Edición del 4 de Octubre de 2009

HISTORIAS
Indecisos al poder

Algo nos une: somos el tal vez definitivo del uruguayo en elecciones. Hay por allí una moción para postergar la fecha de los comicios, para darnos más tiempo, pero entre nosotros se yerguen voces perentorias que claman por ¡caos ya!



M. CASACUBERTA

 
POR ANDRÉS ALSINA

Lo estamos logrando. Las encuestas indican que tenemos 12%, y seguimos creciendo. Hace poco, muy poco, éramos una cifra marginal confundida entre los votos en blanco y los anulados; hoy podemos contar con al menos cuatro senadores y una docena de diputados. Son cifras conservadoras, como en general somos nosotros: seguramente tenemos más fuerza parlamentaria que esa y en verdad sabemos que nos estamos constituyendo en la llave del nuevo gobierno.

Sí. Pablo Mieres podrá tener las llaves del parlamento, como dice ahora, pero una vez que abra las anchas puertas que dan al Salón de los Pasos Perdidos, nosotros encontraremos el rumbo para rescatar las mejores tradiciones de la política uruguaya. Nos hemos constituido en un hecho político incuestionable, respuesta adecuada a demasiado tiempo de tiranía del voto obligatorio y llevada a primer plano por esta campaña electoral carente de contenido. Nuestro intelectual colectivo estuvo analizando la esencia de las propuestas de los candidatos, y son en verdad tan parecidas que no sentimos la necesidad de hacer propuestas alternativas. No pasa por allí la diferencia, sino por conductas. Mientras los grandes se pelean y los que quisieran crecer les cuestionan a los primeros lo que hacen y todo es un gran bochinche, nosotros guardamos silencio. Nadie podrá acusarnos de una palabra fuera de tono. Mejor no hacer que decir, es nuestra consigna. Y ha sido muy bien recibida por el electorado, que va engrosando nuestras filas. Es que somos la uruguayidad en carne viva. La voz callada de la resistencia que acumula fuerzas y un día explota, como pasó con la reforma constitucional de los militares en 1980. Nuestro programa, nos reclaman, nuestros principios, ¿cuáles son? Es sencillo: primero, nos negamos a esta situación en la que tenemos que optar entre la peste y el cólera. Los dos nos insultan, y esa es la prueba de que existimos y de que les duele haber fracasado en el intento de domeñarnos. No somos voto de arrastre. Somos el no voto consciente. Qué pasaría, nos preguntamos, si nos decidimos a votar en blanco. Ahí sí que temblarían las raíces de los árboles, las entrañas minerales de la tierra oriental. Pero, nos apresuramos a tranquilizarlos, tales decisiones nos resultan dificultosas: el mismo carácter impreciso de nuestra corriente política así lo determina.

Somos los primeros en reconocer que hay diferencias entre nosotros: están los que habían decidido en principio votar a tal o cual pero retrocedieron por cual o tal exabrupto, están los que decidieron pero dicen que no decidieron, están los que postergan todo en la vida y están los que se resisten a la obligatoriedad del voto, verdadero cepo electoral que coarta nuestra libertad ciudadana. Algo nos une: somos el tal vez definitivo del uruguayo en elecciones. Hay por allí una moción para postergar la fecha de los comicios, para darnos más tiempo, pero entre nosotros se yerguen voces perentorias que claman por ¡caos ya! Es una buena consigna que los anarquistas de hace un siglo envidiarían. Pero aclaremos que ninguno de nosotros quiere el caos propio, y aquellos de nosotros que lo procuran, lo condicionan a que sea ajeno. Y todos podemos adherir a eso: mientras sea ajeno, no hay problema con el caos. Sabemos, porque nuestra cultura tiene raíces griegas, que el caos surge de lo impredecible, al vacío imposible de llenar que ya mentaba el tango, y que nos negamos a confundir con desorden.

Esta es la verdadera crisis uruguaya. Estamos ante la madre de todas las crisis, aquella que tiene sus raíces en el fin del régimen de sustitución de importaciones y la devaluación de agosto de 1956, pasa por la dictadura cívico militar y termina reconociendo el agotamiento por extenuación de su sistema político. Celebremos. Un nuevo mundo se abre a nuestros pies: es la incertidumbre. Como siempre, el elector uruguayo termina siendo más sabio que el candidato.

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