Candidaturas con cara de mujer

Los caminos para incluir presencia femenina en las fórmulas
La multitudinaria marcha de mujeres el 8 de marzo tuvo impacto en los partidos políticos. Si bien ya existía la intuición de que la cuestión de género comenzó a tener relevancia electoral, esa concentración la puso arriba de la mesa.

Tanto en el Frente Amplio como en el Partido Nacional, las dos formaciones con chance de colocar a uno de los suyos en la Torre Ejecutiva, el tema de la inclusión de una mujer en la fórmula cobró actualidad. Pero esa cuestión es difícil de resolver ya que no se trata de marketing sino de elegir y eventualmente promover a una mujer con ancla política genuina.

En ese sentido, las encuestas de opinión y la realidad partidaria muestran que, en general, las mujeres con proyección política en ambos partidos no alcanzan un grado de aceptación superior al de los hombres.

En la izquierda, tal vez la única chance de disputar una candidatura presidencial al interior de los partidos sea la de la senadora Mónica Xavier, quien podría encolumnar detrás suyo al astorismo en caso de varios supuestos, alguno de baja probabilidad.

La expresidenta del Frente Amplio sólo podría aspirar a la candidatura si Danilo Astori resignara la posibilidad de postularse –está muy abajo en los sondeos de opinión– y si también declinara el intendente de Montevideo Daniel Martinez, muy arriba en los mismos sondeos.
Ahora el escenario más probable es el de una interna entre Martínez –con el apoyo del ala moderada– en competencia con otro candidato apoyado por el mujiquismo, los comunistas y la de la senadora Constanza Moreira. Aunque Mujica dice que no quiere volver a la cancha otra vez, lo cierto es que en su sector no tiene un sucesor claro, lo cual le presiona para seguir en el ruedo.
De otro modo, puede apoyar a otra figura de su grupo –eventualmente una mujer– o respaldar a un candidato surgido del Partido Comunista, que entre sus filas exhibe varios dirigentes con imagen potente.

Si el escenario fuera parecido a esta construcción, la inclusión de una mujer en la fórmula debería responder a que una de ellas obtuviera al menos un segundo puesto en la interna o en función de un acuerdo político para poner una candidata a vice, pase lo que pase en la interna. La ministra de Industria, Carolina Cosse, la subsecretaria de Salud, Cristina Lustemberg o la propia Xavier están en la lista. Si ganase Martinez la elegiría Mujica y si sucede al revés, respondería al ala más moderada.
En el Partido Nacional hay una situación parecida.

La senadora Verónica Alonso asoma con posibilidades de presentarse a una interna para competir con Jorge Larrañaga y Luis Lacalle Pou, hoy favorito según los sondeos. Si obtuviera el segundo puesto sería vice cantada.

Si así no fuera y el segundo no acepta la segunda plaza en la fórmula, podría estar en el menú de elegibles por quien resulte candidato. En esa carta podría estar también la intendenta de Lavalleja, Adriana Peña.

En Uruguay la construcción de las candidaturas es un proceso lento; no hay atajos, como bien lo supo Jorge Batlle, el propio Tabaré Vázquez y los actuales líderes de los partidos históricos.
El electorado uruguayo es desconfiado, quiere conocer bien a sus presidentes, les hace dar exámenes una y otra vez.

Tal vez sea por eso que el ascenso político de las mujeres a los primeros planos sea lento.
Esas exigencias populares no discriminan, valen para todos y todas.

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