Civilización y barbarie: motivos para ver El ciudadano Ilustre

La película –que se exhibe en el Festival de Montevideo– es un deleite que combina humor sarcástico, suspenso y grandes actuaciones

Si la historia argentina (y la de tantos países) tuviera que resumirse en un par de palabras, “civilización y barbarie” serían firmes candidatas. Cuando el expresidente y educador argentino Domingo Faustino Sarmiento utilizó en su libro Facundo (1845) esta oposición, contraponiendo por un lado un “nosotros” europeizado, educado y progresista, frente a un “otros” formado por gauchos, indios y pobladores de lo rural, sinónimos de atraso, puso en palabras la lucha de clases (o la grieta, podríamos decir) que, con matices bien diferenciados, atravesó la historia argentina hasta la actualidad.

En El ciudadano ilustre –candidata argentina para mejor película extranjera de los Oscar, que se exhibe en el Festival Internacional de Cine Montevideo (Monfic)– esta dicotomía se actualiza con la historia de la vuelta al pago de un escritor argentino premiado con el Nobel. El literato en cuestión es Daniel Mantovani, Oscar Martínez, perfecto en su rol de un misántropo tan atrayente como repulsivo.

Mantovani lleva cuatro décadas viviendo en Europa y, luego de recibir una invitación para concederle la distinción de ciudadano ilustre del pueblo bonaerense de Salas, del que partió 40 años atrás, decide regresar. La vuelta le sirve para intentar salir de su sequía creativa pos Nobel, ya que su pueblo de origen es el escenario de todas sus obras.

El trío formado por los directores Mariano Cohn y Gastón Duprat, y el guionista Andrés Duprat, hermano de Gastón, vuelve de manera ampliada al universo que tan socarronamente construyeron en El hombre de al lado (2009), cuando un diseñador tan chic como vacuo ve alterada su vida por un vecino “grasa” que abre una ventana en la medianera.

Vuelta a casa

El ciudadano ilustre

El hombre de al lado recordaba claramente a ese “nosotros contra los otros” que siempre estuvo tan presente en la literatura argentina. Ejemplos hay muchos, desde La resfalosa, de Hilario Ascasubi, y El matadero, de Esteban Echeverría, autores unitarios que denunciaban la “bestialidad” federal, pasando por cuentos como Casa tomada, de Julio Cortázar (El hombre de al lado tiene una clara inspiración en este texto) o La fiesta del monstruo, de Honorio Bustos Domecq (seudónimo de la dupla de Borges y Bioy Casares), en donde la tensión ocurre entre peronistas y antiperonistas.

En el cine esta pugna se vio reflejada en uno de los mejores segmentos de Relatos salvajes, El más fuerte, en el que un porteño dueño de un Audi se enfrenta en la ruta al “negro resentido” que conduce un auto destartalado.

Cohn y los Duprat tienen la gran virtud de rescatar esta lucha sin fin y ponerla al servicio de un filme que sabe hacer humor sutil y burdo al mismo tiempo, sin que desentone, al tiempo que ponen en evidencia la estúpida obstinación con la que esas dos Argentinas se aferran a sus sistemas de creencias.

La llegada del escritor a su pueblo no tiene desperdicio e incluye escenas desopilantes como el video “berreta” de bienvenida o la entrevista en la televisión local. El espectador empatiza con Mantovani y su mirada de extrañamiento ante Salas, y cualquiera que haya viajado a algún pueblo que parezca perdido en el tiempo se sentirá identificado con esa fascinación kitsch.

Los directores están extremadamente atentos a cada detalle y eso hace que la película sea muy disfrutable. Cada plano tiene un porqué, y cada objeto que entra en plano es funcional a ese humor sarcástico que caracteriza a Cohn y los Duprat.

Otro gran acierto es el casting, porque más allá de la gran actuación de Martínez, que obtuvo el premio de mejor actor en el Festival de Venecia, los secundarios son notables: entre ellos Manuel Vicente, el intendente oportunista; Andrea Frigerio, la noviecita abandonada, y Dady Brieva, un viejo amigo de lo más inquietante.

Otro fuerte de la cinta es su capacidad para construir tensión, que avanza a medida que el subdesarrollo deja de parecer un divertido “ejercicio antropológico” para Mantovani y pasa a convertirse en una amenaza.

Algún crítico ha dicho que la película se ríe de los otros y no con los otros. Pero, aunque Mantovani es un poco más querible que el personaje interpretado por Rafael Spregelburd en El hombre de al lado, si hay algo que el trío de creadores disfruta es reírse de los snobs (otro ejemplo es El artista, de 2008).

El ciudadano ilustre triunfa en su puesta en evidencia de ese cinismo disfrazado de civilización que tantas veces desbordan las clases dominantes.

Atención a…

El ciudadano ilustre

El humor

La forma en que los directores muestran determinadas situaciones y observaciones define la película.

El casting

Más allá del espectacular trabajo de Óscar Martínez, lo secundan otros, como Manuel Vicente o Dady Brieva.

Los horarios

En el marco del Monfic, la película se proyectará de nuevo el martes a las 19.45 en Movie Montevideo.


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Acerca del autor

Fernanda Muslera

Colaboradora de O2 / Tendencias