Centros de salud de la periferia pierden especialistas por inseguridad

Situaciones de violencia han llevado a que algunos médicos opten por no trabajar en determinadas zonas
El 5 de octubre de 2012 no fue un día más para los vecinos del asentamiento 6 de Diciembre, ubicado en el mismo barrio de Montevideo. Autoridades de la Intendencia Municipal de Montevideo, la Administración de los Servicios de Salud del Estados (ASSE) y el Ministerio de Vivienda inauguraron una policlínica, para acercar los servicios de salud a la zona. La idea original era comenzar con servicios de enfermería y médicos de familia, para luego tener más especialistas. Pasado el tiempo, el objetivo se cumplió y los usuarios de esa policlínica tuvieron acceso a, por ejemplo, servicios de pediatría.

Sin embargo, el año pasado la situación de la policlínica volvió prácticamente a sus inicios. Luego de un operativo policial en el asentamiento, los funcionarios del centro comenzaron a ser atemorizados por personas que vivían por el área, al punto de amenazar con "quemar la policlínica con las personas adentro". Así lo relató a El Observador María (no es su nombre real), que prefirió ocultar su identidad y especialidad. María trabajó casi dos años en 6 de Diciembre, pero las amenazas terminaron por convencerla: no quiso volver nunca más. "Se fue deteriorando el funcionamiento no por la gente sino por la zona, que es complicada. Se hacía difícil la situación. La Policía intervino y después de ese operativo se deterioró totalmente la relación con la población", sostuvo.

La policlínica estuvo cerrada por un tiempo mientras ASSE, el Ministerio del Interior y los funcionarios se reunían para intentar encontrar una solución. María contó que los especialistas se redistribuyeron en otras policlínicas cercanas, hasta que se les preguntó si estaban dispuestos a volver a trabajar en la de 6 de Diciembre. Solo un médico levantó la mano en señal afirmativa. Hoy en día, la policlínica funciona solamente con un médico de familia.

La situación no es ajena a otros barrios de Montevideo, donde situaciones de violencia e inseguridad han llevado a que trabajadores médicos y no médicos decidan dejar de ir a trabajar, o cerrar el centro al menos por algunos días.

Uno de los últimos casos fue el del barrio Marconi, cuando el viernes 27 de mayo parte de la zona parecía un campo de batalla. El centro de salud Misurraco permaneció cerrado varios días y a casi un mes la situación no está del todo normalizada, luego de que un grupo de personas atacara a un médico, que debió ser internado con golpes en su cabeza. La policlínica del barrio que depende de ese centro de salud, está funcionando con un horario reducido. En lugar de atender de la hora 8 a las 16, trabaja de 10 a 14.

Fuentes médicas dijeron a El Observador que el médico se recupera, fue dado de alta, pero todavía tiene secuelas a nivel físico y psicológico. El especialista era médico de familia, una disciplina que tiene como principal objetivo la inserción del médico en una determinada comunidad, para poder hacer un abordaje del paciente no solo desde el punto de vista de su salud, sino a nivel social y del barrio en el que vive o la zona en la que se mueve. Lejos está dentro de las intenciones de esos especialistas tener que dejar de ir a determinada zona por problemas de violencia e inseguridad. Pero en ese caso, decidieron suspender sus actividades momentáneamente, hasta que no se les asegurara que la situación estaba controlada.

Para Virginia Cardozo, médica de familia y dirigente del Partido para la Victoria del Pueblo (PVP), "este fue el caso máximo". "Recuerdo policlínicas barriales donde se dieron situaciones similares, donde se hacía complejo trabajar y a veces las institcuones no tienen los mecanismos y los medios para responder adecuadamente a la situación", dijo.

Cardozo destacó que para los médicos de familia "no existen zonas rojas". Lo mismo opinó otro médico de la misma especialidad que prefirió no dar su nombre y que trabaja en una policlínica también de la periferia, desde hace más de 20 años.

Hace dos años, mientras estaba en consulta, empezó a escuchar tiros. Según relató, fueron más de 30. Madres con sus hijos y vecinos que pasaban por el lugar entraron al centro de salud para resguardarse. Dos bandas del barrio -que el médico pidió que tampoco se revelara- se habían enfrentado. Cuando el tiroteo terminó, el médico salió para ver si habían heridos. Afortunadamente, ninguno.

"Si no logramos prever esa complejidad que está tomando la realidad y trabajar desde los organismos del estado y desde la sociedad civil para acompañar ese proceso de la forma más adecuada, los conflictos se van a dar una y otra vez. En algunos lugares la dificultad fue tener personas que no saben gestionar esa complejidad", Virginia Cardozo, médico de familia y dirigente política del Frente Amplio

A pesar de esa situación, el profesional decidió seguir yendo a trabajar y todas las tardes, de lunes a viernes, atiende en ese mismo lugar. Cuando llegó al barrio hace casi 30 años, algunos vecinos le preguntaron hasta cuándo iba a ir a atenderlos. "Hasta que me jubile", les respondió. El día de esa balacera, esa promesa le sonó en su cabeza.

Para la pediatra Diana Sastre, que trabaja en el centro de salud del Cerro –del que depende la policlínica 6 de Diciembre– se necesita "más presencia policial y un mayor control de la situación". "Es dar seguridad (no solo a los médicos) sino a la población, especialmente a la más vulnerable", indicó.

Los casos más recientes

La policlínica de Piedras Blancas estuvo cerrada desde el martes y no solo por el paro que hubo ayer en la salud pública y privada. El martes, le robaron el auto a una médica, que además fue amenazada. Según informó Telenoche, los delincuentes le dijeron que sabían cuáles eran sus horarios, conocían cómo estaba conformada su familia y que si lo denunciaba "pagaría las consecuencias".

El mismo día, también robaron la policlínica La Boyada, en Cerro Norte. Fuentes médicas indicaron a El Observador que de ese centro de salud se llevaron la reja, la puerta y materiales de dentro del centro.
El Sindicato Médico del Uruguay (SMU) emitió un comunicado en el que se solidariza con los médicos afectados por los robos. En ese comunicado mencionan, también, a una médica a la que robaron mientras iba a trabajar a una policlínica que depende del centro Misurraco, en Marconi.

"Seguimos de cerca y con preocupación las situaciones de violencia que a diario sufren los médicos y nos comprometemos a trabajar y dar apoyo en todos los ámbitos donde se analice y se busquen soluciones a la problemática", afirma el gremio médico.

Aunque, según expresó Cardozo, para el colectivo de los médicos de familia, dejar de ir a trabajar a determinados centros no es la solución, la realidad es que muchos especialistas optan por no ir más a una policlínica, por considerar que su seguridad corre peligro.


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