Conferencias sin preguntas: una decisión que se está haciendo costumbre

¿Qué hacer cuando una figura pública no permite interrogantes?
Lo hizo el vicepresidente Raúl Sendic, cuando intentó explicar su título de licenciado en genética humana que aún no mostró; lo hizo el dirigente sindical José Lorenzo López, cuando un video mostró a funcionarios del Sirpa golpeando a adolescentes infractores. Lo hicieron el intendente de Montevideo Daniel Martínez y el dirigente Edgardo Novick cuando acordaron votar un Fondo de Capital para financiar obras; lo hizo el presidente Tabaré Vázquez cuando en enero recibió en Colonia a su colega argentino Mauricio Macri y volvió a hacerlo cuando llegó el presidente francés, Fracoise Hollande.
Lo hizo el exintendente de Paysandú, Bertil Bentos, cuando su sucesor ordenó una auditoria de su administración. Lo hizo la bancada de diputados del Frente Amplio que pidió cambios en la Rendición de Cuentas. Lo hizo la dirigencia de Peñarol cuando se quejó de la sanción por los incidentes de sus hinchas en el clásico y esta semana, lo volvió a hacer Novick para criticar al ministro del Interior, Eduardo Bonomi.

¿Qué fue lo que hicieron todos ellos? No aceptaron preguntas de los periodistas cuando convocaron a conferencia de prensa.
Esos casos ocurrieron desde agosto de 2015 y antes hubo otros. Los más notorios en el pasado cercano fueron las distintas conferencias en el gobierno de José Mujica sobre la aerolínea PLUNA, que cerró y dejó un tendal de deudas, además de jerarcas y empresarios procesados. Ahí también se esquivaron las preguntas.

Y en la discusión se cruzan varios derechos.
Está el derecho de la ciudadanía a estar informada, está el derecho que tiene un jerarca o cualquier persona pública a no responder, está el derecho de un periodista a preguntar –algo que está en la base de su trabajo– y está el derecho de los medios a cubrir o no un evento.

Lo ocurrido con Novick el jueves pasado fue el disparador del debate. El líder del Partido de la Gente convocó a la prensa a una conferencia para responder una acusación del ministro del Interior, Eduardo Bonomi, y habló directamente a las cámaras. No quiso responder a los periodistas e incluso le recriminó a Ignacio Romero, de canal 4, por haberlo interrumpido.

Por el caso de Novick –el hecho de no aceptar preguntas cundo llamó a los medios–, la Asociación de la Prensa (APU), emitió un comunicado en el que rechazó el proceder del político ante el trabajo periodístico.

En el comunicado afirmó que "varios de los periodistas presentes se quejaron con razón por no poder realizar preguntas. Este tipo de actitud constituye un claro caso de obstrucción del trabajo periodístico, implica una limitante a la libertad de expresión y afecta la calidad de la información que recibe la población", señaló el gremio.

Victoria Alfaro, presidenta de la Asociación de la Prensa, comentó a El Observador que antes de lo de Novick estuvo el caso de Peñarol, también mencionado en el comunicado, donde su directiva y los jugadores del plantel principal reunieron a la prensa en el estadio Campeón del Siglo y sin aceptar preguntas dieron su opinión sobre las sanciones que recibía el club. "Lo de Novick tuvo de particular que increpó a un periodista y eso no se puede tolerar", comentó Alfaro a El Observador al explicar la emisión del comunicado.

El viernes, el Consejo Directivo de APU empezó a discutir la redacción de un protocolo para "sugerir" a los periodistas cómo actuar en estos casos.
Varios periodistas, dijo Alfaro, le hicieron saber su temor de que esta práctica se generalice. La gremial "estará atenta" y denunciará esos hechos. Un anterior comunicado de APU, de marzo de 2016, fue crítico de la opinión del Plenario del Frente Amplio que acusó a la oposición y a los medios de comunicación de "debilitar la institucionalidad democrática del país", recordó Alfaro.

Reglas claras

La discusión que se dio en las últimas horas en redacciones y redes sociales ronda en si aceptar cubrir conferencias en las que no se puede preguntar, o directamente no ir y dejar así a la población sin la opinión de quienes están en cargos relevantes.
Claudio Paolillo, director del semanario Búsqueda y miembro del Comité Ejecutivo de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) opinó que "el error" es llamar a conferencia de prensa y dar una declaración.

"Es legítimo", dijo a El Observador, que un político o un empresario anuncie que quiere dar una declaración que le parece importante y avise que no aceptará preguntas. En ese caso el medio decidirá si va o espera a recibir el comunicado.
"Pero cuando se llama a conferencia con los medios, va de suyo que habrá preguntas de los periodistas", dijo Paolillo, quien reclamó "no confundir conferencias de prensa con una declaración".
Si uno va a una conferencia y los periodistas no pueden preguntar "claro que molesta porque hubo un engaño".

Opinó que si fuera director de un canal, donde la imagen es primordial, igual mandaría un periodista a cubrir "la conferencia" porque también importa la gestualidad de quien la de o hasta el tono de voz.
Contó también que en Estados Unidos, el vocero de la Casa Blanca anuncia previamente que el presidente va a hacer un anuncio, o si aceptará preguntas y las reglas están claras.

Un caso de aviso previo se dio cuando el presidente del Frente Amplio, Javier Miranda, convocó a la prensa para leer una declaración, y anticipó que no aceptaría preguntas. Lo hizo cuando la oposición, a pesar de no tener los votos, impulsó una censura a Bonomi a través de artículos de la Constitución que en última instancia podían derivar en la disolución de las cámaras parlamentarias.

"Falta de respeto"

Daniel Mazzone, Coordinador Académico de Periodismo de la Universidad ORT, dijo que las conferencias sin preguntas son "un fenómeno que se está generalizando". Convocar a conferencia y mantener una actitud hermética sin el contrapeso de las preguntas, "es una gran falta de respeto a los periodistas y a la ciudadanía", opinó.

"Los periodistas están legitimados por la ciudadanía para cumplir esa función de interpelar a las autoridades o dirigentes", comentó Mazzone a El Observador.

En su opinión, la prensa debe cubrir todas las conferencias "sean o no abiertas" pero en caso de que no se acepten preguntas, "hay que denunciarlo". "Los que hacen esas convocatorias y luego se limitan a dar una declaración tienen una actitud poco democrática", dijo. Mazzone consideró fundamental que la sociedad o entienda para que esas actitudes no sean toleradas.

Álvaro Pérez, coordinador del área periodismo de la Universidad de Montevideo, dijo a El Observador que lo que ocurre en Uruguay se da también en otros países y en todos los casos "es una mala noticia para los periodistas y los ciudadanos". Cuando una figura pública no acepta preguntas, "se ataca a la profesión y se va en contra de lo que es la esencia del periodismo que es preguntar".
¿Qué hacer entonces?, le preguntó El Observador. "Plantarse y no ir es una opción ideal", dijo, pero no se puede vivir en lo abstracto sino que hay que estar en la realidad. Si todos los periodistas se ponen de acuerdo y lo hacen (no ir a esas convocatorias) entonces funcionará. De lo contrario no.
Para que la población no sea privada de una opinión, por una decisión de los periodistas de no cubrir una conferencia, un camino es que el candidato que quiera pasar un mensaje, "que es como publicitario", dijo Pérez, "remita un comunicado o un video a los canales".

"Cuando un periodista no puede preguntar, en última instancia pierde la calidad de la información y por tanto la población", opinó el coordinador de periodismo de la Universidad de Montevideo.


El plasma de Rajoy


En España se dio lo que los periodistas empezaron a llamar críticamente el "Plasma de Rajoy". Los comunicadores venían molestos con el presidente del gobierno de España, Mariano Rajoy, porque los evadía y en las conferencias no aceptaba preguntas. El colmo fue cuando llegaron a una sala donde el jerarca recibiría a los medios. En el lugar había sillas y una televisión plasma adelante. En la pantalla apareció Rajoy brindando una exposición obviamente dejando a los periodistas sin la chance de preguntar. De ahí surgió una corriente de críticas conocidas como "el plasma de Rajoy".

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