Chuck Berry, el primer poeta con guitarra eléctrica

La muerte de Chuck Berry es una oportunidad para recordar que fue un auténtico pionero en recalcar el valor de las letras en el rock and roll

A mediados de la década de 1950, varios años antes que Elvis, The Beatles y The Rolling Stones, Chuck Berry redefinió el rock and roll. ¿Por qué? Porque se transformó en una estrella carismática arriba del escenario, con su "paso de pato"; porque comenzó a introducir filosos solos de guitarra eléctrica en medio de sus canciones; y, sobre todo, porque demostró que el rock and roll también podía tener excelentes letras, poemas dignos del estatus propio de la literatura popular.

Los ejemplos son muchos, pero me voy a referir a algunas canciones en especial, todas versionadas luego en covers por las bandas estadounidenses y sobre todo inglesas de músicos blancos (Beatles, Stones, Beach Boys, Hollies, Yardbirds, entre otras) que reverenciaban a este titán negro.

Embed

El disco debut de Berry de 1957, titulado After school sesión, contiene uno de los himnos que le valieron la fama de talentoso letrista. Es el famoso Too much monkey business, que narra en pocas estrofas la historia de un muchacho que sistemáticamente le huye a las responsabilidades que le tocaron vivir: trabaja en un molino, pero no le da el sueldo para llegar a fin de mes, y una chica rubia quiere que se case con él. La escuela es demasiado para sus rutinas y se alista para ir a la guerra. Va a Japón pero el ejército lo sobrepasa. Regresa a trabajar en una estación de servicio, en la que nuevamente se ve superado y huye. Es la vida de chico yanqui a mediados de los 50 sin rumbo, resumida en dos minutos y cincuenta y seis segundos. No muchos rockeros lograban ese efecto por entonces.

Quizás su canción más conocida (y versionada) sea Johnny B. Goode, otro muy buen texto. Un muchacho rural de la Louisiana profunda, nacido y criado en una choza de barro en el medio de los bosques, tiene el don especial de tocar la guitarra como los dioses. Se acerca a las vías del tren, que pueden llevarlo al norte, donde una nueva vida de éxito lo espere al final de la vía. Su madre, esperanzada, le repite todos los días que quizás un día su nombre aparezca en las carteleras de los teatros, anunciando que Johnny B. Goode tocará esa noche.

Un tono sutil logró Berry en Memphis, Tennessee, un tema en el que aparenta hablarle a una chica lejana que vive en esa ciudad sobre el río Misisipí, y a través de varias metáforas parecería ser una novia. Pero sobre el final de la canción el autor explica que se trata de una niña de seis años que extraña las melodías del músico.

Pero mi preferida, por lejos, es Roll over Beethoven. En una actitud desfachatada (que también repetirá en Rock and roll music), Berry toma el escenario por asalto y le exige a uno de los mayores genios de la historia de la música que se corra, porque acaba de desembarcar el rock and roll. En realidad, la letra narra una canción dentro de otra: un muchacho le mandará una carta a su DJ para que pase por radio el tema, y de paso, le cuenta también las novedades a Tchaikovski. El rock le genera tal alteración corporal que le venía una "neumonía rockera", para lo que necesita "vacunas de rythm&blues" para sacarle "la artritis que le vino leyendo y releyendo las revistas de rock".

Chuck Berry innovó en el campo lírico y los grandes popes del rock que vinieron luego (desde Lennon a Clapton y desde Keith Richards a Jagger) le rindieron infinita pleitesía. Hace unos cuatro años, Montevideo asistió atónita a un show de Berry en el Teatro de Verano que fue un insulto a su persona, cuando claramente las fuerzas para mantenerse arriba del escenario ya se habían consumido. Fue una imagen triste ver en plena decadencia al indiscutido primer poeta de guitarra eléctrica del siglo XX. l


Acerca del autor