Censura parlamentaria: una rareza que tumbó a un solo ministro

Cómo es la trama que permite hacer caer a un secretario de Estado

La mayoría parlamentaria obtenida en las urnas por el Frente Amplio en tres períodos consecutivos le ha permitido aprobar leyes propias con cierta facilidad, y por eso los gobiernos de la izquierda gozaron de una tranquilidad política ausente en otros momentos del país. En un sistema semiparlamentario o semipresidencialista como el uruguayo (al decir de Óscar Bottinelli), tener una bancada firme apuntala la marcha del Poder Ejecutivo y evita andar en disputas que puedan tener heridos políticos. Sin embargo, la rebeldía del diputado Gonzalo Mujica y la pérdida de esa serenidad en la Cámara de Representantes abre un abanico de posibilidades que, de ser aprovechadas por la oposición, pueden poner en aprietos a la administración de Tabaré Vázquez.

Que el FA no tenga 50 votos asegurados tampoco significa que se le venga abajo el gobierno. Pero el escenario cambia. Tanto es así que la interpelación de hoy al canciller Rodolfo Nin Novoa, por la postura del gobierno uruguayo ante la crisis en Venezuela, estará condimentada por las intenciones más o menos ciertas de votar una moción de rechazo a su gestión.

La cosa está lejos de ser una censura ni mucho menos, pero al haberse alimentado un ambiente de castigo a un ministro del FA (algo que no ocurrió hasta ahora en 12 años), vuelve a la consideración ese inédito mecanismo constitucional que permite sacar jerarcas.

La Constitución de 1934 introdujo por primera vez un mecanismo para que el Parlamento pueda censurar ministros. Estableció que, a iniciativa de una cámara, la Asamblea General pueda determinar por mayoría la destitución de un secretario de Estado. Esa redacción reservó una última carta para que el presidente de la República pueda retrucar la decisión y mantener a su funcionario, lo cual desencadenaría un proceso enredado y dramático con la disolución de las cámaras en el medio.

Son los artículos 146 y 147 de la carta magna los que contemplan el mecanismo, utilizado a carta cabal una sola vez en la historia parlamentaria del país. Fue en 1968 durante la accidentada presidencia del colorado Jorge Pacheco Areco, quien asumió luego de la muerte de Óscar Gestido en diciembre de 1967. El ministro censurado en ese momento (el único en la historia) fue Jorge Peirano Facio, quien estaba al frente de la cartera de Industria.

El jerarca tenía muy buena consideración por parte del gobierno de la época, y contaba con toda la confianza del presidente. Se lo llamaba "primer ministro" o "superministro" por esa influencia.

Cuestionado por sus políticas, en setiembre del 68 Peirano Facio fue censurado por el Senado, y el procedimiento debió continuar en la Asamblea General. Una mayoría simple de legisladores podía hacerlo caer pero, como fue dicho, el presidente de la República tenía la chance de mantenerlo en el cargo. Si lo hacía y el Parlamento se mantenía firme, se disolvían las cámaras, algo a lo que Pacheco estaba dispuesto. Fue por eso que, con la intervención de Jorge Batlle por teléfono desde Europa, blancos, partidos de izquierda e incluso algunos colorados, votaron la censura.

¿Por qué legisladores colorados censuraron a un ministro de su gobierno? Según recordó el exsenador socialista y catedrático constitucionalista José Korzeniak, lo hicieron para evitar las elecciones anticipadas y, así, mantener su banca. El artículo 148 de la Constitución indica que, de haber tres quintos de votos en la Asamblea General a favor de la censura, se anula la facultad del presidente de la República de rebatirla. Por lo tanto, Pacheco tuvo que sacar a Peirano Facio, el único ministro censurado de la historia, aunque poco tiempo después lo nombró en Relaciones Exteriores.

Un presidente puede sacar de su cargo a un ministro que haya sido cuestionado por el Parlamento, con votación de rechazo a su gestión incluida, pero eso no es censura. Antes de la dictadura, la tradición política uruguaya marcaba que, a pesar de no haber una obligación constitucional, se sacaba a aquel ministro que hubiera cosechado una moción de rechazo tras una interpelación.

Intentos de censuras hubo decenas. En 1994, por ejemplo, a pedido del Frente Amplio, el Senado consideró la censura al ministro del Interior de la época, el blanco Ángel María Gianola, cuestionado por sus contactos reservados con políticos a poco de celebrarse elecciones.

Hasta ahora lo único que han perdido los ministros del Frente Amplio en interpelaciones ha sido tiempo.

Para que alguno -incluso Nin Novoa- pierda el cargo se debería desencadenar una catástrofe política capaz de erosionar, incluso, el instinto de supervivencia del oficialismo.


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