Constituyente Chavista a dedo

El nuevo manotazo de Nicolás Maduro agrieta cualquier proyecto mediador
Al mismo tiempo que daba su beneplácito a la mediación ofrecida por el papa Francisco y ocho países de la Unasur, Nicolás Maduro le quitó todo sentido a la propuesta al convocar a una asamblea constituyente ilícita, con delegados elegidos a dedo para perpetuarse en el poder. El nuevo manotazo del chavismo agrieta de antemano el proyecto mediador que, según explicó la canciller argentina Susana Malcorra, buscaba fijar un calendario electoral, la restitución de la división de poderes y la liberación de presos políticos.

El plan, de todos modos, ya había nacido controvertido por la afirmación papal de que la oposición estaba dividida, percepción rechazada por la opositora Mesa de Unidad Democrática (MUD), que organiza a diario gigantescas manifestaciones de protesta en toda Venezuela.

La posibilidad de una salida negociada a la pavorosa crisis política y humanitaria que desangra el país se diluyó aun más con la convocatoria a una constituyente "popular, ciudadana y revolucionaria", que ignora el requisito de la elección de sus miembros por voto secreto de toda la ciudadanía. Maduro dijo que la mitad de los 500 delegados saldrán de sindicatos y otras organizaciones dominadas por el oficialismo, con lo que aseguraría la aprobación de una nueva Constitución a medida de las ambiciones chavistas.
El artilugio de Maduro para aferrarse al poder fue prontamente rechazado por la MUD, que lo calificó de "fraude constitucional" y continuación del golpe de Estado perpetrado por el sucesor de Hugo Chávez cuando anuló las facultades del Parlamento, en el que la oposición es mayoría. El uruguayo Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), calificó la iniciativa presidencial de "fraudulenta".

Su resultado es aislar aun más al gobierno venezolano, repudiado en el mundo entero excepto por su aliado regional boliviano Evo Morales y por algunos dirigentes del Frente Amplio y del PIT-CNT, que mantienen un enceguecido respaldo ideológico al dictador caraqueño.

El régimen chavista está suspendido como miembro del Mercosur y anunció su retiro de la OEA. En el ámbito continental solo le queda su permanencia en la Unasur, organismo que difícilmente pueda evitar ahora aplicarle la cláusula democrática a un gobierno que ha despedazado el estado de derecho.

La última maniobra de Maduro termina de desenmascarar sus planes de dictadura continuada, que nadie puede ya negar. Debilita al régimen la repulsa mundial en defensa de la democracia y la creciente resistencia civil, que en pocos días ha causado decenas de muertos, cientos de heridos y más de 1.000 manifestantes arrestados.

Pero la trabazón a una salida negociada victimiza al pueblo venezolano, carente de alimentos, medicinas y otros insumos esenciales. Ni esta tragedia humanitaria ni la convulsión política y social se solucionarán mientras subsistan Maduro, sus laderos y la estructura militar que lo mantiene en el poder y reprime a sangre y fuego a las manifestaciones opositoras.

La única esperanza es que las presiones externas, las protestas populares y la tremenda crisis económica generada por la ineptitud de gestión y la corrupción chavista finalmente pongan fin a esa ignominia continental generada por Chávez y profundizada por Maduro, que ha llevado a una triste realidad su imitación de Charles Chaplin en El gran dictador.

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