¿Cómo fue la gestión de Bocca en el Sodre?

Los logros y obstáculos de la persona que llevó al Ballet del Sodre a niveles que superaron su añorado apogeo anterior
De bailarinas a cisnes

Montevideo, antes que nada, le supuso un descanso. Un alejamiento del ritmo de Buenos Aires, la ciudad que lo había visto colgar sus zapatillas de punta en 2007, pero que lo seguía intoxicando con el recuerdo de 27 años de ensayos, funciones y giras. Sin embargo, en 2010, la ciudad que le permitió a Julio Bocca tomar un merecido reposo pasó a simbolizar uno de sus mayores desafíos: aceptar la dirección de una compañía de danza nacional.

Aquel año, tras ser designado por el entonces presidente José Mujica, Bocca asumió la dirección artística del Ballet Nacional del Sodre (BNS), en la que se mantuvo hasta la semana pasada, cuando un pedido prolongado de licencia sorprendió a autoridades, medios y público por igual.
En el inicio, con un flamante auditorio inaugurado pocos meses antes, Bocca introdujo una mezcla de innovación y disciplina que le permitió al cuerpo de danza superar los niveles de un Uruguay pasado, aquel de las mentadas "vacas gordas".

2010

"Voy a dedicarme a lo que más me gusta: dirigir y enseñar", dijo Bocca durante su presentación como director artístico del BNS, en el mismo año en el que la compañía cumplía 75 años. En aquella primera aparición, en marzo de 2010, los objetivos ya estaban claros. Bocca trabajaba en un organigrama a tres años con espectáculos, convenios e invitados especiales, pero, sobre todo, giras internacionales y locales.

A solo dos meses, esas promesas tomaban forma y el BNS aprendía a elevarse una vez más. Sin embargo, con 10 funciones de Giselle pautadas en el Auditorio Adela Reta, los problemas no tardaron en llegar. Un paro de la Confederación de Organizaciones de Funcionarios del Estado (COFE) obligó a la compañía a suspender una fecha de la obra, en agosto, pero, como aseguró Bocca, sería "la primera y la última vez". Esa determinación, junto al apoyo de autoridades, incluido Mujica, le permitieron sortear un segundo paro, pocos meses después.

Una gira por 15 ciudades del interior también fue parte del nuevo comienzo, con gradas de canchas repletas en las que la democratización del ballet uruguayo comenzaba a ser una realidad.

2011

El año siguiente, ese mismo movimiento logró abarcar distancias mayores, de la mano de la primera gira europea del BNS, por España e Italia. "Para nosotros es como cuando Uruguay llegó a cuartos en el Mundial", dijo el exbailarín argentino en aquel entonces.

En ese mismo ritmo, las audiciones se regularizaban, con bailarines de Europa, América Latina y Asia, y la agenda empezaba a ampliar su repertorio, al pasar del Giselle de 2010 a Un tranvía llamado deseo, El corsario y El cascanueces, así como galas con fragmentos variados.

Los pasos del BNS retumbaban tanto fuera como dentro del país, y en diciembre de 2011, con una participación estelar en los festejos del Bicentenario, el ballet consagraba su lugar. Aquella presentación junto a la murga Agarrate Catalina no solo lo puso al nivel de una de las expresiones culturales más importantes del país, sino que le devolvió el patrimonio perdido, al permitirle presentarse en las canteras del Parque Rodó, como lo había hecho medio siglo antes.

2012

Pese a la relevancia revivida, faltaba otro nombre que, desde el escenario, acompañara la notoriedad de Bocca. En abril de 2012, la incorporación de la bailarina María Noel Riccetto al elenco del BNS fue uno de los mayores hitos del maestro argentino, que, entre sus reivindicaciones, logró devolverle a Uruguay una de sus mejores bailarinas, hasta entonces solista del American Ballet Theatre. "Él no tuvo que convencerme: siempre me tentó la idea de trabajar con él y que me dirigiera", admitió entonces Riccetto.

2013

La programación del BNS, que llevó a la reinstauración de la venta de abonos del Sodre, comenzó a nutrirse de algunos de los ballets modernos de mayor relevancia, convirtiendo a la compañía en la segunda de América Latina en presentar obras de William Forsythe y Jiri Kylian, difíciles de conseguir por las autorizaciones que precisan.

Los pasos de aquellos mismos coreógrafos acompañaron al BNS en su primera presentación en el Teatro Colón de Buenos Aires, un retorno diferente para el hijo pródigo. Empero, los conflictos volvieron, esta vez de la mano de la Orquesta del Sodre, cuyo primer violín tildó a Bocca de "dictador" en pleno conflicto salarial.

2014

Los contactos internacionales tuvieron un momento trascendente en 2014, con la participación de Bocca y Riccetto en una delegación oficial que viajó a Estados Unidos. El diálogo con el Kennedy Center se sumó a conversaciones con el Teatro Bolshói sobre un posible acuerdo de cooperación mutua.

2015

El año siguiente, no obstante, fue el de los grandes estrenos para el elenco de 76 bailarines. La producción local Episodios nocturnos coreográficos, que revisitaba la primera obra montada por el BNS, repetía una experiencia colaborativa ya lograda en 2012 entre Jorge Drexler y Martín Inthamoussú. Sin embargo, el hito máximo fue la producción más ambiciosa del Sodre, Romeo y Julieta, poco después de su gala de 80o aniversario, que subió el nivel tanto de bailarines como del taller de escenografía, que desde 2013 produce telones, utilería y decorado en el ámbito local.
Hacia fines de 2015, Bocca contemplaba la renovación de su contrato, que efectivamente se concretó, con validez por un año más. "Me gustaría continuar, estoy cómodo, feliz", dijo a El Observador en octubre. "Pero hay cansancio por luchar siempre con las mismas cosas en nuestros países, que avanzás y retrocedés. Nunca aprendemos de las cosas buenas, nunca las aprovechamos".


Populares de la sección

Acerca del autor