Carbonero a muerte: tiros y negocios en la barrabrava de Peñarol

En un año, dos líderes de la barrabrava de Peñarol fueron acribillados a tiros; uno falleció, mientras el otro, herido, dice que el negocio es las excursiones al exterior
Liderar la Ámsterdam es un trabajo de riesgo. En los últimos años algunas cabezas de la barrabrava tuvieron un círculo rojo en la frente. Jorge "Jorgito" Rivero capitaneó la hinchada hasta que se sintió perseguido por la Policía. Durante meses su teléfono fue intervenido, sus cuentas bancarias inspeccionadas. Cuando decidió dar un paso al costado, en su lugar dejó a dos escuderos: Henry y Fernando "Nandito" Rodríguez. Henry también se apartó de la barra por un tiempo (hoy es empleado de Peñarol), y ocupó su lugar Welligton "Tato" Rodríguez Segade, que fue acribillado en el barrio 40 Semanas el 13 de octubre de 2015. Un año después, este 15 de octubre, su viuda fue secuestrada frente a sus hijos, asesinada e incinerada. También fueron por "Nandito", su sucesor en la barra, que zafó por la mala puntería de los atacantes. El mes pasado le tiraron al menos 34 tiros en la puerta de su casa pero solo dos lo hirieron, uno en una pierna y otro en la cabeza. "Doy la vida por Peñarol y soy a muerte", dijo "Nandito" el miércoles en el programa radial Las voces del fútbol. El líder herido prometió volver a las canchas apenas se recupere.

La muerte le pisa los tobillos a los barrabravas, muchas veces por delitos que no están directamente vinculados a la tribuna. Nelson Teixeira, integrante de la barra y primo de "Nandito", estuvo detenido en marzo por festejar en Facebook el crimen de Pablo Montiel, hincha de Nacional asesinado por barras de Peñarol en Villa García. Siete meses después, Teixeira fue asesinado mientras cometía una rapiña. Uno de sus amigos, Bolívar "Boli" Falero, lo despidió en su cuenta de Facebook sin saber que una semana más tarde las balas lo dejarían tirado a él en la Ámsterdam durante el partido contra Rampla Juniors. Las balas entraron así en terreno sagrado.

Algunos tiroteos ocuparon titulares en los diarios; otros se han silenciado o pasaron desapercibidos. "Coco", uno de los hombres que trabajaba con "Jorgito", fue a prisión en 2015 como coautor del homicidio de "Reny", referente de la barra que tocaba los bombos en la Ámsterdam asesinado por sicarios.

Como me voy a olvidar/ cuando matamos una gallina/ como me voy a olvidar/ fue lo mejor que me paso en la vida // Los putos de Nacional/ le buchonearon a la Policía/ y al poco tiempo después/ mataron otro los de la villa // Es mi ilusión volver a verte/ y a los balazos correrte/ matar a dos una vez más/ y prender fuego el Parque Central.

Los bombos marcan el pulso en la tribuna y las amenazas de muerte se multiplican, incluso entre la barra. El 12 de abril de este año Peñarol jugó en Buenos Aires contra Huracán por Copa Libertadores. Decenas de ómnibus viajaron hasta Parque Patricios, pero uno de los vehículos volvió antes del partido por un enfrentamiento a tiros entre barras aurinegros.

En medio de esta guerra interna renunció el jefe de seguridad de Peñarol, el inspector retirado Washington Vega. Ese espacio fue ocupado por una Comisión de Seguridad, presidida por Julio Luis Sanguinetti, que también renunció este mes.

Siga el baile, siga el baile/ al compás de tamboril/ le vamo' a quemar la sede/ y algún bolso va a morir.

¿Cuál es el negocio?

"¿Por qué si no te llevás un mango, te arriesgás a eso?", le preguntó el periodista Julio Ríos a "Nandito". "Hace 17 años que voy a la cancha y siempre estuve ahí. Y ta'... me tocó estar ahí porque se fueron dando las circunstancias. El Jorge se fue, me dejó a mí y todo así. Pero nada más por eso. Porque me gusta la tribuna y doy la vida por Peñarol y soy a muerte", le respondió el líder herido. Sin embargo, no es cierto que los barras no se llevan un mango. "El auto que tengo lo compré haciendo viajes cuando vamos pa' otros países, sacando bondis", comentó "Nandito". Las excursiones a los partidos de Peñarol en el extranjero son, según los barras y los investigadores, el gran negocio. Además del poder, obviamente.

En 2013, en un operativo de drogas, la Policía incautó 50 entradas de cortesía en la casa de un barra, lo que generó una investigación judicial sobre el vínculo entre estas organizaciones y los dirigentes del club. Las entradas correspondían a un partido que Peñarol jugaría en Buenos Aires por Copa Libertadores contra Vélez Sarsfield. "El club me las entregó a mí (150 entradas) y yo saco dos ómnibus", declaró en el juzgado "Jorgito".

El modelo de negocios no es nuevo ni autóctono. "Vivimos normal nosotros. No es como en Argentina, que los barras de Argentina andan en tremendas cuatro por cuatro, tremendas casas", comentó "Nandito" en la radio. El negocio acá y allá sigue siendo los viajes al exterior, las excursiones que sacan los referentes de la barra, que reciben entradas de los clubes y venden el paquete a hinchas y fanáticos.

En Argentina, además, las barras manejan merchandising y los estacionamientos de los estadios. "Nandito" niega que sus hombres manejen el estacionamiento fuera del estadio Campeón del Siglo.
Hay otro negocio que se codea con las barras sudamericanas: el narcotráfico. Uno de los barras que salió de la sede de Nacional armado y disparó contra hinchas de Peñarol que festejaban el aniversario del club en la plaza principal de Santa Lucía el 28 de setiembre, fue procesado con prisión por homicidio y suministro de estupefacientes. Confesó que había consumido cocaína y la Policía encontró balanzas de precisión en su casa.

La muerte de uno de los hinchas de Peñarol deja en claro que el fanatismo criminal también encuentra espacio en filas tricolores.

El negocio de las excursiones al exterior durante las copas internacionales tiene otro problema. Los expedientes judiciales dan testimonio de saqueos a comercios y trasiego de hinchas requeridos por la Justicia en los ómnibus, algunos de ellos, buscados por homicidio.

"Peñarol tiene un problema"

En Argentina, las barras son brazos armados de dirigentes de fútbol. Y el fútbol es un trampolín para la política. Ejemplos sobran: los presidentes de Uruguay y Argentina, Tabaré Vázquez y Mauricio Macri, lograron notoriedad por levantar copas en los clubes que presidieron, Progreso y Boca Juniors.
El libro La doce. La verdadera historia de la barra brava de Boca del periodista Gustavo Grabia relata los tejes y manejes entre barras y dirigentes, la financiación de grupos organizados que respaldan a políticos en banderas que cuelgan de la tribuna.

La diputada Susana Pereyra, esposa del ministro del Interior, Eduardo Bonomi, tejió un fuerte vínculo con "Jorgito", al punto que reconoció que el exlíder de la barra de Peñarol militó junto a suyos en las elecciones internas del MPP en 2013. Con "Jorgito" alejado de la barra y tras las últimas balaceras, Pereyra dijo al portal Ecos Uruguay que su vínculo es con hinchas de Peñarol, "no con barrabravas, que son delincuentes".

Por su parte, Bonomi dijo en Código País que "Peñarol tiene un problema".

¿Cuál es el origen de este problema? Julio Osaba, docente de Historia e investigador de la Biblioteca Nacional, marca un mojón el 6 de enero de 1987, cuando por primera vez se separaron las hinchadas de Peñarol y Nacional durante un clásico. Otro mojón se convirtió en documento en 2008. El protocolo de seguridad, que fue firmado ese año por los ministerios del Interior y de Deportes y la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), establece dos puntos fundamentales: los clubes "no distribuirán entradas gratuitas a particulares" y "cada club dispondrá de un equipo de apoyo a la seguridad de los espectáculos, integrado por personas debidamente identificadas que colaborará en el ordenamiento de la parcialidad".

Los clubes interpretaron que ese "equipo de apoyo" debía formarse con referentes de la barra. En la lista de 23 integrantes del equipo de seguridad presentada por Peñarol había 10 con antecedentes penales, entre ellos, "Tato" y "Nandito".

Los expertos ingleses que asesoran al Ministerio del Interior y la AUF advirtieron el error de empoderar así a delincuentes. Los clubes intentan dar marcha atrás, pero desarmar esa estructura de poder no es tarea sencilla.

En conferencia de prensa, el director de la Policía Nacional, Mario Layera, el subsecretario del Interior, Jorge Vázquez, y el presidente de Peñarol, Juan Pedro Damiani, anunciaron el jueves un paquete de medidas: la instalación de cámaras de seguridad con reconocimiento facial, guardias de seguridad privados capacitados por el Ministerio del Interior y un cuerpo especial de policías destinado a partidos de fútbol.

Damiani desafió días antes a Vázquez a que muestre imágenes de la entrega de entradas a barras. La Policía tiene en su poder fotografías de "Nandito" repartiendo entradas a decenas de barras que lo rodean fuera del Campeón Del Siglo (CDS) el pasado 24 de julio, previo al amistoso contra el Deportivo La Coruña, informaron fuentes vinculadas a la investigación a El Observador. En el flamante CDS, la tribuna Washington Cataldi es la nueva Ámsterdam.

Varios de estos problemas también están presentes en otras barras, como la de Nacional, Defensor y Danubio. Pero la estabilidad que lograron los líderes de esas organizaciones apacigua las tensiones y los enfrentamientos internos. Los focos de la Policía están puestos especialmente en la lucha de poder por el liderazgo de la barra de Peñarol, que tendrá un desafío de paz a fines de mes, cuando se dispute el último clásico del año.

La cifra

1 millón de pesos le pagó la productora Kafka Films, que realizó el documental Manyas, a Jorge Rivero, "Jorgito" y a "Henry" revela un informe bancario en poder de la Justicia, informó Búsqueda el jueves.


Árbitros se resisten a controlar los cantos

La Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) estableció en un documento que "la cuarteta arbitral tendrá la potestad de suspender el encuentro por un plazo máximo de 10 minutos, con el fin de que cesen" los cantos de las hinchadas con amenazas. El presidente de la gremial de árbitros de fútbol (Audaf), Marcelo De León, dijo que la medida es inaplicable.


Reciben dinero por partido

Un expediente judicial reveló que los refrentes de la barrabrava de Peñarol recibían unas 75 entradas cada uno y algunos incluso dinero, desde $ 1.000 hasta $ 12.000 por partido por parte de Peñarol, informó Búsqueda el jueves. Algunos declararon que entraban gratis con carné de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF).


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