Celeste de ojos rasgados

Cerramos los ojos a los que nos critican por no entender susceptibilidades racistas
Cómo le cuesta a Uruguay entender las cosas más básicas sobre etiqueta, protocolo y buenas costumbres. Parece que para los orientales lo único que cuenta son las buenas intenciones y no la conducta.

La última polémica en contra de los buenos del paisito se generó a partir del festejo del jugador uruguayo Federico Valverde, quien decidió estirarse los ojos con los dedos en su corrida triunfal después de convertir el penal que le dio el empate a 2 a Uruguay en octavos de final del mundial juvenil contra Portugal.

Valverde ha festejado de esa manera sus goles en varias oportunidades, en homenaje a su amigo, Edgardo "Chino" Lasalvia. El asunto es que el mundial se juega en Corea, donde habitan 50 millones de personas que se parecen al amigo de Valverde y muchos entendieron que el jugador se estaba burlando de todos ellos.

Ante la reacción airada de los coreanos a través de la prensa y las redes sociales, varios integrantes del plantel de Uruguay publicaron una foto en Twitter tocándose la sien con el dedo, como si dijeran "estamos todos locos" o, como muchos susceptibles interpretaron: "Estos chinos están locos".

La idea tenía su gracia: en solidaridad con su compañero de equipo, el plantel adopta la práctica de tocarse parte de la cabeza con los dedos, pero esta vez, en vez de hacer alusión a una raza, se refieren a un estado mental.

Los coreanos se enojaron más, tal como podría haber previsto cualquiera que estuviera atento a algo más que sus propias razones. Les pareció que tal vez los uruguayos estaban relacionando las características de la mente con la forma de los ojos.

La FIFA, siempre atenta a este tipo de susceptibilidades, pidió explicaciones a la delegación celeste y esta las dio. El jugador, además, explicó el asunto en coreano en su cuenta de Twitter y pidió disculpas a quien pudiera haberse ofendido.

Seguramente el asunto será olvidado en breve. Lo que me gustaría es que aprendiéramos algo.
Que a los coreanos no les guste que se festeje un gol en su propia casa haciendo un gesto que se ha usado de forma despectiva para referirse a ellos no es una manifestación de estupidez asiática sino algo lógico y entendible.

El hecho de que se molesten es normal, por lo que hay que pedir disculpas y no hacerlo más, en lugar de pensar 'qué lugar tan estúpido que es el mundo' y 'menos mal que somos uruguayos'.

Otra cosa: no querer ofender y no ofender son asuntos muy distintos. El lenguaje cotidiano está plagado de expresiones racistas y usarlas es ofender, aunque no haya intención de hacerlo. El racismo y el machismo, tan arraigados en la cultura, son ofensivos para personas de carne y hueso.

Tanto la prensa y las redes sociales coreanas como la FIFA cuando pide explicaciones están actuando de forma previsible ante lo que entienden como una falta de respeto. No están locos.

Uruguay ha sido, por características geográficas y demográficas, un país con una cultura muy provinciana y un orgullo férreo. Por mí está bien, pero los futbolistas nos representan a todos en el mundo y deberíamos exigirles que se comporten a la altura. A ellos, a los dirigentes y a los periodistas que cubren sus hazañas.

No es tan difícil. Solo hay que cuidarse de no expresar lo que sentimos mediante chistes que agravian a un componente étnico o cultural. No vale festejar un gol haciendo un cuadrado en el aire, en homenaje al gallego que es amigo nuestro desde la infancia.

Y otra cosa: hay que aprender a defender razones, más allá de si nos conviene o no defenderlas. Sería una manifestación cultural mucho más interesante que la insensibilidad y la tosudez mostradas en este episodio.

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