China (I)

Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario
Por Luis Romero Álvarez, especial para El Observador

Este es el primero de una serie de artículos sobre China que espero escribir. En mi visión de largo plazo, EEUU y Europa se replegarán sobre sus propios territorios y se expandirán hacia la zona asiática. Si sucede, conviene, dice la filosofía oriental.

En paralelo, veremos un avance de las inversiones árabes y asiáticas (especialmente chinas) hacia nuestra región. Como no hay casualidades, surgió una relación con el anterior embajador de China, Yan Baghua, un funcionario muy profesional, especialmente cálido y amable y con correcto castellano lo mismo que su secretaria y su cónsul (lo que habla bien del servicio exterior chino). Y naturalmente llegó el momento de conocer China y visitar allí al embajador Baghua.

Yo había leído bastante de historia china y sabía que esa nación había sido pionera mundial en tecnología, riqueza y desarrollos artísticos durante milenios. En 1400 el emperador creó la flota imperial que salió a recorrer los mares del mundo, en viajes cada vez más largos, con cientos de barcos de más de 100 metros de largo (las carabelas de Colón en 1492 medían poco más de 30 metros), integrada por los navíos militares al frente (con caballería e infantería adentro), los barcos mercantes al medio (con comerciantes listos para comprar y vender) y al centro los barcos con intelectuales representantes de todas las religiones conocidas, traductores de todas las lenguas y eruditos de todas las ciencias.

Ese emperador gobernó menos de una década y su sucesor mandó desarmar la flota imperial y construir la Muralla china, lo que fue el inicio de una lenta caída de ese gran país. Así llegó el predominio occidental luego del descubrimiento de América que generó los capitales para impulsar la Revolución Industrial en Europa. En 1840 China, que se consideraba invencible, pierde la Guerra del Opio contra Inglaterra y a partir de allí es humillada una y otra vez por las potencias occidentales.

Recién con Deng Xiaoping en 1978 y sus reformas hacia el capitalismo comienza a resurgir como potencia a nivel mundial. La historia reciente de China se me presentó a través de la historia familiar de mi guía: su abuelo era un terrateniente con cuatro hijos; adoptó a un huérfano y lo crió como propio. En 1949 llegó Mao al poder y en 1952 lanzó la revolución contra los terratenientes, confiscando todos sus bienes. Como suele pasar en tiempos de violencia social que sacan a luz lo peor del ser humano, el huérfano denunció a su padre adoptivo frente a oficiales del Partido Comunista para ganar favores y el abuelo de mi guía terminó ejecutado.

La abuela con cuatro hijitos fue enviada a un pueblo remoto; al padre de mi guía le obligaban a usar un sombrero puntiagudo para ser escupido e insultado por los jóvenes del lugar por ser hijo de un terrateniente. Solo le dejaron cursar dos años de escuela. Cuando se hizo hombre y se quiso casar con la joven de sus amores, la familia de la chica no lo permitió porque él era de familia de terratenientes, despreciados. Se casó con otra y tuvo cinco hijos; trabajó duro como granjero hasta que Mao murió en 1976 y en 1978 Deng comenzó las reformas que le permitieron con su caballo del arado subir a las colinas alejadas y comprar productos baratos para revender en los valles. Luego contrató una cuadrilla y cosechó maderas de árboles nativos; con ese capital puso un supermercado y se consolidó financieramente. Sus cinco hijos fueron educados a nivel de universidad.

China está lanzada al crecimiento económico porque están desatadas las fuerzas de la capacidad empresarial

Cuando quedó viudo, se juntó con aquella joven que fue su primer amor, que también había quedado viuda. Su hija, mi guía, tuvo una sola hija porque regía la ley de un solo hijo por pareja, ahora flexibilizada, pero ya tarde para ella. Mi guía me dijo que los mismos que eran haraganes, envidiosos y pobres en tiempos de su abuelo, eran haraganes, envidiosos y pobres cuando su padre consiguió levantarse económicamente. No había rencor en sus palabras, solo resignación oriental.

China está lanzada al crecimiento económico porque están desatadas las fuerzas de la capacidad empresarial; les falta levantar las restricciones de movimientos migratorios de las zonas rurales a las urbanas. No pueden crecer al 12% anual como cuando eran una economía minúscula, ahora que son cerca de un tercio de la economía de EEUU. Por eso optaron por crecer a una buena tasa del 7%, priorizando su mercado interno, antes que las exportaciones que fueron su motor inicial.

Esta nueva normalidad como la llaman, trae buenas noticias para nosotros productores de alimentos. China tiene 25% de la población mundial y creciendo, y 8% de la tierra productiva (disminuyendo por expansión urbana y escasez de agua). Y esa población cuando se vaya mudando a las ciudades y aumentando su nivel de ingreso consumirá más y más comida importada. Esta historia continuará.

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