Cierta esperanza para El Clínicas

La renuente aceptación por la Udelar de intervención de privados para salvar al Clínicas no asegura el tratamiento curativo

La renuente aceptación por la Universidad de la República (Udelar) de intervención de privados en tratar de salvar al Hospital de Clínicas reconoce el diagnóstico pero no asegura aún el tratamiento curativo. En una votación dividida y con oposición ideológica de los estudiantes, el Consejo Directivo Central (CDC) de la Udelar aprobó finalmente, después de largos meses de idas y venidas, que la reforma del deteriorado hospital universitario se financie a través de la participación público privada (PPP). Es la única salida posible, como sostiene el gobierno, ante la falta de recursos fiscales. Las opciones son la continuada decadencia de su casi ruinoso estado actual o derrumbarlo y construir un centro más moderno y menos gigantesco, como propuso razonablemente Jorge Batlle cuando era presidente, al costo de una furiosa andanada de críticas.

Esa propuesta era financiable en aquel momento con un crédito blando del Banco Interamericano de Desarrollo. Ahora se estima que rejuvenecer el vetusto edificio y asegurar atención digna a cientos de miles de uruguayos pobres costará no menos de US$ 100 millones. El gobierno, cuyos apremios financieros lo tienen con el agua al cuello, no puede asignar recursos de esa magnitud, lo que generó la alternativa de tratar de hacerlo mediante la ley de PPP, que asocia capitales privados con el Estado. Varios factores incidieron en la decisión de Udelar. Su rector Roberto Markarian la propulsó después que la respaldaron por carta 250 profesores del cuerpo docente y de una resolución similar firmada por 35 profesores grado 5. Adicionalmente la dirección del Clínicas anunció que el presupuesto del hospital apenas alcanza para funcionar hasta noviembre, cuando ya no habrá fondos para insumos básicos, medicamentos y salarios.

La aceptación universitaria de la participación privada en las obras es apenas un primer paso. En un plazo de seis meses la Facultad de Ciencias Económicas de Udelar debe confeccionar un plan factible de obras, que será elevado al gobierno. Pero la puesta en marcha de una PPP para salvar al Clínicas depende de que el gobierno encuentre a inversores privados dispuestos a poner los capitales requeridos, a cambio de un retorno redituable cuyas condiciones todavía están en el limbo. Tiempo atrás se especuló con que parte del edificio renovado se entregue a emprendimientos privados, como laboratorios u otros rubros que tengan que ver con la salud. Muchos pusieron el grito en el cielo, prefiriendo la lenta extinción progresiva del hospital antes que hacer concesiones para revivirlo.

Los estudiantes que se opusieron a la PPP durante la reunión del CDC de Udelar manifestaron a los gritos que Markarian “no venda el hospital del pueblo”. Ciertamente nadie piensa en venderlo sino adecuarlo a la realidad. El “hospital del pueblo” es hoy una afrenta a la población de menores recursos, que depende de la atención sanitaria gratuita del Estado y que soporta en el Clínicas interminables esperas por consultas u operaciones e inhumanas condiciones de internación. Dejarlo como está, que es lo que defienden los enceguecidos opositores a la PPP, es sentenciarlo a muerte. Todavía ni siquiera es seguro que se la pueda evitar. Pero que el gobierno sea capaz de armar una asociación público-privada exitosa, bajo una ley de hace cinco años pero de lento despegue parcial, es la única esperanza de salvación.


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El Observador

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