Cinco razones por las que Hillary pasó a ser ganadora en ocho años

Los cambios en la estrategia que la llevaron a ser la candidata demócrata
Chris Cillizza para The Washington Post

Hace ocho años esta semana, Hillary Clinton reconoció formalmente haber perdido la lucha por la primaria demócrata frente a Barack Obama. Esta semana emerge como presunta nominada del partido con la conclusión del proceso de primarias en California, Nueva Jersey y otros cuatro estados.

¿Qué cambió en estos ocho años en los que Clinton pasó de ser perdedora a ganadora? Es importante tener en cuenta que Clinton no tuvo una campaña impecable y no está ni siquiera cerca de ser una candidata perfecta. Su carrera contra Bernie Sanders estuvo mucho más cerrada que lo que nadie –incluyendo Clinton y su equipo– esperaba. La candidata manejó mal la controversia causada por su decisión de utilizar exclusivamente un servidor de correo electrónico privado cuando era secretaria de Estado. Y, sin embargo, ganó. Veamos cómo.

1. La percepción de los demócratas

En su primera carrera por la presidencia, Clinton luchó por salir de la gran sombra de su marido, también conocido como el 42º presidente de los Estados Unidos. Su disposición a tomar la derrota frente a Barack Obama en 2008 con aplomo, junto con su trabajo como máxima diplomática de la nación, le dieron a Clinton una seriedad y respeto que no estaban tan presentes en su campaña de 2008. Por ello, comenzó desde un punto más alto –y con una reserva más profunda de buena voluntad entre los votantes de las primarias demócratas– de lo que jamás tuvo hace ocho años.

2. Sin drama

En 2008, la campaña de Clinton se sentía como la más disfuncional de las familias. Aquella vez se deshizo de su directora de campaña original, así como gran parte de su círculo íntimo en la mitad de la carrera. Una vez que quedó claro que no iba a ganar sus asesores se enfrentaron violentamente detrás de escena echándose la culpa unos a otros por lo que salió mal. Bill Clinton era una distracción permanente. Todo eso contrastaba fuertemente con la campaña de Obama, que se enorgullecía de su falta de drama.

Clinton aprendió su lección de esa carrera. Incorporó un (casi) nuevo equipo para 2016 dirigido por el operador de bajo perfil Robby Mook, un modesto nerd que prometió una campaña basada en organización y eficiencia. Clinton se aferró a Mook incluso después de perder en New Hampshire por más de 20 puntos contra Sanders, y luego mantuvieron una charla porque se necesitaba un cambio.
"Hubo menos drama de campaña, menos malhumor en los momentos difíciles, menos foco desafortunado en el expresidente", dijo Jim Jordan, un veterano operador demócrata que trabajó con Clinton en 2016.

3. Bernie Sanders ≠ Barack Obama

Clinton obtuvo esta nominación antes de que los votos fueran emitidos. Se mostró a sí misma como tan prohibitivamente favorita que ahuyentó a Joe Biden o a cualquier otro candidato de primer nivel que podría haber sido un problema real. Lo que quedó fue Sanders, un socialdemócrata de 74 años de Vermont. Mientras Sanders descolló repentinamente –un signo de debilidad inherente de Clinton–, nunca fue capaz de recrear las tres patas del taburete electoral de Obama: los blancos ricos, altamente educados, los jóvenes y los votantes minoritarios. Sanders consiguió los dos primeros, pero fue golpeado duramente por Clinton entre los latinos y negros, lo que hizo su camino a la nominación imposible.

A favor de Clinton, vio que sin los votos minoritarios las matemáticas de Sanders no darían. Ella y su equipo trabajaron para asegurarse ese voto.

4. Donald Trump

A medida que el proceso primario avanzaba, se hizo más y más claro que Trump –contra la mayoría de las probabilidades– sería el candidato republicano. Ese desenlace ayudó a Clinton a llevar adelante un contraste con Trump, que funcionó a su favor en las primarias. Clinton aprovechó esa comparación en los días finales de la carrera; su discurso golpeando a Trump en política exterior era evidencia de que hablar más acerca de su experiencia en contraste con la del republicano era una carta ganadora en las primarias.

"Creo que tener a Donald Trump ayudó a acentuar (con los demócratas) la fuerza de su candidatura", dijo el encuestador demócrata Fred Yang. "Creo que especialmente en la última semana, mientras se acercaba a la nominación, subió un escalón hacia su explícito contraste con Trump, y creo que eso ayudó".

5. El calendario

En 2008, Clinton perdió la carrera no en enero, pero en febrero, cuando una serie de estados fuertemente republicanos tuvieron caucus donde Obama la aplastó. Fue en febrero donde Obama construyó el liderazgo en delegados que nunca abandonaría.

En esta ocasión eso no sucedió. Mientras que la parte más temprana del calendario favoreció a Sanders con un caucus en Iowa y una primaria en New Hampshire, gran parte de febrero, marzo y hasta abril fueron con ventaja de Clinton en una serie de estados del sur que poseen grandes poblaciones negras. Sanders, por el contrario, tenía que esperar hasta ahora, cuando una serie de estados, como Dakota del Sur y Montana –así como California– votaron.

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