Caso Salomone: aunque sea una vez, una caricia a la Policía

Los uniformados están siempre en el ojo de la tormenta, es muy fácil criticarlos y cuesta un montón tirarles un elogio

En las cárceles la información vale oro. Saber dónde hay droga, si se está planeando algo, ¡un arma!, son datos que algunos presos utilizan para cambiar información por algún beneficio, como un traslado, por ejemplo.

Aunque varios medios informan hoy que el dato de un preso fue clave para encaminar la investigación, el jefe de Policía de Montevideo, Mario Layera, negó, ayer en conferencia de prensa y hoy en entrevistas radiales, que esa información fuera correcta.

A la Policía no se le puede exigir que diga toda la verdad públicamente cuando está ante una investigación. De hecho, si es necesario mentir para beneficiar la indagatoria, lo hará sin dramas. La Policía no tiene que decir la verdad, tiene que obtener resultados.

“Si hay que mentir vamos a mentir descaradamente”, había dicho ayer a El Observador un alto funcionario del sistema de Justicia que, sin tener relación oficial con el caso, terminó vinculándose y dándole una mano a los investigadores.

Por eso, que no cunda el pánico. En su caso, El Observador ratifica la información según la cual el preso en cuestión dio números de teléfonos y direcciones que la Policía usó en la investigación. La Policía dice lo suyo y es su juego.

Lo que el desencuentro no puede ocasionar es el reconocimiento al resultado final del operativo. Presionados tras el crimen aún impune de la quinceañera argentina Lola Chomnalez, los principales de la Policía Nacional pasaron las de Caín en este mes que la doctora Salomone estuvo desaparecida.

Layera lo dijo ayer públicamente, pero el mencionado operador del sistema judicial que habló ayer con El Observador lo había comentado sin intención de que se publicara: “Mire, le puedo asegurar que daba gusto ver a esos hombre leyendo y leyendo y analizando y patrullando y metiendo horas y horas. Cuando terminó la operación, uno de ellos me vino a decir que estaba preocupado porque en el tiroteo con los delincuentes se había roto determinado bien. Yo lo abracé y le dije que no tenía que pedir perdón por nada, que se considerara un héroe anónimo”.

Ese mismo término fue el que utilizó Layera para referirse a los 60 policías que participaron del operativo. No debe haber institución más difícil de elogiar y más fácil de criticar que la Policía. Contra ella van los rebeldes, en su favor los "buchones". Hay casi que una lógica tumbera en su consideración pública.

A la hora de los señalamientos, siempre hay gente haciendo cola para pegarles. Ahora, que es la hora de la victoria, deberían salir a reconocer la eficacia que esta vez tuvieron los policías. Sin alharacas, una palmada en el hombro, aunque sea por una vez, para que luego las críticas merezcan algo de respeto.


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