Cautela al inicio de la zafra de comercialización de toros

Los novillos gordos y los toros valen un 10% menos que a esta altura del año pasado
Por Blasina y Asociados, especial para El Observador

Que dos semanas antes de empezar la zafra de comercialización de reproductores la Organización de las Naciones Unidas (ONU) anunciara una guerra contra los antibióticos –que incluye controlar el uso en la producción de carne– podría haber sido en otra época una noticia más que agregara impulso a un sector que en los papeles tiene todo para dar un salto en el agregado de valor de su producto.

En vísperas de organizar un congreso Mundial de la Carne en el que nuevamente escucharemos alabanzas a la trazabilidad, al buen trato de los animales, a producir terneza en base a pasto y a ser naturales certificados, esto podría haber sido otro envión para el sector del agro por el que Uruguay es más conocido en el mundo.

Pero el dato de la ONU pasa desapercibido. Tampoco ha tenido incidencia la genómica, que de a poco se abre paso en el mejoramiento genético uruguayo.

Para el productor ganadero pesa más lo ajustado de los márgenes y la persistente baja, tanto del novillo como del dólar, que ponen un manto de duda a las inversiones.

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La ley del 10%

Los datos del comienzo de la zafra de toros indican que el productor está en actitud cautelosa. Los precios de los toros se suman a un ajuste que arranca en los valores de exportación y se traslada al mercado del ganado gordo. La zafra está marcada por la ley del 10%. Precio de exportación en el año: 10% menos. Precio del novillo gordo respecto al mismo momento del año pasado: 10% menos. Que las cotizaciones ajustaran no debe causar sorpresa.

Pero en algunos casos la baja de precios ha sido mayor. Por ejemplo, en el remate que se considera la apertura de la zafra, en la central de pruebas de Kiyú. En este caso el precio promedio fue 21% menor al del año pasado, mientras que el máximo que se estuvo dispuesto a pagar fue 30% menor.

Es cierto que a esos precios la demanda está. Hubo colocación prácticamente total en Kiyú y siguen apareciendo precios destacados. La demanda está. Pero está preocupada y cauta. Otro de los remates de referencia, el de Los Novilleros, aunque también registró precios más bajos a los del año pasado, y con algunos animales sin colocar, mantuvo cotizaciones más parejas y una venta de más de US$ 20.000 que muestra que hay empresas que siguen haciendo apuestas fuertes.

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En este remate los Hereford anduvieron relativamente bien al bajar algo menos de 10%, pero en este caso los Angus bajaron casi 20%.

Da la impresión que esa será la tónica, al menos de la primera parte de la zafra. Bajas en los reproductores similares al 10% de descenso que registra el precio de exportación de la carne vacuna y el novillo gordo. Aunque el ternero esté firme gracias a la exportación en pie. La actual es una zafra en la que por el precio de seis terneros a siete terneros se consiguen buenos toros.

Habitualmente la referencia que determina el nivel de precios de los toros es la cotización de los terneros, que para eso son los toros, para producir crías. El precio de los terneros se ha logrado sostener nítidamente arriba de los dos dólares por kilo vivo, unos US$ 340 a US$ 400 por animal.
La cría está firme, pero seguir agregando kilos en los sistemas pastoriles de más alto potencial de valorización de mediano plazo es difícil. Engordar a pasturas implica comprar un ternero caro y lanzarse a generar un animal cuyo precio final es impredecible.

En los últimos años casi no hay poszafras en el mercado ganadero.

Es difícil pagar bien por lo que se compra porque es muy difícil saber a cuanto se venderá. Y por un dólar que ha bajado 5% en lo que va del año, lo que suma a un achicamiento grave de los márgenes y al aumento de la incertidumbre.

Tiempos que se han ido

Los productores miran con añoranza que un año atrás los novillos estaban arriba de US$ 3,30 y que dos años atrás estaban a esta altura del año arriba de US$ 3,60 y se encuentran con que hoy no llegan a los tres dólares. Y sobretodo aquellos tiempos en que la estabilidad del precio de la carne en US$ 4.000 se traducía en un precio estable del novillo en una franja de US$ 3,40 a US$ 3,80. Tiempos que se han ido.

Con precios en baja en dólares y dólar a la baja, las invitaciones a la cautela se suman. "Yo compraba toros, me parecen muy accesibles de precios para la calidad que se encuentra en algunos remates", comenta Javier, productor del sureste de Paysandú. "Pero el último que compré cruzó el alambrado hacia un predio forestal y no pude recuperarlo. Con una superficie del orden de 200 hectáreas no puedo encarar una erogación así, aunque sea una buena oportunidad. No tengo margen para hacerlo", dijo.

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Por otra parte, la mejora en la genética no se ha visto reflejada en lo que los animales rinden en el gancho. Así otros productores hacen cuentas comparativas con Argentina respecto a cuanto rinden y se pagan los novillos en la vecina orilla y encuentran allí un origen para el desánimo.

Cuando Miguel Gorelik, editor de la publicación Valor Carne, en el programa Tiempo de cambio de Radio Rural describió que en Argentina los novillos tienen un rendimiento industrial de entre 58% y 60%, un productor que escuchaba envió la cuenta: en Uruguay el rendimiento promedio está cerca de 53%. Entre el precio mayor de Argentina y la diferencia del resultado industrial, puede estimarse que un productor argentino recibe por cada novillo que vende US$ 250 más que un productor uruguayo. Un diferencial en el precio absoluto entre los US$ 1.000 que vale en Argentina un novillo de 500 kilo y los US$ 750 que vale en Uruguay.

Otro dato que muestra la cautela a la hora de apostar a crecer lo da la faena de vientres, que sigue en un ascenso que inició hace más de dos años. Desde 800 mil vacas faenadas en los 12 meses terminados en abril de 2014 se ha pasada a 1,1 millones en los 12 meses que terminaron en setiembre. Los rodeos no se expandirán como resultado de este entore, excepto una bonanza climática muy aguda.

Tras pasar un invierno de seis meses iniciado con el diluvio de abril, los fríos persisten y muchas vacas están más enfocadas en recuperar su cuerpo que en la posibilidad de preñarse.

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Por un lado hay un problema de precios que es general. Con una enorme producción de maíz, los feedlots de Estados Unidos vienen sosteniendo una producción creciente y de relativamente bajo costo de producción. Por lo tanto el precio de exportación de Uruguay ha caído.

Pero la suma de indicadores muestra que no solo por causas exógenas a Uruguay o de clima se puede explicar la ausencia de crecimiento ganadero.

Para muchos productores el ascenso de los impuestos ciegos tiene su correlato en una caída en la inversión por parte de muchos productores que, por lo numeroso de sus rodeos, son los que mueven la aguja de la ganadería.

Otros apuntan a la pérdida de confianza en la lógica de comercialización ganadera o a problemas en la transferencia de la tecnología.

Lo curioso es que la ganadería pastoril uruguaya tiene en frente una lógica de demanda que le es cada vez más favorable. Es potencialmente la solución a muchos de los problemas del mundo y los consumidores sofisticados están dispuestos a pagar por ello. Los tres millones de terneros siguen siendo una meta perfectamente alcanzable. Competir en base a la extensividad sin talar una hectárea de selva ni monte natural es en el mundo de hoy un as en la manga. Colocar cortes deliciosos y tiernos presentando a los consumidores una ganadería éticamente intachable sigue siendo una oportunidad inmensa. Que por ahora no se traduce en mejores precios, lo que tiene a la intención de inversión encorsetada.