Chau a los primeros pozos

La llegada del pavimento le cambió la cara a algunas zonas de Ciudad de la Costa
Mabel Lorenzotti miraba a una muñequita que tenía sobre un aparador en su casa de Solymar. Estaba segura de que no la había puesto ahí, sobre la punta del mueble, sino unos centímetros más hacia el centro. Después de prestar atención durante un tiempo, llegó a la conclusión de que el propio movimiento de la tierra había hecho que el adorno se corriera de lugar. Los temblores de la calle y la tierra cada vez que pasaba un camión o un ómnibus sobre la calle Gestido eran tales que a veces hasta veía cómo la polvareda se acercaba hasta meterse en su casa. Hace más de 40 años que vive en Ciudad de la Costa y esos son de los recuerdos que tiene grabados de cuando sus calles todavía eran de pedregullo.

En los últimos meses, Solymar oeste y El Bosque dejaron esa característica atrás. La Intendencia de Canelones pavimentó 60 kilómetros de calles ubicadas en esos balnearios –unas 450 hectáreas–, luego de que OSE terminara con las obras de saneamiento. Ahí, la fisonomía de la zona cambió a tal punto que los pozos, que eran prácticamente parte de su ADN, dejaron de existir.

Las obras se enmarcan en los proyectos integrales que tiene previsto ejecutar la comuna, y que implican que, una vez que OSE instala el saneamiento, luego la intendencia se dedica a realizar los drenajes pluviales y la pavimentación de calles.

El director de Obras de la comuna canaria, Nicolás Vilaró, aseguró a El Observador que hoy están pavimentadas el 35% –unos 200 kilómetros– de las calles de Ciudad de la Costa, que incluyen El Bosque y Solymar oeste, y las calles principales del resto del municipio. El objetivo que se planteó la intendencia es alcanzar algo más del 50% –es decir, otros 100 km– para el final de este quinquenio. Otras zonas que desde 2010 pasaron a estar pavimentadas fueron Barra de Carrasco y Parque Miramar, que, si bien están en la costa, pertenecen al municipio de Paso Carrasco. En cambio, otras localidades de Ciudad de la Costa no tendrán saneamiento en los próximos diez años, por lo que también el bitumen tardará en llegar. En esos casos, la comuna resolvió pavimentar solo las calles más transitadas.

El Bosque y Solymar oeste se convirtieron en un oasis entre tanto polvo y barro. Ahora, carteles en las esquinas marcan la disminución de la velocidad a 30 kilómetros por hora y delimitan zonas de circulación de peatones y bicicletas.

Desorientados

Los vecinos consultados por El Observador no dudaron al remarcar que el pavimento implicó el final de un problema que parecía eterno. Pero también resaltaron que ahora llegaron otros.

En la esquina de Gestido y la calle 78, Adriana Rivero y María Noel Silva comentaban sobre los cambios que había tenido el barrio. Mientras tanto, una moto pasó haciendo willy a toda velocidad. El ruido del caño de escape fue tan fuerte que tuvieron que parar de hablar hasta que la moto desapareciera. "Ahora la calle es una autopista", dijo Silva a Rivero. A pesar de que hay carteles indicativos, el pavimento provocó que los conductores se vieran tentados a aumentar la velocidad, en una zona donde los niños todavía están acostumbrados a jugar en las calles. Otro de los problemas que resaltaron tanto Rivero como Silva fue que luego de las obras las paradas fueron cambiadas de lugar y ahora no saben dónde pararse para esperar un ómnibus.

La desaparición de árboles que estaban cerca de las calles fue otro de los reclamos que trajo la pavimentación, dado que la característica de barrio jardín es lo que suele atraer la instalación de algunos vecinos. María Torres, vecina de Barra de Carrasco, contó a El Observador que, en broma, hizo que su hijo se trepara al ceibo que tenía sobre la entrada de su casa para retrasar el proceso y conservarlo un rato más.

El calvario de la obra

Según Vilaró, las obras de saneamiento y posterior pavimentación llevan "algunos meses", aunque en algunos casos el tiempo se extendió más de lo previsto. En el este de Solymar, donde OSE se encuentra trabajando, la arena se entremezla con el pedregullo y circular tanto a pie como en vehículos es muy difícil. Allí, diferencias de criterios entre la empresa estatal y la comuna hicieron que el tiempo de obras se prolongara y eso molestó a los vecinos que se veían en problemas cada vez que tenían que entrar o salir de sus casas.

La calle del hogar de ancianos en el que trabaja Gabriela tiene un agujero que abarca prácticamente todo el ancho y largo de la cuadra.

En diálogo con El Observador, comentó que ese pozo hizo que en más de una oportunidad las ambulancias que trasladan a los residentes tuvieran que ingeniárselas para llegar al lugar, aunque advirtió que, "por suerte", ninguno de los casos fue de urgencia.

La mujer vive algunas cuadras más lejos de donde ahora se realizan las obras. En Colinas de Solymar, donde vive Gabriela hace más de 10 años, las máquinas todavía no llegaron, aunque sus expectativas de que el pavimento mejore la situación del barrio son bajas. "Por lo menos no vamos a vivir en el barro", se conformó. l


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