Conflicto de cerealeros pone en peligro exportación de soja

De no llegarse a un acuerdo mañana, la plantación estrella del país no encontrará salida

La Federación Uruguaya de Trabajadores de Empresas Cerealeras (Futec) bloqueó ayer el puerto de Nueva Palmira y varios silos en el litoral, buscando obtener una mejora salarial informa hoy El País.

La medida entró en una tregua hasta mañana a las 11:00, cuando los sindicalistas se reunirán con el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Tabaré Aguerre. En el caso de no llegar a un acuerdo se volverá a realizar bloqueos por tiempo indeterminado.

El costo de cada barco por día en puerto es de alrededor de US$ 20.000, por lo que, de transformarse en un conflicto prolongado, se traduciría en una pérdida considerable para los cargueros, además de la millonaria pérdida que significa no exportar la plantación estrella del país.  

De acuerdo a lo que establece el matutino, si bien en Río Negro y Soriano se tomaron medidas, el principal bloqueo se realizó en Colonia, ya que se impidió la carga de soja en medio de una exitosa zafra.

Esta medida se da tras seis meses de negociaciones en los consejos de salarios. Los trabajadores piden un 5% de mejoras mientras que las empresas ofrecen 2,9%.

Wilson Acosta integrante de Futec, dijo a El País: "Esto de tener a compañeros trabajando entre el polvillo y el veneno de los agroquímicos por $10.300 es algo realmente vergonzoso. Con esto buscamos llamar la atención de la patronal pero también del gobierno, de forma de tratar gradualmente acercarnos a la media canasta básica (…) Estamos ingresando en el sexto mes de negociación y no se ha logrado acuerdo con el sector del multimillonario negocio de los granos que solo ofrece un 2,9%", señaló el sindicalista.

Además, dijo que en los salarios no se refleja la riqueza del sector.

El oro verde en Uruguay

Los agricultores y todos quienes de ellos dependen tienen en estos días un ojo en el cielo y otro en las chacras. Y cuando no, miran la pantalla de la notebook para seguir la evolución del precio de la soja en la Bolsa de Chicago. De las lluvias depende buena parte de las divisas que ingresarán al país por el nuevo oro verde del campo uruguayo: la soja.

Los consultores privados estiman que el área cosechada en 2013 estará por encima del millón de hectáreas, considerando que tras la encuesta los precios internacionales y la demanda por soja siguen firmes y que, además, en la zafra de cultivos de invierno le fue muy mal al trigo. Así las cosas, muchos agricultores se jugaron todos los boletos a la soja plantando todo lo que pudieron para corregir los números en rojo que el trigo les dejó.

El año pasado, con datos ya oficiales, de 875,9 mil hectáreas se levantaron 2.112.000 toneladas con un rendimiento promedio de 2.390 kilos por hectárea. Si en el próximo otoño el rendimiento que se logra es solo levemente superior al del año pasado, se podrían recoger desde fines de marzo al menos 2,5 millones de toneladas de la oleaginosa, un nuevo récord.

El cultivo estrella en Uruguay, por otra parte, genera polémica por el manejo y uso de los suelos. Para la buena conservación de las tierras resulta fundamental el rastrojo –restos de tallos y hojas que quedan luego de la cosecha–, porque cubre la tierra y minimiza la erosión que provoca la lluvia. La soja tiene una particularidad: una vez que se extrae de la tierra no deja residuos. Eso es contraproducente si los productores abusan del cultivo y no aplican la rotación o secuencia apropiada intercalando soja con otra plantación.

Para la directora de Recursos Naturales y Renovables del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, Mariana Hill, lo fundamental de aquí a 50 años es “cómo meter la soja en el sistema y no basar el sistema en la soja”. La herramienta para alcanzar la meta se implementará a partir del invierno de 2013. El Plan de Uso y Manejo de Suelos llega para reordenar la normativa vigente y atacar de raíz a la producción cortoplacista. El objetivo es planificar los cultivos en función de la calidad de las tierras. En la primera etapa, se exigirá una declaración jurada a los productores de trigo o cebada que siembren más de 100 hectáreas. El plan consiste en comprometerse con una sucesión de cultivos y una forma de trabajo que no genere pérdidas por erosión mayores a lo que tolera cada pedazo del territorio.

Este texto se extrae de dos artículos publicados por de El Observador: "Cultivadores de soja esperan batir un nuevo récord de producción y exportación" y "Un día no dará más".


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