Cerrando la pesadilla de Pluna

Pese a ser inexplicablemente popular dentro y fuera de fronteras, Mujica le dejó al presidente Tabaré Vázquez pesadas herencias
Después de cuatro años y medio de costosa agonía se ha cerrado virtualmente la pesadilla de Pluna con el acuerdo para distribuir lo que quedó de sus malvendidos aviones. Entre los temas aún pendientes están la desaparición formal de su sucesora cooperativa Alas Uruguay, condenada desde su nacimiento, y el procesamiento del exministro de Economía, Fernando Lorenzo, y del expresidente del BROU, Fernando Calloia. Difícilmente se sepa algún día cuánto le han costado al país los empecinados desaciertos del expresidente José Mujica desde que su gobierno tomó el 5 de junio de 2012 la ineludible decisión de cerrar Pluna. A las cifras conocidas se agrega el costo no revelado de los ampliados seguros de paro a cientos de funcionarios de la aerolínea y otros múltiples gastos que se han ido acumulando.

La sindicatura a cargo de la liquidación acordó con los acreedores cómo se repartirán los US$ 66 millones finalmente recibidos por la venta de los aviones. Gran parte va a empresas públicas acreedoras encabezadas por ANCAP, que recibirá US$ 20 millones de los US$ 30 que le debía Pluna. También cobrarán acreedores privados y unos 300 exfuncionarios de la aerolínea, que ya venían recibiendo el seguro de paro. El mayor acreedor, el Scotiabank de Canadá que financió la venta a Pluna de los siete aviones Bombardier por US$ 203 millones con el Estado como garante, optó por no entrar en el concurso y seguir cobrando los US$ 137 millones todavía adeudados en pagos semestrales del gobierno, que salen obviamente de los bolsillos de todos los uruguayos.

Cuando hubo que bajarle la cortina a Pluna, por su inviabilidad financiera y para evitar millonarios juicios en el exterior, Mujica ignoró la elemental lógica económica de cortar pérdidas vendiendo de inmediato los aviones y usando esos ingresos para compensar al personal cesante y pagar a acreedores. Se embarcó, en cambio, en una serie continua de errores. Organizó el frustrado remate de las aeronaves, episodio en el que la transparencia fue el gran ausente y que epilogó con el procesamiento de Lorenzo y de Calloia por el otorgamiento de un aval a la empresa Cosmos, el comprador fantasma que no fue.

Al mismo tiempo propició la creación de Alas Uruguay, una cooperativa imposible en el complejo mercado aeronáutico. Argumentó defender los puestos de trabajo, otra fantasía, ya que poco más de 100 de los 700 funcionarios de Pluna llegaron a trabajar en Alas Uruguay. Le concedió además un préstamo de US$ 15 millones, el mayor otorgado jamás por el Fondo Nacional de Desarrollo (Fondes) y cuyo cobro por el Estado está en el limbo. Después de cuatro años de traspiés y de haber realizado finalmente unos pocos vuelos, Alas Uruguay se quedó sin aviones, solo le falta declarar formalmente la quiebra y negocia con la brasileña Azul las rutas que tiene adjudicadas y la contratación de algunos de sus empleados. Y los aviones de Pluna se vendieron por mucho menos de lo que se pudo obtener en 2012 debido al deterioro por el paso de los años.

Pese a ser inexplicablemente popular dentro y fuera de fronteras, Mujica le dejó al presidente Tabaré Vázquez pesadas herencias. Incluyeron una desastrosa situación fiscal por desmedido gasto público, la legalización de la marihuana, la crisis de ANCAP con más de US$ 800 millones de pérdidas y otros múltiples desatinos. Se le agrega el triste manejo del caso Pluna, ejemplo rutilante de lo que un gobernante no debe hacer. Ojalá saquemos las lecciones adecuadas de todo este desmanejo

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