Cauteloso optimismo chino

Aumentar exportaciones con un TLC y atraer inversiones en infraestructura fueron los objetivos del viaje de Vázquez a China
Aumentar exportaciones a través de un tratado de libre comercio y atraer inversiones para obras de infraestructura fueron los dos objetivos básicos que el presidente Tabaré Vázquez y su comitiva llevaron a China. Es un logro importante haber acordado poner en marcha un TLC que eventualmente permita el ingreso de soja, carnes y otros productos uruguayos al vasto mercado chino sin pago de los aranceles que actualmente nos ponen en desventaja competitiva. Su concreción, sin embargo, depende de que Brasil y Argentina autoricen flexibilizar una norma del Mercosur y de que nosotros hagamos muchos deberes internos.

Las inversiones en mejoras portuarias y ferroviarias, por otra parte, todavía están indefinidas, pese al optimismo oficial y es de esperar que no queden en agua de borrajas como los acuerdos de inversión y comercio a los que llegó Mujica hace tres años con el mismo premier chino. El ministro de Economía, Danilo Astori, aseguró que los planteos uruguayos sobre inversiones generaron reacciones "absolutamente afirmativas" del gobierno chino y de empresas de ese país, pero no se habla aún de acuerdos específicos.

La posible concreción de presencia china en ese campo aceleraría el acuerdo en ciernes con UPM para la construcción de una tercera planta de celulosa, ya que la empresa finlandesa la ha condicionado a que Uruguay mejore puertos, rutas y ferrocarriles a un costo de unos US$ 1.000 millones que el Estado no tiene. El gobierno apuesta a dos vías de financiamiento, la asociación con privados a través de la ley de participación público privada (PPP) y la inversión china, soluciones que se encuentran pendientes.

Más precisa fue la decisión de negociar un TLC, confirmada por el presidente chino Xi Jinping. Se acordó firmarlo en 2018, plazo demasiado exiguo dada la complejidad de este tipo de tratados. Aunque su vigencia lleve más tiempo, su impacto favorable es indiscutible, tanto por futuro aumento de exportaciones como protección de lo que actualmente le vendemos a nuestro principal socio comercial. Bajo los TLC que ya tienen con China, Nueva Zelanda y Australia la proveen de los mismos productos que Uruguay pero con aranceles de importación decrecientes que próximamente llegarán a cero.

Las exportaciones uruguayas, en cambio, pagan aranceles de entre 10% y 15% que, de mantenerse si no se concluye un TLC, harán cada vez más difícil la entrada de nuestros productos al mercado chino. La contracara de un TLC, motivo de resquemores sindicales y en algunos sectores del Frente Amplio, es que un ingreso masivo de productos chinos más baratos golpee a industrias locales menos competitivas. El riesgo es real, pero la experiencia indica que la expansión en otras áreas de actividad compensa con creces lo que se pierda en algunas.

El nacimiento del TLC con China, de todos modos, depende de que Argentina y Brasil den luz verde, ya que el Mercosur prohíbe a sus socios concluir por su cuenta con terceros países acuerdos que impliquen modificación de los aranceles del bloque. El presidente argentino Mauricio Macri anunció su disposición de ayudar a Uruguay,
pero es menos clara la posición del gobierno brasileño. La aprobación de ambos socios mayores del Mercosur es esencial, ya que implica soslayar la restrictiva resolución 32 del bloque. Si se obtiene, el promisorio espaldarazo recibido de nuestro principal cliente y segunda potencia económica mundial, interesado en mayor presencia en la región, conducirá a dar en algunos años un salto significativo hacia el crecimiento de nuestra frágil economía.

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