Cómo cazar nubes para saciar ciudades sedientas

Los "caza nieblas" o "caza nubes" son un sistema de redes de nylon conectadas a colectores que tienen la función de atrapar la humedad proveniente de la niebla

Por Alejandro Javier López-Lamia, Especialista Líder de la División de Gestión Fiscal, Municipal y Desarrollo Urbano (FMM) del BID.

Cuenta la mitología inca que el dios Kon, quien pobló la tierra de seres humanos, castigó a sus descendientes por olvidar rendirle culto con una sequía que transformó en desiertos las zonas costeras del Perú.

Cuatro mil años después de que los incas comenzaran a rendirle los tributos exigidos por Kon para apaciguarlo y recibir la lluvia, los habitantes del imperio inca del siglo XXI, desde Perú hasta Chile ahora no solo oran, sino que también cazan las nubes para saciar su sed, por lo menos en parte.

No se trata de una alucinación. Si no hay pozos cercanos y tampoco llueve, entonces lo que queda es, literalmente, cazar nubes para sacarles la humedad y saciar la sed de las ciudades.

Los “caza nubes” o también llamados “caza nieblas” son en realidad un sistema simple de redes de nylon sujetadas en un marco con forma de pantalla gigante, conectadas a colectores (léase canaletas, tubos y tanques), las que tienen la función de atrapar la humedad proveniente de la niebla. Esta es una técnica ancestral cada vez más utilizada en las zonas altas periurbanas de Lima, la segunda capital más grande del mundo ubicada en una zona totalmente desértica, después de El Cairo.

Vastas zonas periurbanas con familias de menores ingresos quedan a merced de mecanismos alternativos para obtener agua, como a través de camiones tanqueros o cisternas, los que terminan, entre otras cosas, diezmando los bolsillos de sus moradores.

Los caza nubes, o caza niebla, son una alternativa a la extracción de agua de pozos o captación de agua lluvia. Foto de Susan Wolf, via Flick.

Lima tiene una población de casi 9 millones de habitantes y por esta razón se encuentra expuesta frecuentemente a racionamientos de agua. En particular, los 2 millones de habitantes que viven en los barrios más precarios y alejados de la ciudad, los que se encuentran por encima de los 1.000 metros sobre el nivel del mar, donde el suministro público de agua es casi inexistente.

Las lluvias raramente caen en estas áreas montañosas. Parahacernos una mejor idea, la precipitación pluvial en Lima es de 1,5 centímetros anuales. Por ello, los limeños tienen que obtener su agua de los lagos interandinos, los que se encuentran a cientos de quilómetros de la capital. Sin embargo, cada invierno, entre los meses de junio a noviembre, densas nubles se trasladan desde el Océano Pacífico hacia los Andes, cubriéndolos con un majestuoso manto de neblina.

Con unos pocos miles de dólares y trabajo voluntario, estos barrios periurbanos pueden instalar sus “cazadores de nubes,” los cuales pueden llegar a recolectar entre 200 y 600 litros de agua al día, sin que haya caído una sola gota de lluvia. El agua recolectada es tan pura que puede ser utilizada para necesidades domésticas, así como para riego de cultivos caseros.

Chile también tiene una experiencia en utilizar esta técnica en las zonas costeras del desierto de Atacama, la zona más árida del planeta, como se muestra en este video, publicado por el portal oficial de Chile.

Estas son muy buenas noticias, ya que las familias de estos barrios están obligadas a comprar el agua a los camiones tanqueros que suben sólo entre una a dos veces por semana a estas altitudes. Si bien este tipo de provisión informal de agua cubre una necesidad vital que el sector público no ha podido subsanar, uno de los problemas cruciales es que los moradores de estos barrios terminan pagando casi 10 veces más por litro que aquellos que viven en las comunidades conectadas a la red municipal. Imaginen que para una familia con 4 integrantes, el costo semanal del agua oscila entre 7 y 10 dólares, lo que implica una suma exuberante, especialmente cuando consideramos que el promedio de ingresos de estas familias es de 40 dólares semanales.

Sabemos que los cazadores de nubes no podrán convertirse en una solución práctica a gran escala y para todas las áreas periurbanas. Sin embargo, para ciertas comunidades ubicadas en zonas áridas que no pueden acceder al agua a través de pozos, lluvia o un río, este ingenioso, económico y ecológico sistema de redes puede hacer una enorme diferencia en la vida de sus moradores.


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