Con un ojo en el 2019

Es evidente que el FA está en problemas, pero de ahí a que pierda el poder en las próximas elecciones hay un largo trecho

*Doctor en Ciencia Política, docente e investigador en el Instituto de Ciencia Política, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República / adolfogarce@gmail.com

Hace tiempo que no hacemos el esfuerzo de especular con escenarios electorales. En ese sentido noviembre, mes de elecciones y balotajes, nos ofrece un excelente pretexto. ¿Qué podemos afirmar ahora, a tres años de la próxima elección nacional? Admito que no mucho. A lo sumo que hace décadas que no existe en Uruguay tanta incertidumbre respecto al desenlace. En las últimas tres elecciones, 2014, 2009 y 2004, aunque con tendencia decreciente, el Frente Amplio fue el claro favorito. Tampoco se precisaba mucha imaginación para suponer que, en 1999, la coalición de colorados y blancos terminaría siendo reelecta. Por tanto, hay que remontarse a 1994, a ese insólito triple empate, para encontrar un escenario de resultado incierto. Reina la incertidumbre. Es evidente que el FA está en problemas, pero de ahí a que pierda el poder en las próximas elecciones hay un largo trecho.

Es obvio que se terminó la fiesta. La economía bajó tres cambios. Es probable, sostienen los entendidos, que recobre dinamismo el año próximo. Nadie se atreve a decir qué puede pasar en el 2019. Un supuesto razonable sería que pueden descartarse los extremos: ni recesión aguda, ni crecimiento explosivo. En el terreno de las políticas públicas el gobierno arrastra al menos dos problemas graves: seguridad y educación. Aunque la preocupación ciudadana por la inseguridad no amaina, el presidente se empecina en mantener el rumbo: contra viento y marea, sigue confiando en la orientación del binomio ministerial Bonomi-Vázquez. En educación, a pesar de diagnósticos y advertencias de los expertos, no hay señales de innovaciones sustantivas. Las sospechas de corrupción se multiplican. El FA empieza a mancharse: el trámite de la liquidación de Pluna instaló sospechas, el déficit de ANCAP las alimentó, los negocios de la empresa Aire Fresco en Venezuela amplificaron la indignación…

En el otro platillo de la balanza el partido de gobierno tiene todavía muy poco para mostrar. Es posible que, cuando llegue el momento, pueda presentar algunas realizaciones en temas importantes desde la apertura comercial a la implementación del Sistema Nacional de Cuidados. Pero será poco, muy poco, mucho menos que lo que pudo exhibir por ejemplo al finalizar el primer mandato de Vázquez. El balance del tercer gobierno será magro. Nadie debería asombrarse si el FA, por tanto, termina perdiendo la mayoría parlamentaria. Podrá perder algún senador y varios diputados. Pero de aquí no se deduce automáticamente que vaya a perder también la Presidencia. El resultado final de la elección presidencial dependerá, en esencia, de las coaliciones electorales que se tejan. A su vez, las coaliciones dependerán en buena medida de las candidaturas presidenciales que presenten los principales partidos.

Permítanme poner un ejemplo sencillo para ilustrar este argumento. Imaginemos un escenario de balotaje en el que se enfrentan José Mujica y Jorge Larrañaga. Nadie debería asombrarse de ver a Unidad Popular apoyando a Mujica y todos los demás partidos de oposición respaldando a Larrañaga. Pero no estoy tan seguro de cómo se alinearían los respaldos si la opción fuera, por ejemplo, entre Danilo Astori y Luis Lacalle Pou (o Pedro Bordaberry). No es evidente que los dirigentes y votantes de la UP decidan apoyar a Astori, dado que le asignan una responsabilidad decisiva en el alejamiento del FA respecto a su propia tradición “antioligárquica y antiimperialista”. No es evidente que el Partido Independiente prefiera respaldar a Lacalle Pou. Más allá de simpatías y antipatías en el plano personal, más allá de afinidades generacionales y coincidencias en la crítica a diversas políticas del FA, en términos estrictamente ideológicos los independientes están más cerca del actual ministro de Economía que del líder nacionalista.

¿El resultado final de la elección dependerá de la evolución de la economía? En parte sí, como siempre. La importancia de la economía será decisiva en los dos casos extremos, nuevo boom económico (como en el primer decenio de la Era Progresista) o recesión aguda (acompañada, por ejemplo, de inflación). Ninguna de estas alternativas es imposible, pero parecen realmente poco probables. Por tanto, y si el razonamiento anterior es correcto, será mucho más importante la dinámica política que la situación económica. Cuando llegue el momento, ganará la elección el que logre tejer la mejor coalición. Ganará el que se las ingenie para formular la mejor agenda de gobierno, el que logre articular el mejor balance entre la persistente demanda de igualdad que circula en nuestra sociedad y la creciente exigencia de mejores condiciones para los negocios que viene asomando en el mundo empresarial. Ganará el que ofrezca la garantía más creíble de estabilidad política. A ninguna de las dos posibles coaliciones le resultará sencillo prometer gobernabilidad. El FA tiene profundas diferencias internas y las exhibe cada vez con menos pudor. Un gobierno opositor tampoco tendría, desde este punto de vista, un escenario sencillo. Imaginen un gabinete multicolor, blanco, colorado, violeta y verde manzana, y al PIT-CNT en la vereda de enfrente, decidido a luchar contra el “neoliberalismo”.


Populares de la sección

Acerca del autor