“Con Uber no te hacés millonario”

Una charla con un conductor desencantado, que trabaja más de 12 horas al día y al que las cuentas no le cierran. Mi primer viaje en Uber.

Faltan unos minutos para las 7 de la mañana pero todavía es de noche. Un auto oscuro avanza lento y se detiene frente a casa. Quien mira la escena puede pensar que me viene a buscar un amigo, un familiar o un compañero de trabajo. Pero no: el chofer –a quien llamaré Fabio, aunque ese no es su nombre real- trabaja para Uber y este es mi primer viaje mediante la polémica aplicación que se ha convertido en la enemiga número de la patronal del taxi, con Oscar Dourado a la cabeza.

Me siento adelante y Fabio lo agradece. Resulta que cuando el pasajero se sienta atrás el auto de Uber queda muy expuesto ante algún posible taxista enojado. Y, claro, son situaciones que es mejor evitar.

Voy hasta mi trabajo en el barrio de La Aguada y le sugiero tomar Gabriel Pereira, Rivera y luego Fernández Crespo, pero –primera sorpresa- Fabio no tiene mucha idea de las calles porque es del interior y hace pocos meses que vive en Montevideo.

-¿Tengo que agarrar Rivera y Fernández Crespo, me dijiste? -pregunta, y de fondo suena 11 y 6 de Fito Páez.

Le digo que sí y lo voy guiando, para evitar que esté pendiente de la voz española que habla desde el GPS.

-¿Cómo marcha Uber? –le pregunto, para sacar charla.

-Y tranqui. Al principio estaba bueno, no parabas nunca. Ahora está más tranquilo el trabajo, porque hay muchos más choferes. Entonces hay que hacer más horas. Pero es parte del juego.

Fabio trabaja más de 12 horas por día, generalmente con un corte en el medio. Se mueve más que nada en Pocitos y el Centro, que es donde hay más usuarios de Uber. Los fines de semana sigue de largo toda la noche pero dice que está un poco cansado de los muchachos que suben borrachos, “entequilados”, que cantan y a veces golpean el auto.

-¿Pero pensás seguir trabajando en Uber?

-Voy a ver. Si sigue bajando así no tiene mucha gracia –admite-. Somos demasiados conductores.

-¿Cuántos hay?

-No sabemos bien, no está muy blanqueado con todo el lío de los taxistas.

-Es la primera vez que tomo Uber –le cuento-. Me dijeron que es bastante más barato.

-Ah sí, bastante más barato, te conviene. Lo que en un taxi te vale 250, acá te vale 160 por ahí –argumenta.

El auto toma Rivera y yo me siento raro, como con la culpa de estar participando de algo clandestino, avalando un proyecto que de alguna manera compite en forma desleal con el taxi. Pero que al mismo tiempo tiene cosas muy buenas: deja a la vista una larga lista de defectos del servicio de taxi en Uruguay, como la nefasta mampara, el precio elevado y el mal estado de muchas unidades.

-¿Vos con los tacheros no has tenido líos? –lo pincho.

-Yo no, pero tengo un amigo que sí. Es medio flacucho y lo vieron levantar a una mujer. Le tiraron el auto adelante y le dieron unas patadas en el coche. Se lo abolló todo.

La señorita del GPS le avisa que siga por “la avenida Daniel Fernández Crespo”, a mi gusto una de las calles más decadentes del centro de Montevideo. Lo iba a comentar con Fabio pero él sigue con el tema de las tiranteces con los taxistas.

-El problema de Uber es la falta de regulación –le digo yo-. De alguna manera está compitiendo en forma algo desleal con los taxis, que pagan impuestos y tienen controles.

-Pero es relativo lo de los impuestos, tiene mucho subsidio el taxi. Y controles de la intendencia, mínimos –se ríe-. Subís a un auto y está hecho pelota.

-Eso es verdad –admito, y recuerdo que muchas veces subí a taxis donde los cinturones de seguridad funcionan mal, por ejemplo.

-Hay más de 1.200 taxis citados a la inspección vehicular y no van – sigue Fabio-. Y mirá que Uber es una empresa muy grande, pagar impuestos es lo de menos para ellos.

Ahora en la radio suena One de U2. Amanece en Montevideo, la noche queda atrás.

-¿Cuánto sacás de cada viaje?

-Uber se queda con el 25%.

-¿El resto es todo para vos?

-Sí.

-Bastante bien –le digo.

-Pero mirá que tenés como el 35% de combustible y tenés que calcular otro 10% de desgaste de cubiertas. Las calles de Montevideo te aflojan todo el auto –dice-. Ayer hice solo ocho viajes, descontás el combustible y no tiene gracia, no te queda nada.

Se hace un silencio. Y viene la reflexión que cerrará la charla.

- Yo sinceramente no la veo como un golazo. No te hacés millonario. Tenés que meter horas como loco –me cuenta.

Bajo del coche y nos saludamos con Fabio. La aplicación dice que el viaje me costará 145 pesos. Si me hubiera tomado un taxi me hubiera salido cerca de 170 pesos. No está mal, son casi 30 pesos menos, pienso.

Pero un días más tarde me llega el cobro al estado de cuenta de la tarjeta y me llevo una pequeña desilusión: dice que el viaje salió 4,92 dólares, lo que serían 158 pesos.

Me siento algo estafado, aunque sean apenas 13 pesos de diferencia.

Tendré que meditar si sigo confiando en Uber o vuelvo al taxi, que es como ese viejo amigo al que uno ya no soporta pero -en el fondo- sigue queriendo.


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