa y al público o si él mismo cree ese relato.

El otro mensaje, el que se maneja en conversaciones informales, es más razonable, porque expresa lo que realmente se siente y duele en el interior de dirigentes oficialistas; la impotencia para defenderse, aun teniendo que aceptar que la izquierda haya caído en desvíos que condenaba de la derecha.

El debate sobre el delito de abuso de funciones pudo darse mejor dentro del diseño de un nuevo Código Penal que fue hecho en la legislatura pasada y que, por discrepancias en el Frente sobre temas de género, está congelado en una comisión de Diputados.

Es mejor reactivar ese nuevo texto, y que ahí figuren los delitos que generan consenso en el sistema, antes que seguir haciendo parches al código viejo.

El debate sobre las tarjetas de crédito en ANCAP y otros entes provoca indignación: otra vez con enredo sobre los montos y el destino de los pagos, pero, sobre todo, la intención de poner una manta que tape todo. El caso no afecta solo a Sendic e involucra además a exdirectores de otros partidos, igual que la gestión del ente no fue exclusividad del actual vicepresidente de la República y hubo responsabilidad de directores y gerentes involucrados, y seguramente también del Poder Ejecutivo.
El problema para el Frente Amplio no es Sendic, sino la reacción frente a los problemas: en todos estos casos, la respuesta ha sido decepcionante y eso es lo que expresan los frentistas disgustados.

Luego de perder la iniciativa política, de no lograr fijar agenda que sintonice con el reclamo de su electorado, y en tiempos de restricción fiscal que impide saldar discusiones con partidas de recursos, la izquierda está en un laberinto en el que circula con la mirada hacia el piso.

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