Ciudad vieja a la espera de rescate

La recuperación de ese acervo histórico y arquitectónico que es la Ciudad Vieja fue relegada en sucesivos gobiernos municipales.

La recuperación de ese alicaído acervo histórico y arquitectónico que es la Ciudad Vieja ha sido tan anunciada como rápidamente relegada bajo sucesivos gobiernos municipales. Excepto por la peatonal Sarandí y algún arreglo de plazas, nada se ha hecho para detener la fuga de residentes, atemorizados por la inseguridad, o el deterioro de desocupados edificios públicos y privados. Y a veces se han hecho las cosas al revés, como la ridiculez de las sendas para bicicletas, que nadie utiliza y cuyo único efecto ha sido angostar más las estrechas calles del barrio. La obra con seguridad fue concebida por alguien que vio imágenes de Copenhague, con altos ejecutivos yendo en bicicleta a su trabajo o parejas de novios en igual transporte rumbo a su casamiento, saludable práctica que ingenuamente se creyó trasplantable a Montevideo por generación espontánea.

El intendente Daniel Martínez, que se muestra más diligente que sus antecesores para solucionar los muchos problemas de la capital, anuncia ahora un plan aparentemente más concreto para mejorar esa descuidada zona. Dijo que incluye mejor iluminación y otras obras en un programa a ser concluido en dos años. Pero falta conocer planes específicos para los muchos factores a tomar en cuenta en un barrio que a lo largo de las últimas décadas ha perdido casi dos tercios de sus pobladores, que actualmente llegan apenas a los 12 mil.

La Ciudad Vieja tiene dos aspectos bien diferenciados. Durante el día es centro de actividad financiera y empresarial. Casi todos los bancos tienen allí sus casas centrales. Esto impone ser cuidadoso en las restricciones al tránsito que se proyecta en sus calles, ya que también afectaría a los restaurantes y otros comercios que operan en el barrio en horas diurnas. Pero todo cambia en la noche. La mayoría de sus calles se convierten en páramos por los que casi nadie transita, básicamente por temor a la delincuencia. Para atenuar la triste transformación nocturna se requiere no solo mejor iluminación sino también acrecentada vigilancia para dar seguridad a los pocos residentes que todavía viven allí e inducir a otros a que se muden a la vecindad. Se necesita también reparar edificios, algunos de los cuales están ocupados en forma ilegal, frecuentemente por gente involucrada en actividades ilícitas y que nada contribuyen a la seguridad del barrio. Ayudará reciclar casonas deterioradas para convertirlas en pequeñas unidades de apartamentos.

En la ceremonia de lanzamiento del plan, el intendente Martínez, el alcalde de ese municipio, Carlos Varela, y otras autoridades comunales anunciaron que una oficina de proyecto hará la planificación detallada y la coordinación y el seguimiento de las obras. Presumiblemente se recurrirá a la inversión privada en muchos casos de recuperación edilicia, ya que es improbable que la intendencia pueda afrontar el costo total de un plan de esta magnitud, con la mayor parte de su presupuesto comprometido en atender las constantes exigencias salariales del sindicato municipal y las crisis de la basura y el tránsito. El proyecto es valioso pero su concreción demandará una eficiencia de gestión que ha faltado una y otra vez bajo un cuarto de siglo de administraciones del Frente Amplio. El resultado es un escepticismo cuya reversión depende de que Martínez y su equipo sean capaces de cambiar la historia de frustradas esperanzas de los montevideanos.


Acerca del autor

El Observador

El Observador

Comentarios