Cantan las estrellas

Las ondas gravitacionales llegaron para quedarse; son una fuente
de información desde el fondo del tiempo y del espacio que se escucha por primera vez
Dos agujeros negros se fusionaron hace 1.300 millones de años, a varias galaxias de distancia. No es una gran sorpresa. Los agujeros negros hacen eso; tienen la vocación de amontonar masa, como quien dice, y si un par anda cerca, se atrae y se funde en uno solo.

Albert Einstein previó, en la Teoría de la Relatividad General, que cuando una de estas singularidades sucede, libera "ondas gravitacionales". Eso fue hace un siglo, en 1916, y el propio genio dudaba de su propia conclusión. Tanto iba y venía con sus conjeturas que un contemporáneo suyo llegó a decir que las ondas gravitacionales aparecían y desaparecían a la velocidad del pensamiento.

Lo que Einstein sí creía con firmeza era que –aún en el caso de que sus conjeturas iniciales fueran correctas– las ondas de las que hablamos nunca podrían ser detectadas. La noticia es que desde el planeta Tierra un aparato muy sofisticado fue capaz de recibir una señal inequívoca de ondas gravitacionales.

Es una gran noticia, no deberían caber dudas, pero a mí me preocupa la manera de contestar una pregunta esencial, que el público en general no puede dejar de hacerse cada vez que los científicos se felicitan entre ellos por haber descubierto un nuevo camino hacia la comprensión del universo: ¿y a mí qué?

En 1919, un eclipse total de sol demostró por primera vez que Einstein estaba en lo correcto. El diario británico The Times publicó en su portada: "Revolución en la ciencia. Nueva teoría del universo. Las ideas de Newton fueron refutadas". Parecía claro, entonces, que el asunto le concernía a todo el mundo. El universo se regía por nuevas leyes y se sabe que la ignorancia de la ley no exime de culpa.

Lo que sucede hoy es que se demostró que las ondas gravitaciones existen y que se pueden "escuchar".

Hasta ahora, la información que recibíamos del universo provenía de ondas electromagnéticas, lo cual nos permitía acceder a una porción minúscula de lo que sucedía.

A partir de ahora hay una nueva fuente de información, que revelará mecanismos muy complejos que suceden a nuestras espaldas, un mundo de misterio que hablará con voz cada vez más clara. La señal que detectó el laboratorio estadounidense conocido por su sigla, LIGO, es el golpe de suerte que da comienzo a una era en la que sucederán cosas inimaginables.

Lo que sucedió hace 1.300 millones de años fue un espectáculo que hasta ahora solo se podía exhibir en el marco de una imaginación muy fértil: "El tiempo acelerándose y atrasándose, el espacio estirándose y contrayéndose de forma muy violenta, el tiempo corriendo de forma más lenta que lo normal y luego mucho más rápido, todo de forma salvaje", tal como lo describe, en entrevista con el diario español El País, el físico teórico Kip Thorne, pionero del proyecto LIGO.

Escucharlo, tal como somos capaces a partir de ahora, es un privilegio que le permitirá a la ciencia sacar conclusiones tan importantes como las que obtuvo en su momento Einstein y en un futuro no muy lejano aparecerá un titular tan espectacular como el del Times.

También hay que tener en cuenta que es muy improbable que la humanidad entera tenga mucho más de dos siglos más de existencia. A mí me gustaría que fuéramos capaces de averiguar de verdad cómo funciona todo y entonces sí, extinguirnos como Dios manda.

La teoría más firme que hay sobre el inicio del universo tiene que ver con una gran singularidad, similar a la de los agujeros negros. Establece que la masa total del universo estaba concentrada en un punto y que estalló y se expandió y todavía se expande.

Sería interesante escuchar un ratito cómo fue todo y hasta poner un fast forward y escuchar lo que pasará, antes de dejar de ser como especie o, a la manera budista, dejar de pensar y pasar a ser, el todo o la nada. Quién sabe, habrá que seguir escuchando.

Acerca del autor