Cerca de la revolución

Dorian Lynskey recorre la historia de la canción de protesta
En qué punto se cruzan el entretenimiento y la intervención social? ¿Por qué las canciones pop han tenido peso específico en muchas más cosas que el simple entretenimiento? ¿Puede una canción disparar un movimiento de la conciencia, personal y generacional?

La respuesta a algunas de estas preguntas parece obvia; sin embargo en tiempos en que esta etiqueta dentro de la música popular es opacada por otras formas, el libro 33 revoluciones por minuto, del periodista Dorian Lynskey, es esencial para redescubrir, retransmitir e incluso proyectar a futuro la canción de protesta, de Billie Holiday a Kendrick Lamar, por mencionar a uno de los últimos exponentes de la música popular que quizá podría, a su modo, incluirse en esta lista de compositores con conciencia social.

El libro, una verdadera enciclopedia de casi 950 páginas presentada por la editorial Malpaso, es un compendio espectacular que entrecruza tiempos históricos, causas, frustraciones, generaciones, palabras y figuras que a lo largo de la historia han marcado de algún modo los tiempos. Comienza con una brillante introducción con la célebre Strange fruit, "la canción más desagradable que he escuchado jamás", según dijo alguna vez la mismísima Nina Simone.

Strange fruit es un artefacto complejo de definir, una hermosa y a la vez sobrecogedora canción-denuncia que muestra una imagen clara: la de dos personas de color ahorcadas colgando de un árbol, todo un símbolo de la discriminación que se metió en los bares speakeasy y reconfiguró la experiencia habitualmente placentera de ir a escuchar a cantantes como Holiday.

Es apenas un capítulo de 33 que están agrupados en cinco partes por épocas históricas y que pasan por exponentes como Fela Kuti o Víctor Jara, The Clash y Rage Against the Machine, Public Enemy, Crass o R.E.M. y en el que el formato se ajusta a la perfección. A través de las palabras de Lynskey, el lector adquiere una imagen completa del entorno en el que cada canción floreció, sus causas, su biografía y su efecto en el espíritu de cada época, desde temas que van de la paranoia bélica a la discriminación, la pobreza o la mentira.

El trabajo de Lynskey deciende a la raíz más pura del periodismo cultural. A la documentación histórica y el recorrido por versiones, anécdotas y testimonios, también se añaden apreciaciones del autor que dan contexto al asunto, y el libro se vuelve una aventura ágil que deja al lector con una enorme cantidad de conocimiento, el suficiente como para recordar la importancia de algunas piezas de la música popular que esperan todavía sucesoras a su altura.

Quizá esta frase, de entre todas las de este libro resuelto con un gran talento y facilidad, defina como nada a los compositores que aquí elige destacar el autor: "Este es también un libro sobre decenas de personas que tomaron ciertas decisiones en determinados momentos por motivos muy diversos y con consecuencias dispares. En los casos peores, los cantantes se han visto censurados, arrestados, golpeados e incluso asesinados por su mensaje. Menos dramático resulta el riesgo de parecer aburrido, estridente o egocéntrico. Se suele decir que algunos combinan pop y política para atraer publicidad, pero si hay algo que la historia de la canción de protesta puede demostrar es que existen maneras mucho más fáciles de despachar unos discos de más".

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