Cimentar la alta expectativa de vida

El tono que acompaña al comentario de que Uruguay es un país de viejos deja de lado la buena posición que ocupa en expectativa de vida

El tono que suele acompañar al comentario de que Uruguay es un país de viejos deja de lado la posición de privilegio que ocupa nuestro país en expectativa de vida. Usufructuar esa ventaja, sin embargo, exige avanzar hacia el desarrollo para evitar graves peligros dentro de algunas décadas, incluyendo el colapso del sistema de seguridad social. Es indispensable incrementar la capacidad productiva con mejor educación, inversiones, apertura de mercados y prolongación de la vida laboral activa, tanto en el sector público como el privado, así como la asistencia a la salud. De lo contrario llegaremos antes del fin del siglo a un exceso de ancianos pasivos, que cada vez serán peor atendidos porque habrá menos recursos fiscales y será menor la proporción de trabajadores activos que provean aportes.

Esta realidad, anticipada desde hace muchos años, ha sido confirmada por recientes estudios coincidentes de Naciones Unidas y el Banco Mundial sobre el futuro económico y demográfico del país. La expectativa de vida en Uruguay es actualmente de 75 a 80 años, muy por encima del promedio mundial de 70 años. Esta última cifra incluye obviamente el alto nivel en naciones desarrolladas y zonas atrasadas en algunas partes de África y Asia, donde mucha gente raramente vive más allá de los 50 años. Rafael Rofman, especialista del Banco Mundial en políticas sociales y autor de uno de los estudios, estimó que Uruguay “está bastante bien” en la actualidad con la alta cobertura de su sistema jubilatorio y atención “a las necesidades básicas” de la población en materia de salud.

Pero advirtió contra la debilidad del sistema educativo, falla que sucesivos gobiernos fracasan en corregir. Dijo a El Observador que cuanto antes el sistema “genere ingenieros de primer nivel en lugar de jóvenes que abandonan secundaria, mejor le va a ir al país”. Enfatizó además la inconveniencia de la actual jubilación temprana a los 60 años en muchas actividades, cuando a una persona le quedan todavía largos años de capacidad física e intelectual que la facultan para permanecer en el mercado laboral. Pero la lógica prolongación en el trabajo activo exige paralelamente el desarrollo global del país para evitar que se le cierren oportunidades laborales a la gente más joven. Rofman previno que, si no se toma este curso, habrá “menor crecimiento económico y una sociedad más pobre”.

Actualmente el 14% de la población tiene más de 65 años, según el último censo en 2011. Pero el Fondo de Población de Naciones Unidas estima que, dado el bajo crecimiento poblacional por la magra tasa de natalidad, ese porcentaje trepará al 25% de los uruguayos en 2050 y al 36% a fin del siglo. La razón es que la población se mantendrá como ahora, con pocas variaciones, debido a la decreciente tasa de natalidad. Cayó de seis hijos por mujer hace poco más de 100 años a dos en la actualidad, con vaticinios de mayor disminución en las próximas décadas, debido a cambios culturales que incluyen la mayor incorporación femenina al mercado de trabajo. Como Uruguay seguirá siendo un país despoblado, es imperativo que se prepare para aprovechar mejor a sus habitantes mediante educación eficiente, mayor edad de retiro y desarrollo productivo para dar oportunidades laborales a todos. La alternativa es terminar el siglo con un país empobrecido, en el que peligrarán hasta el pago de jubilaciones y la atención a la salud.


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