Coherencia, se necesita con urgencia

La solución del problema de la violencia en el deporte requiere voluntad política, coherencia y buena gestión policíal
El "no-clásico" o el "clásico que no fue" por primera vez en la historia del futbol uruguayo al suspenderse antes de comenzar ha sido un golpe duro no solo sobre el fútbol –se perdió la alegría de la fiesta deportiva máxima y unas cuantas cosas más- sino sobre la sociedad uruguaya –mostrando los graves problemas de fractura social, de crecimiento del uso de droga, de la falta de respeto a la autoridad, del "no me importa si me agarran ni la pena que me caiga"- y sobre el gobierno, a esta altura totalmente desbordado por los acontecimientos y sin rumbo claro o con rumbo zizageante.

La evidencia más reveladora de ello fue la discrepancia entre las declaraciones del presidente Vázquez desde España y la política las autoridades ministeriales en Uruguay. Mientras el presidente, con clara indignación, reclamaba mano dura con los delincuentes (o barrabravas cometiendo delitos) al Ministerio de Interior y a la Justicia, en Montevideo las autoridades ministeriales seguían aferradas a su política de que la policía no estuviera presente en las tribunas y que la seguridad fuera cuestión de los clubes ya que la organización de un partido de fútbol es un espectáculo privado. Con todo, el Ministerio del Interior comenzó a preocuparse y a alinearse con el presidente cuando una garrafa de gas voló por sobre la Tribuna Amsterdam y no causó un muerto de milagro.

Es que el presidente había estado inusualmente duro cuando señaló que: "Si queremos actuar con firmeza en estos temas, todos tenemos que actuar con firmeza", dijo, y agregó que "se terminó cualquier mínima pasividad que pudiera existir por parte del gobierno". También reclamó que la Justicia "aplique la ley como debe ser, pero en su máxima exigencia". Vázquez ya había tenido una postura firme días atrás, apenas se conocieron los incidentes dentro y fuera del estadio Centenario, y había advertido: "si hay un delincuente y la Policía lo tiene que sacar del forro, lo va a sacar del forro". Política que no era precisamente la que se aplicó hasta las 17 horas del pasado domingo 27.

A partir de esa hora, las cosas cambiaron unos "360 grados", como afirmó una alta autoridad de la época de la dictadura militar para indicar que las cosas habían dado un giro copernicano. La Policía se puso las pilas y detuvo a 200 personas que fueron llevadas a la justicia. Y ahí se generó otro conflicto: ante la falta de pruebas, el juez dejó en libertad a casi todos los detenidos y el presidente Vázquez puso el grito en el cielo, exigiendo prácticamente que todos los detenidos fueran procesados. Quizá Vázquez interpretó el sentir popular, pero la Justicia no puede actuar conforme al sentir popular sino conforme a la ley, que es garantía de la mayoría de inocentes que viven en este país y también de los pocos culpables. Donde no rige la ley o donde los jueces cobran al grito de los gobernantes, predomina el "populismo penal", tan o más peligroso que el "quietismo judicial". Hizo bien, pues, el presidente de la Suprema Corte de Justicia en rectificar al presidente señalándole que si no hay pruebas de delito los jueces no pueden decretar prisión sin más. No por ser detenida, una persona debe ser necesariamente procesada. Si fuera así, no sería necesario el Poder Judicial y volveríamos a las épocas del medioevo donde la autoridad real bastaba para encarcelar a una persona sin necesidad de pruebas.

Pero más allá de quien debe ser o no procesado cosa que corresponde a la Justicia, lo que es necesario para reencauzar las cosas es una actitud disuasoria de la fuerza pública. Incluso con cámaras de identificación facial, quien debe aplicar el derecho de admisión tiene que estar apoyado por la fuerza pública. La seguridad privada siempre es un apoyo adicional pero no el pilar fundamental de la seguridad. Y esto ha ocurrido en todos los campos del mundo –empezando por Gran Bretaña que tenía a los famosos hooligans- donde primero se puso orden por parte de la autoridad y luego se transfirió poco a poco algunas funciones a la seguridad privada de los clubes.

En definitiva, la solución del problema de la violencia en el deporte requiere voluntad política, coherencia y buena gestión policial. Voluntad de actuar hacia ese objetivo y coherencia en las autoridades: no puede ser que un día sea malo dar entradas a los barras y al siguiente se aliente a dar esas entradas. El presidente Vázquez dijo que en estadio Bernabéu no había policía y sí guardia privada. Pero eso fue después que los violentos de siempre fueron erradicados. Como ocurrió en Gran Bretaña. Y como no ha ocurrido en Argentina. Uruguay tiene que elegir cual camino tomar: el ejemplo cercano, que es un camino fácil; o el ejemplo lejano, que implica trabajo, esfuerzo y sobre todo coherencia. Ese es muy difícil. Pero no nos queda otro.


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