Edición del 18 de Agosto de 2007

COLUMNA
Las mil caras que tiene el poder





POR GABRIEL PEREYRA

El poder tiene más camuflajes que un camaleón. A veces es circunstancial, y otras, las menos, tiene cierta permanencia. Sus formas más conocidas son los sillones de las oficinas gubernamentales, los billetes y las armas. Desde tiempos inmemoriales los guerreros eran depositarios de poder, pero también lo eran los brujos. Por eso tener la capacidad de salvar una vida es una poderosa forma de poder. Y tener la capacidad de salvar una vida y amenazar con no hacer uso de esa capacidad, es una forma de usar ese poder. Los cirujanos en conflicto nunca dijeron que iban a dejar morir a alguien, pero cuando ese poderoso sector médico está de paro, cualquiera sabe que aumentan las posibilidades de que las cosas en torno de los blocks quirúrgicos se compliquen. Y si uno va camino del bisturí y le dicen que hay un paro de cirujanos y anestesistas, se convierte entonces en el eslabón débil que puede romperse en ese choque de poderes. Porque esta vez a los cirujanos les tocó chocar con el gobierno más poderoso que haya habido en el país en muchos años –liderado nada menos que por un médico– que les impuso la esencialidad del servicio y los obligó a trabajar. ¡Cómo no va a ser más poderoso este gobierno que el anterior!, si cuando Jorge Batlle amenazó con aplicar la esencialidad, porque los funcionarios de Salud Pública hicieron un feroz paro que perjudicaba a los sectores más pobres de la población, el PIT –que supuestamente defiende los intereses de los más pobres– apoyó a los gremios; y el oncólogo Tabaré Vázquez también. Ahora que los que pararon fueron los cirujanos, al PIT le vino un ataque de racionalidad, cuestionó el paro y apoyó al gobierno. A diferencia de su postura del pasado, esta vez Vázquez decretó la esencialidad, quizás porque el poder suele contagiarle a los hombres que lo ejercen su carácter camaleónico, y por eso un día los pone del lado de los que piden, y al otro día del lado de los que dan, o de los que niegan. Y al moverse en el sentido correcto, al proteger, ahora sí, a los más débiles, Vázquez, el presidente, no el oncólogo, demostró también que en ocasiones es más sano tener a mano un político que un médico. (gpereyra@observador.com.uy)

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