Cómo Arabia Saudita jugó con Donald Trump

El presidente de EEUU adoptó la actitud saudita en cuanto al terrorismo, que desvía cualquier culpa del reino y la redirecciona hacia Irán

Por Fareed Zakaria

El bombardeo ocurrido la semana pasada en Mánchester fue otro horrible recuerdo de que la amenaza del terrorismo islamista radical está en curso. Además, el viaje del presidente Trump a Oriente Medio ilustró una vez más cómo el país central de la extensión de este terrorismo, Arabia Saudita, ha conseguido evadirse y desviarse de cualquier responsabilidad por ello. De hecho, Trump dio a Arabia Saudita un pase libre y una mano libre en la región.

Los hechos son bien conocidos. Durante cinco décadas, Arabia Saudita ha esparcido su versión estrecha, puritana e intolerante del islam (originalmente practicada en casi ningún otro lado), en todo el mundo musulmán. Osama bin Laden era saudita, así como también lo eran 15 de los 19 terroristas del 11/9.

Además, sabemos, gracias a un correo electrónico filtrado por la exsecretaria de Estado, Hillary Clinton, que en los años recientes el gobierno saudita, junto con Catar, ha estado “suministrando apoyo clandestino financiero y logístico al (Estado Islámico) y a otros grupos radicales sunitas en la región”.

Los ciudadanos sauditas conforman el segundo grupo más grande de combatientes extranjeros en ISIS y, según algunos informes, el más grande en las operaciones iraquíes del grupo terrorista.

El reino se encuentra en una alianza tácita con Al Qaeda en Yemen.

ISIS obtiene sus creencias de la versión wahabita del islam de Arabia Saudita.

El eximán de la Gran Mezquita del reino dijo el año pasado: ISIS “explotó nuestros propios principios, que pueden ser encontrados en nuestros libros. Seguimos el mismo pensamiento pero lo aplicamos de una manera refinada”.

Antes de poder escribir sus propios manuales para sus colegios, ISIS adoptó el plan saudita como propio.

Actualmente, el dinero saudita está transformando al islam europeo. Los informes de servicios de inteligencia alemanes filtrados muestran que caridades “muy conectadas con las oficinas gubernamentales” de Arabia Saudita, Catar y Kuwait están fundando mezquitas, colegios e imanes para diseminar una versión fundamentalista e intolerante del islam por toda Alemania.

En Kosovo, Carlotta Gall, del diario The New York Times, describe el proceso por el cual una tradición de 500 años del islam moderado está siendo destruida.

“Desde sus bases, los imanes sauditas entrenados propagaron los principios wahabitas: la supremacía de la ley saria así como también ideas de violencia yihadistas y el takfirismo, el cual autoriza la matanza de los musulmanes considerados herejes por no seguir su interpretación del islam.

La asistencia caritativa suele tener condiciones impuestas. Les dieron salarios mensuales a las familias bajo la condición de que asistieran a sermones en la mezquita y que las mujeres y niñas usaran el velo.

El gobierno de Arabia Saudita ha comenzado a disminuir varias de sus prácticas más atroces. Ahora está siendo gobernada por, de hecho, un reformador joven e inteligente, el príncipe heredero sustituto Mohammed bin Salman, quien parece ser originalmente pragmático, con el estilo del líder visionario de Dubái, Sheikh Mohammed bin Rashid al Maktoum.

Sin embargo, hasta el momento, las reformas sauditas han significado, en su mayoría, mejores políticas económicas para el reino, y no una ruptura con su establecimiento religioso poderoso.

El discurso de Trump sobre el islam fue matizado y mostró empatía por las víctimas musulmanas del terrorismo yihadista (que conforman tanto como el 95% del total, según una estimación).

Pareció concentrarse en el problema cuando dijo: “Ninguna discusión de erradicar esta amenaza sería completa sin mencionar el gobierno que da terroristas, refugio seguro, respaldo financiero y la posición social necesitada para el reclutamiento”.

Sin embargo, Trump no hablaba de su anfitrión, Arabia Saudita, sino de Irán.

Ahora, para ser claros, Irán es una fuerza desestabilizadora en el Oriente Medio y apoya a algunos actores muy malos.

No obstante, resulta extremadamente impreciso describirlo como la fuente del terrorismo yihadista.

De acuerdo a un análisis del Global Terrorism Database (una base de datos del terrorismo mundial) de Leif Wenar, profesor en King’s College, más del 94% de las muertes causadas por el terrorismo islámico desde el año 2001 fueron perpetradas por ISIS, Al Qaeda y otros yihadistas sunitas.

Irán está luchando contra estos grupos, no alimentándolos.

Casi cada ataque terrorista en Occidente tuvo alguna conexión con Arabia Saudita. Virtualmente, ninguno fue relacionado con Irán.

Tump adoptó la actitud saudita en cuanto al terrorismo, la cual desvía cualquier culpa del reino y la redirecciona hacia Irán.

Los sauditas respaldaron a los negociadores sin experiencia de Trump con atención, ventas de armas y donaciones a un fondo del World Bank que Ivanka Trump está liderando.

(El entonces candidato Trump escribió en un post de Facebook en el año 2016: “Arabia Saudita y varios de los países que dieron más del 94% del dinero a la fundación Clinton quieren a las mujeres como esclavas y matar a los homosexuales. ¡Hillary debe devolver todo el dinero de esos países!”. En resumen, los sauditas jugaron con Trump.

Estados Unidos se adhirió ahora a la política exterior de Arabia Saudita; una serie incesante de batallas contra los chiitas y sus aliados por el Oriente Medio.

Esto enredará a Washington en una lucha sectaria sin fin, alimentará la inestabilidad regional y complicará sus lazos con países como Irak, que quieren buenas relaciones con ambos bandos.

Pero lo más importante es que no hará nada para abordar la amenaza directa y corriente a los estadounidenses: el terrorismo yihadista.

Pensé que la política exterior de Trump colocaría a Estados Unidos en el primer lugar, no a Arabia Saudita.