¿Qué le diría a la gente que lo acompañó en el Nuevo Espacio, como una fuerza independiente, y ahora ve que regresa hacia el Frente Amplio?
El Nuevo Espacio no regresa al Frente Amplio, sino que plantea la estrategia política de ser constructor de los cambios a través de una nueva mayoría para transformar el país.La gente dice que vuelven y Michelini dice que no, ¿a quién hay que creerle?
No es lo que crea la gente, sino la realidad. Y esta indica que existen dos fuerzas –el EP-FA y el Nuevo Espacio– que dialogan para conformar una nueva mayoría. Además, estamos conversando sobre la aspiración de que figuras blancas y coloradas también se integren. Si eso ocurre, el país tendrá en 2004 una alternativa que será exitosa para gobernar y transformar el país.
¿Para usted es inviable un cuarto espacio político en el país?
El problema no pasa por ser viable o inviable, sino que, en este momento, el Nuevo Espacio tiene que ofrecer una alternativa al país. Los partidos son instrumentos para las necesidades de la gente, no son un fin en sí mismos. Una vez que se constituyó el Nuevo Espacio no es soberano al definir sus líneas políticas, sus aliados coyunturales y los permanentes.
¿Le parece que la elección de 2004 estará polarizada en torno a la figura de Tabaré Vázquez?
Las instancias electorales deberían estar polarizadas en función de las colectividades políticas y sus programas, sin restarle importancia a la importante popularidad que tiene Tabaré Vázquez. Por eso empezamos a conversar con Vázquez acerca de un acuerdo programático. Primero tenemos que ponernos de acuerdo acerca de qué hará esa nueva mayoría por el país.
¿A usted le da lo mismo completar la fórmula de 2004 con Vázquez, ser candidato a la Intendencia de Montevideo o volver al Senado?
No estamos hablando de candidaturas ni de temas electorales. Con Vázquez estamos dialogando sobre lo que vamos a hacer por el país. Si no nos ponemos de acuerdo habrá un escenario electoral distinto al que existirá si se llega a un entendimiento. Para el Nuevo Espacio y para Rafael Michelini, los temas del país no pasan por las candidaturas. Mi persona no fue el centro del universo en 1984, cuando encabecé la lista de ediles de la lista 99, ni cuando fui electo diputado en 1989 ni en las dos elecciones siguientes que fui senador. En 1994 era muy difícil prever que el Nuevo Espacio tendría votos.
Pero usted es Rafael Michelini, ¿hasta dónde quiere llegar?
Es notorio que estamos planteando anteponer una nueva mayoría a la vieja supremacía de blancos y colorados, que no están en condiciones de sostener el bienestar del país. Eso lo queremos hacer con el Nuevo Espacio, el EP-FA y figuras blancas y coloradas. ¿Hasta dónde llegará Rafael Michelini? No lo sé. En política nadie deja de asumir la responsabilidad. A mí me mueve más el proyecto colectivo que el individual. De lo contrario me dedicaría a otras actividades.
Cuando pone la cabeza en la almohada, ¿no siente nostalgias de volver al Frente Amplio?
El Nuevo Espacio es una fuerza de izquierda, como lo he sido yo siempre. Si nuestro aporte para una nueva mayoría sirve para una reformulación de la izquierda, bienvenido sea. Si es para reformular el Frente Amplio no, porque el Nuevo Espacio es una cosa y el FA es otra. Todos hemos cambiado en estos años, pero existen diferencias entre el Nuevo Espacio y el FA, y algunas perdurarán. Ahora se trata de saber si somos capaces de superar las diferencias para darle al país una alternativa, una nueva mayoría. Frente a la crisis que vive el país, ni Vázquez ni Michelini tienen derecho a no ponerse de acuerdo y malograr un entendimiento que viabilice una alternativa o una nueva mayoría en 2004.
¿En qué momento se dio cuenta que había llegado el momento de acercarse al EP-FA?
Nunca me lo plantee como un acercamiento al EP-FA. Terminada la última elección, con Batlle presidente, yo me dije que otra vez ganó la derecha, ganó el partido del no cambio, del país de los vivos, del clientelismo político. Que no era sólo Batlle, sino también Sanguinetti y Lacalle. Otra vez están los mismos. Pensé que había llegado la hora de hacer algo y que el Nuevo Espacio no estaba en condiciones de hacer solo los cambios. Y pensé que, si bien el EP-FA podía ganar la próxima elección y hacer un buen gobierno, difícilmente se pueda transformar si no hay una red de alianzas muy poderosas, como hizo Lula en Brasil. Esa reflexión me llevó muchos meses y muchas conversaciones con gente de afuera de mi partido y de todas las áreas del quehacer nacional.
¿A qué conclusión llegó luego de esa reflexión?
Que no estaba en mi ánimo seguir peleando por una banca en el Senado si no logramos transformar este país.
¿En qué punto se encuentran las conversaciones con Vázquez?
Representantes del Nuevo Espacio y del EP-FA elaboraron un documento que ahora estamos revisando y que si los partidos lo aprueban nos permitirá en breve hacer una convocatoria a un gran diálogo sobre las propuestas que impulsaremos.
Si un ciudadano lo para en la calle y le pregunta qué aspectos básicos tendrá ese acuerdo, ¿qué le diría?
Tienen que estar los compromisos, que es lo que estamos conversando, y un diagnóstico común antes de elaborar las propuestas. No puede haber propuestas comunes si no tenemos la misma mirada de la realidad.
¿Se puede lograr esa mirada común?
Sí, vaya si se puede.
Usted marcó en el pasado diferencias con Vázquez, ¿ahora el líder del EP-FA le da confianza?
Con Tabaré Vázquez tuvimos –y tenemos– diferencias, pero confío en que podremos superarlas. Ahora estamos construyendo una confianza recíproca, que es el paso previo a un acuerdo programático y electoral.
¿Le gustaría completar la fórmula presidencial con Vázquez?
No es el objetivo, incluso tengo otros candidatos, pero no es el momento de lo electoral.
¿Qué aportes tiene para hacer su generación en la política?
Podemos aportar frescura y profesionalismo, además de que no estamos atados a los preconceptos de un mundo bipolar que ya no existe.
¿Qué nota le pondría a la izquierda luego del conflicto de la comuna con el sindicato de Adeom?
Todos deberían sacar enseñanzas luego de ese conflicto, que tuvo momentos críticos y situaciones de violencia que no agradaron a nadie.
Dadas las afinidades entre el EP-FA y Adeom, ¿alguien debió parar la mano antes de que llegara la sangre al río?
No me afilio a la idea de que un gobierno se meta en los sindicatos ni los sindicalistas en un gobierno, pero debió existir un diálogo para encontrar soluciones antes de llegar al conflicto.
¿Usted condena los episodios ocurridos en torno al conflicto en la Intendencia y sus trabajadores?
Yo condeno los episodios de violencia, pero no que el sindicato de Adeom luche por sus intereses legítimos. Condeno que los problemas que existen en un sociedad se resuelvan por medio de la violencia porque creo en el diálogo, en las razones y en la palabra. No en el uso de la fuerza.
¿Pondría su dinero a plazo fijo en el nuevo banco que podría crearse con los depósitos reprogramados?
Yo pondría plata a plazo fijo en el República, pero no la tengo (risas). Ese es mi problema.
¿Le satisface la solución que se está negociando para solucionar el tema de los bancos cerrados?
En el aspecto económico, el cierre completo de los bancos traerá efectos negativos para la economía, lo mismo que su apertura indiscriminada. Por lo tanto, lo único que generará confianza será una solución seria. Para ello, los que presenten una solución económica deberán contar con respaldos jurídicos muy sólidos.
Si el proyecto de despenalización del aborto llega al Senado, ¿qué actitud asumirá?
Mi posición es que debe haber un consenso en la sociedad uruguaya para no perseguir a las mujeres que adoptan la decisión de abortar.
Después de participar de manera decisiva en la aparición de Simón Riquelo, ¿qué reflexión haría?
Que fue de las cosas buenas de este año, que estuvo opacado por tantas malas noticias. El reencuentro de un hijo con su madre, después de una búsqueda de 25 años y medio, es algo excepcional. Además, había una deuda de la sociedad con Sara (Méndez). Ella tenía un puñal clavado en el pecho, que ayudamos a sacárselo entre todos los uruguayos.
Después de más de 26 años del asesinato de Zelmar Michelini, ¿hay elementos para esclarecer la muerte de su padre?
Eso está en manos de la Justicia. Hay un pronunciamiento del juez Timbal pidiendo toda la información del caso y no es bueno que nosotros hablemos por los que deben impartir justicia. En el caso de las muertes de mi padre, de Héctor Gutiérrez Ruiz, de Rosario Barredo y de Willy Withelaw, la sociedad uruguaya quiere la verdad. En esa instancia, debería quedar clara la responsabilidad del Estado uruguayo. Porque si el Estado uruguayo, como todos pensamos, el propio Ejército uruguayo tuvo responsabilidad en esos asesinatos, por lo menos a nivel institucional debería quedar muy clara su responsabilidad, más allá de las personas. Nosotros queremos conocer la responsabilidad institucional. Que no es menor.
Usted votó en contra de la Ley de Caducidad, ¿cree que deben ser revisados sus alcances?
La sociedad uruguaya tiene una asignatura pendiente que es conocer la verdad. Todo lo que esa ley permita se hará, pero el primer paso es la verdad y todavía estamos lejos de ella. Nadie puede ocultar el sol con las manos y la verdad, tarde o temprano, se abrirá camino.