Centroamericanos en busca de la nueva tierra prometida

Huyen de violencia de pandillas, pero prefieren México a Estados Unidos
Por Jennifer González Covarrubias, AFP

Carlos pasó de su tranquilo granero en El Salvador a un estruendoso y sobresaturado albergue de México para salvarse de la mara Salvatrucha. Ahora, como miles de centroamericanos, prefiere pedir refugio en ese país antes que enfrentar las políticas antimigración del presidente estadounidense Donald Trump.

México es cada vez más un país de destino que de tránsito a Estados Unidos para quienes huyen de la violencia en sus países con familias enteras. Entre 2001 y 2016 el número de solicitudes al gobierno mexicano aumentó 1.000%, según datos del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).

El año pasado casi 9.000 personas solicitaron refugio y en 2017 la cifra podría ser más del doble. La tasa de respuestas positivas pasó de 46% en 2015 a 63% en 2016.

"La radicalización de algunas medidas con el nuevo gobierno estadounidense hace pensar en un incremento de las solicitudes", advierte a AFP el subsecretario mexicano de Migración, Humberto Roque Villanueva.

Cuando Carlos huyó de La Unión, en El Salvador, en marzo de 2016, no tenía claro cuál sería su destino. Pero la victoria de Trump le hizo más fácil la decisión.

"Todos preferíamos Estados Unidos, pero toda la gente se va quedando" en México, "en parte" por Trump, dice en el pequeño y saturado refugio Casa Tochán, donde el rugido de los aviones impide por momentos escuchar su voz.

Trump "dice que no va a sacar (deportar) a todos, solo a las personas malas, pero no es cierto porque (los agentes migratorios) van a buscar a una persona y agarran a todos los que estén en el lugar", reflexiona este salvadoreño de 43 años, que siempre se dedicó a la agricultura.

Se fue del país y abandonó su granero cuando a su casa comenzaron a llegar integrantes de una pandilla para exigirle que les hiciera de comer, enemistándolo así con una de las maras más violentas del país, la Salvatrucha.

Vivía "con gran miedo todo el tiempo" y aunque México "es peligroso, aquí puedes salir a caminar y hacer amistades", afirma.

En tanto, Rocío, una hondureña de 25 años, huyó de la ciudad de Cortes en junio de 2016.
Una pandilla amenazó con matarla, al igual que a su esposo y sus dos hijos pequeños cuando las ganancias de su negocio de ropa usada ya no alcanzaron para pagar la extorsión semanal que denominan "impuesto de guerra".

Habían planeado contratar a un 'pollero' (traficante de personas) para entrar sin documentos a Estados Unidos por el temor a que sus verdugos los encontraran en México.

Pero tras la elección de Trump lo reconsideraron, explica desde otro de los 60 albergues que gestionan organizaciones civiles y religiosas en el país.

"Cambiamos ya de parecer por ese presidente; imagínese que ya deportando a la gente", comenta Rocío.

El compromiso de Peña Nieto

Durante la cumbre sobre refugiados de la ONU realizada en setiembre, el presidente de México, Enrique Peña Nieto, se comprometió facilitar los procedimientos de elegibilidad de asilado.

Sin embargo, actualmente apenas medio centenar de funcionarios están dedicados a esa monumental tarea, de los cuales 29 son pagados por Acnur.