Consejero vs. yerno: la batalla por la atención del presidente

Steve Bannon y Jared Kushner, dos personas del entorno de Trump en la Casa Blanca, y una guerra abierta que trascendió a los medios
Si de algo se podía estar seguro con la presidencia de Donald Trump es que las intrigas de palacio iban a estar a la orden del día. Los medios dan cuenta de que, probablemente al ser proveniente de un mundo en el que la línea entre el reality show y la política están más juntos que nunca, el presidente de los Estados Unidos ha dado cabida a un séquito variopinto en el cual se conjugan diferentes tipos de motivaciones, una falta de dirección sinérgica en cuanto al desarrollo de políticas dos tipos de lealtades: la familiar, que según se cuenta sobre el presidente es uno de sus activos más preciados, y la operativa: aquellos que le han sido fieles incluso en la etapa más incendiaria de su campaña política.

Así, dos personas que trabajaron codo a codo durante la campaña no podrían ser más distintos. Steve Bannon es un ex militar de la marina naval y ex Harvard que también trabajó para Goldman Sachs y tuvo su propio fondo de inversiones -de hecho, se sabe que uno de sus grandes éxitos fue tomar parte del proyecto de la hiperpopular serie de TV Seinfeld como inversor. Pero Bannon es más conocido hoy en día por haber sido el factótum de Breitbart news, un sitio de noticias de marcado sesgo ultraderechista que en ocasiones ha abonado las teorías más absurdas sobre los competidores de Trump y además dado cabida a figuras como Milo Yiannopoulos, un profusor de consignas racistas que se justificaba a sí mismo asegurando que era gay y que iba contra lo "políticamente correcto".

Las proclamas nacionalistas de Bannon, que dice sin pelos en la lengua estar apuntando hacia un "etnoestado" en el que la raza blanca predomine en Estados Unidos, tuvieron a Breitbart como lanzadera. Y son estos puntos de vista, evocados por Trump durante la campaña, los que energizaron a una base de votantes que, según los análisis al final de la campaña, terminaron por darle a Trump los votos en el colegio electoral para ser presidente.

Pero quizá no del otro lado aunque con preferencias políticas menos claras y evidentes está Kushner, quien básicamente ha sido el confidente más cercano del presidente durante la campaña, y por momentos una de sus voces más tranquilizadoras. Como marido de su hija Ivanka y padre de dos de los nietos de Trump, Kushner ha sido un factor decisivo durante la campaña, en parte también por su alianza con Bannon, lo que de algún modo, mantenía a Trump concentrado y hacia la victoria.

Por el nivel de escándalos sucedidos en estos primeros 90 días de administración, la mayoría de las figuras cercanas a Trump son ya reconocibles: están las salidas de tono y errores conceptuales del vocero Sean Spicer, las intervenciones en prensa de la asesora de opinión pública Kellyanne Conway (quien llegó a citar atentados que nunca sucedieron y a acuñar el famoso concepto de "hechos alternativos" relacionado a números apócrifos sobre la asistencia a la asunción de Trump), las críticas al líder republicano (y representante del establishment del partido) Reince Priebus, las incendiarias reacciones de Stephen Miller, uno de los más jóvenes consejeros en política de Trump con 31 años, y la figura en ocasiones distante de las polémicas del vicepresidente Michael Pence, uno de los pocos integrantes del equipo con experiencia política. Pero tanto Bannon como Kushner son dos centros reales de poder en la administración Trump, señalan los análisis casi sin discusión, y sus posturas ahora son el centro de una guerra abierta.

En las pasadas semanas, publicaciones con acceso a fuente dentro de la Casa Blanca como Vanity Fair, presentan en reportajes la ruptura operacional e ideológica entre Bannon y Kushner, lo que según los pronósticos alejaría al referente de la "derecha alternativa" de los puestos de gobierno. Kushner ha ganado en relevancia y en tareas: su oficina es la más cercana al famoso Salón Oval y sus tareas en las últimas semanas van desde la instalación de una oficina para "modernizar" el funcionamiento de la Casa Blanca hasta viajar a Irak para encontrarse con los líderes de las tropas en ese país. En cambio, Bannon ha perdido su silla en el Consejo de Seguridad, una posición de la que disfrutó no más de 100 semanas y que causó alarma por sus visiones extremas de la política pública.

En los comienzos de la presidencia de Trump, se hablaba de una "desaparición" de Kushner tras la campaña, y de un gobierno que parecía más dirigido por Bannon que por nadie más. Bannon, que incñluso fue tapa en la revista Time en su momento por el poder e influencia que se asignaban dentro de la administración, fue señalado como el responsable por las dos órdenes ejecutivas contra la inmigración de musulmanes que fueron bloqueadas por jueces en Estados Unidos y quedaron sin efecto. Y en concreto, los reportes aseguran que Trump quedó muy afectado por un sketch del programa Saturday Night Live en el que Alec Baldwin lo representa jugando en un escritorio pequeño mientras que Bannon (caracterizado como una calavera terrorífica) domina el escritorio presidencial. Bannon se ha presentado a sí mismo como la voz del pueblo inconforme que puso a Trump en la Casa Blanca, algo que no agrada al presidente.

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Pero además, en la últimas semanas Trump de algún modo minimizó la relevancia de Bannon en su campaña electoral, asegurando que fue alguien que se sumó sobre el final de la misma. "Me gusta Steve pero hay que recordar que se sumó al final de mi campaña", dijo. De algún modo, tras la salida del asesor en seguridad nacional Michael Flynn por sus vinculaciones con Rusia sobre las que previamente había mentido, y del paso de Conway a un segundo plano tras sus bizarras apariciones televisivas, el tercero en la línea parece que será Bannon, el arquitecto de las medidas más populistas, extremas y reaccionarias que Trump tiene en la Casa Blanca.

Pero, ¿por qué Bannon va contra Kushner y por qué Kusnher y su esposa Ivanka lo quieren fuera de la Casa Blanca? En concreto, ambos ven a Bannon y sus proclamas como un síntoma de riesgo dentro de la Casa Blanca, mayormente en términos de imagen. También vuelan las acusaciones de que, a pesar de definirse como una administración anti-prensa, desde ambos bandos se "plantan" historias negativas sobre sus oponentes mientras el presidente reacciona con frecuencia a lo que sale en televisión. Ivanka y Kushner, de procedencia mayormente demócrata (los nombres de sus hijos evocan los de la familia Kennedy, por mencionar un ejemplo) son señalados por Bannon como representantes de un estilo "globalista" que muchos de los votantes de Trump no quieren para esta presidencia. Pero, como dice el New York Times esta semana, Trump se ha alejado marcadamente del enfoque populista que de él se esperaba. Además, Ivanka -cabeza de muchas operaciones económicas de la familia Trump- ha pasado a tener una oficina dentro del Ala Oeste, lo cual ratifica su importancia para Trump. En la opinión pública, la imagen de Ivanka y Kushner de algún modo es más aceptada, ya que se considera a ambos dos influencias que pueden contener los arrebatos más intensos de Trump a nivel político.

Saturday Night Live, en un sketch especial con el comediante y presentador Jimmy Fallon encarnando a Kushner, retrata el asunto de la guerra entre ambos bandos al estilo del Trump de sus épocas del reality El Aprendiz:

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Con cada uno de los integrantes del Ala Oeste intentando empujar sus propias agendas, la disfuncionalidad de la administración Trump, hasta no tener un rumbo definido seguirá siendo lo que reportarán los medios hasta nuevo aviso. Aún así, en este momento parece que, casi como siempre en el caso de Trump, la familia es la que al final prevalece.


Fuente: El Observador y agencias

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