China (III)

Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario
Por Luis Romero Álvarez, especial para El Observador

China ya está siendo el país más importante para el comercio exterior del Uruguay y, a través del comercio, para el crecimiento de su PIB. China impacta en forma directa por sus compras y en forma indirecta a través de la evolución del Brasil. China cambió su estrategia hacia una "nueva normalidad", o sea, en vez de crecer exportando a todo galope, dar prioridad a su mercado interno.

Este cambio de enfoque es muy sensato: primero porque al transformarse en una economía ahora grande, China exportadora empieza a generar resistencias internacionales, cosa que antes, siendo el país chico en términos económicos, no sucedía.

También es cierto que internamente, el fuerte crecimiento ha creado mayores desigualdades de ingresos entre las ciudades modernas y las zonas rurales atrasadas: esto en la cultura china es inaceptable.

Hace 2.500 años, Confucio dijo que "la desigualdad es más insoportable que la escasez". Para corregir esta situación, se necesita permitir que los pobladores rurales puedan mudarse a las ciudades, lo que hasta ahora estaba extremadamente limitado.

En el pasado, China había priorizado la inversión en industrias pesadas, para consolidar su poderío militar, lo que era contrario a sus ventajas comparativas (esas son industrias intensivas en capital y China tiene ventajas en actividades intensivas en trabajo); como contrapartida de esa elección estratégica, China rebajó el crecimiento posible en otras áreas de su economía y creó menos puestos de trabajo de los creables atendiendo a sus ventajas comparativas.

Ahora debe compensar aquellos desarrollos que crearon estas desigualdades, permitiendo la venida de millones de habitantes del agro a las ciudades, construyendo millones de viviendas e impulsando los sectores de servicios que pueden generar rápido millones de puestos de trabajo urbano. Esto implica crecer expandiendo su mercado interno, agrandando su clase media.

Esta será la nueva normalidad durante las próximas dos décadas, lo que nos debe alegrar como productores de alimentos. Las personas que viven en el agro, algo de su comida diaria (un pollo, un vegetal, etc.), lo obtienen allí mismo en su lugar de vida y trabajo. El que vive en la ciudad, todos los días compra toda su comida.

De esta forma, la migración del agro a la ciudad aumentará la demanda de alimentos importados, lo que beneficiará a exportadores como nosotros. Esta realidad ya resulta evidente: si se grafica en un eje vertical las tasas de crecimiento del PIB de China, en otro eje vertical las tasas de crecimiento de las importaciones de soja chinas y abajo el tiempo, se ve una cruz perfecta: caen las tasas de crecimiento del PIB y suben las tasas de crecimiento de las importaciones de soja.

China quiere nuestros alimentos mientras que Europa se resiste a nuestra producción de alimentos

Como país nos toca ser inteligentes y abrir de par en par esta puerta comercial, esto quiere decir que debemos lograr las mismas preferencias arancelarias que han obtenido nuestros competidores, como Australia y Nueva Zelanda, que producen lo mismo que nosotros y están más cerca de ese mercado.

Este acuerdo con China de libre comercio es, por lo menos, tan importante como el eternamente pendiente acuerdo con la Unión Europea. China quiere nuestros alimentos mientras que Europa se resiste a nuestra producción de alimentos; es inteligente avanzar rápido hacia donde hay menor resistencia.

Espero que a nuestros ideologizados dirigentes sindicales de izquierda no les moleste un acuerdo de libre comercio con China comunista, como les molestaba un acuerdo de libre comercio con EEUU (y no tanto con Europa, vaya uno a saber por qué).

El hecho es que Chile es miembro asociado del Mercosur (o sea que nos compra o nos vende sin aranceles) pero tiene 90 acuerdos de libre comercio incluido con EEUU y los países del Pacifico (firmados la mayoría por gobiernos de izquierda), mientras que nosotros tenemos un acuerdo de libre comercio (con México).

Uruguay, chiquito y cerrado, está condenado a mal vivir, subiendo impuestos y perdiendo calidad de vida. Tenemos que abrirnos mucho y rápido y hay que empezar por China, de acuerdo con el Mercosur o pidiendo pasar a la categoría de Chile de miembro asociado y no miembro pleno, si el Mercosur sigue como hasta ahora encerrado y encerrándonos.