Cómo presentar una idea

Para muchas personas hablar en público es lo más cercano al ahogamiento. En este For Dummies les dejamos tres comportamientos a evitar y tres claves que no pueden faltar para dar una charla exitosa.
Por Daniel Ríos, director de Post Media Training


"Hay investigaciones que demuestran que el 85% de nuestro éxito depende de nuestras habilidades de relación y comunicación". La cita corresponde a Zig Ziglar, autor y orador reconocido en el campo del liderazgo. Pero en última instancia, ¿de qué depende el triunfo o el fracaso de una idea? Seguramente haga falta que la idea sea buena, que haya talento y trabajo detrás, pero también es necesario saber comunicarla. Una idea que no consigue adeptos tiene una esperanza de vida corta. Es por eso que conocer algunas claves para compartir ideas es imprescindible para aquellos y aquellas que estén embarcados en su propio emprendimiento o deseen llevar su carrera al siguiente nivel.

Los tres errores más comunes

Aunque se podría escribir un libro sobre los errores que más se repiten, hay algunos que sobresalen y suelen ser los que logran volver inútil y aburrida cualquier presentación. Casualmente, muchas de las equivocaciones provienen del mal uso del popular PowerPoint.

Hacer trencitos

El objetivo de un programa como PowerPoint es proveer al orador de un apoyo visual a la hora de anclar los puntos importantes. Aquello de que "una imagen vale más que mil palabras" se vuelve software con el PPT. Sin embargo, muchos ven en él un "trencito 2.0". En pocas palabras, todo lo que deberían aprender, recordar y ensayar, lo ponen en la presentación. Eso de por sí ya es malo, pero lo peor es leerle textual a la audiencia lo que uno ha escrito en el "trencito". Si todo tu contenido está en slides, entonces el público (sean dos o mil personas) pensará: "La próxima vez no vengo y pido que me mande el PPT" o "Sé leer solo, no sé por qué esta persona me está leyendo en voz alta".

Intentar copiar a otros

Está lleno de oradores excelentes, sobre todo en internet. Muchos libros y videos dicen exactamente cómo hablar igual que Barack Obama, cómo moverse igual que los campeones del mundo de la oratoria o cómo usar figuras retóricas para hacer discursos más floridos. No quiere decir que no podamos aprender de todo ello, sin embargo, no hay nada que comunique tanto como la naturalidad levemente perfeccionada para no cometer errores. La perfección no comunica porque ninguno de nosotros es perfecto ni busca serlo. Es la sinceridad la que logra conectarnos con los otros. El expresidente José Mujica es un buen ejemplo sobre el valor de lo no perfecto. Su hablar dista mucho de lo académico, sin embargo, logró conectar tremendamente con las masas aquí y en otros lugares del mundo. Desconfía de quienes quieran entrenar tus manos para hacerte parecer a una coreografía de ti mismo.

Quedarse vacío

No hay nada más aburrido que alguien que lo dice todo y, por lo general, con presentaciones demasiado largas y tediosas. En realidad, el problema con este tipo de oradores es que no le están hablando al público, están contando lo mucho que saben sobre un tema determinado. Afortunadamente, la cura para elegir los contenidos no es complicada. Una de las preguntas que podemos hacernos es: ¿qué de todo lo que sé respecto a un tema es de interés para las personas que me escucharán? Todo lo que cumpla con la doble condición de ser un tema dominado y además de interés para la audiencia puede entrar en una presentación. Todo lo que no aporte, sin importar cuanto nos entusiasme, debe quedar por fuera. Hay que saber soltar.

Lo que marca la diferencia

En el punto anterior vimos una forma de seleccionar contenidos de manera tal de enfocarnos en la audiencia. Aquí van otras herramientas complementarias.

Conocer al público

Existe una serie de preguntas respecto al público que debemos hacernos y que son claves para poder ponernos del otro lado del mostrador.

-¿Por qué están aquí? Puede ser que estén obligados, para hacer negocios o que busquen reírse un rato y aprender algo liviano. Si sabemos quién es nuestro público, será mucho más sencillo llegar a ellos.

-¿A qué le tienen miedo? Si voy a presentar un plan de acción o un proyecto de inversión, por ejemplo, ¿cuál es la mayor preocupación de mi audiencia? Debo evacuar ese miedo durante la presentación.

-¿Cuánto saben del tema en cuestión? Los conocimientos previos van a determinar mi lenguaje, los ejemplos que puedo utilizar y los argumentos a presentar. Si mi público tiene poco conocimiento de la temática sobre la que voy a hablar, deberé adecuar mi discurso a ellos, para no perder su atención en el camino.

El silencio es sagrado

Una frase atribuida al escritor norteamericano Mark Twain, dice: "Los oradores se dividen en dos: los que se ponen nerviosos y los mentirosos". Usualmente, los oradores más nerviosos son los que hablan más rápido. Simplemente su cerebro percibe una situación de "peligro" y trata de sacarlos de allí lo antes posible. El primer problema con hablar demasiado rápido es que la gente no nos entiende, el segundo es que nos entiende pero no nos comprende.

El silencio es el arma secreta de muchos de los mejores oradores. Hacer dos segundos de silencio permite a nuestro auditorio interiorizar lo que decimos y procesarlo. Además, los deja descansar de nuestra presencia durante un tiempo prudente. Si no paramos, paran ellos y se desconectarán aunque no lo notemos.

Enfocarse en los beneficios

Muchos presentadores, sobre todo aquellos que trabajan en el mundo de la tecnología de la información, centran sus exposiciones en contar cuán revolucionario es el nuevo software que acaban de terminar y luego detallan la genialidad de su obra. Usualmente los procesos y las características de un producto son muy importantes para el fabricante y no tanto para quien lo escuchará o comprará. Un ejemplo práctico: Steve Jobs al presentar el primer iPod repitió una y otra vez que este tenía la capacidad de cargar en un solo dispositivo toda la música que usualmente escuchan las personas. Si eso implicaba una memoria de 8GB, no importaba. Lo importante era poder llevar todas las canciones en un solo bolsillo. Eso es enfocarse en los beneficios y no en las características.

Pequeños consejos

La timidez

Para superar la timidez al enfrentarse a una presentación se debe tener en cuenta que la exposición no es sobre nosotros, las personas no están allí para evaluarnos como producto sino las ideas que vamos a presentar.

Lenguaje corporal

Steve Jobs, uno de los mejores presentadores de los últimos tiempos, en muchos casos desobedece algunas reglas escritas con respecto a cómo pararse y moverse en público. Sin embargo, Jobs era un obsesivo de la práctica. Se trata de encontrar tu forma de fluir y evitar errores para transferir tu energía y calma al auditorio. Cada presentación es una transferencia de energía. No lo dudes.

La práctica NO hace al maestro

Así como suena. Si practicamos sin el asesoramiento adecuado, si lo hacemos sin alguien que nos marque nuestras fortalezas y debilidades, en ese caso la práctica puede ser perjudicial. De hecho, estaremos aferrándonos aun más a nuestros errores y los haremos un hábito. Practicar es muy necesario, pero se debe hacer luego de recibir las indicaciones correctas para ir por el buen