Carlos Liscano dibujante: “la lucha por hacerse sujeto” de la mano de Hans

Su obra más conocida tiene que ver con la literatura. Sin embargo, Liscano dibuja y lo hace con profundidad y cierta ingenuidad. Quizás porque la búsqueda no concluyó

Por Linng Cardozo

Es escritor. Se asume como escriba. Aunque desde hace mucho tiempo borronea “garabatos” –ha publicado 5 libros con textos y dibujos o pinturas- Carlos Liscano no se define como “dibujante”. Parece preferir un amplio territorio en donde las letras –grafías, en definitiva- se vinculan con el dibujo, otra grafía, en la búsqueda de algo.

Carlos Liscano Fleitas, nació en el barrio La Teja, Montevideo, en 1949. Muy joven integró el Movimiento de Liberación nacional (Tupamaros) y por tal motivo estuvo detenido muchos años. Tras su liberación pasa a vivir en Suecia. Allí da clases de matemáticas –estudiada en las horas de calabozo- y de español. A su regreso al país en 1995, continúa con sus tareas de escritor y dramaturgo, consolidando un par de decenas de libros. Es una especie rara: es más reconocido por su obra teatral en Francia que en Uruguay. En mayo de 2013 el gobierno de Francia le otorgó la Caballero de las Artes y las Letras. Fue subsecretario del ministerio de Educación y Cultura y luego director de la Biblioteca Nacional de Uruguay entre marzo de 2010 y abril de 2015.

EL DIBUJANTE NOCTURNO. “El dibujo más antiguo que conservo es de 1994. Antes de 1994 también hacía garabatos, pero los tiraba”, dice Liscano a Retazo de los Cielos. El año pasado la editorial Yaugurú publicó “Viaje a la noche”, un libro en donde el personaje Hans –presente en sus novelas- aparece coqueteando con la noche, acompañando sombras, trazos, colores y tinta aguada. Es un cuento que tiene la virtud de exhibir varias puertas por las cuales se puede atravesar este mundo. Una primera puerta pueden ser los dibujos, otra los textos que lo acompañan y una tercera posibilidad son todos los textos agrupados al final, en donde la obra adquiere otra unidad.

“Viaje a la noche” se suma a otras publicaciones de Liscano de textos y dibujos: “El tarumba en Es al ñudo rempujar” (2003), Nulla diez sine línea” (2006), “La libreta negra” (2010), “La libreta de cuero” (2014) y “Villa el pollo” (2014).

¿De dónde viene esto de dibujar? “Primero fueron las letras. Los años de cárcel fueron de formación visual, si es que se le puede llamar así a mirar reproducciones de Pinacoteca de los genios y en libros de arte. No obstante, recuerdo que hacía unos dibujos geométricos, utilitarios, que los compañeros me pedían para hacer repujados en cuero. No tengo buen recuerdo de lo que  hice”, explica Liscano.

LA LOCURA ENREJADA. Al conversar sobre posibles influencias en su trabajo, dice que no sabe si las posee. “Es probable que sí, pero no me considero artista plástico, por tanto, sería vano identificarme con la obra de un verdadero artista. Tuve etapas de entusiasmo, de admiración. Durante años estudié matemáticas. Eso me llevó, a admirar el arte geomético y abstracto. Admiré mucho a Paul Klee. Hasta que leí Art brut de Jean Dubufet y descubrí el arte otro, el arte ingenuo, el de los alienados, de los presos, de los marginados. Descubrí el arte que no es arte aunque sí es creación. Me gustaría que lo que hago se considerara como perteneciente a esa área. Aunque el art brut tiene un lado abismal, libérrimo, que yo no consigo porque he visto mucho arte. No soy ingenuo.”

Este último punto,el Art Brut de Jean Dubufet,es interesante detenerse. El artista y escultor francés, influenciado por el libro de Hans PrinzhornArtistry of theMentallyIll, acuñó este término Art Brut (arte en bruto) para el que producen no profesionales, que trabajan por fuera de las normas estéticas, tales como el arte de los pacientes mentales, prisioneros y niños. Tras salir de prisión –dato no menor- Liscano trabajó en Suecia como limpiador en un hospital psiquiátrico. Haber sido detenido y torturado le otorga una peripecia carcelaria no lejana del territorio de los locos y todas sus aproximaciones. (No es casual el nombre de uno de sus libros: “El furgón de los locos”).

La mano de Dubufet –que se destaca por recoger las expresiones de dementes y presos- anda sobrevolando el mundo nocturno de Liscano. Dice que siente “un impulso irrefrenable” por hacer cosas con lasmanos. En su apartamento frente a la Plaza de Cagancha tiene dos escritorios: uno con la computadora y otro con “porquerías” para hacer cosas. “Ahora estoy volviendo a las crayolas y los lápices de colores, como los niños”, apunta.

En su último trabajo “Viaje a la noche”, Liscano escribe a modo de prólogo que “este trabajo continúa o complementa la reflexión que he intentado sobre la escritura”. ¿Qué quiere decir esto? ¿Qué tipo de reflexión? “Empecé a reflexionar sobre la escritura en 1980-81, cuando comencé a escribir. Las preguntas de siempre: ¿por qué escribir, para qué escribir? La actividad de escribir, cuando se hace durante mucho tiempo, conduce a la pregunta más dura ¿quién soy? Porque el escritor es lo que escribe y sabe que lo que escribe no es la literatura que él admira, que hicieron otros. Entonces, en los peores momentos, cuando siente el fracaso, la inutilidad de su esfuerzo, se pregunta por qué y para qué hace lo que hace. Para ser ¿qué o quién? ¿Eso que está en el papel? Lo mismo pasa con el dibujo que, en principio, es una actividad fuera del territorio de la lengua. Al cabo de los años aparecen las mismas preguntas: ¿por qué hago esto? Yo sé que no es arte. Tampoco me propongo que lo sea. Nunca aprendí a dibujar ni me lo propuse. Pero siento un impulso casi irrefrenable a hacer cosas con las manos. La reflexión nunca me dio ninguna respuesta satisfactoria. Creo que la escritura es la lucha por hacerse sujeto. También lo es, para mí, el trabajo manual. He escrito mucho sobre estas cosas a lo largo de los años.” Y lo seguirá haciendo, porque Hans no descansa.


Comentarios

Acerca del autor