Contracara sindical al rescate

El valor de los nuevos centros educativos creados por el sindicato de la bebida y el contraste con otras acciones del movimiento obrero

La apertura de centros educativos y de formación social para niños por el sindicato de la bebida le aporta valiosa cuota de rescate al movimiento sindical, golpeado por el papelón del secretario general del PIT-CNT con su enceguecido embeleso con Nicolás Maduro y su pretensión de representar en esa actitud a la totalidad del pueblo uruguayo. Marcelo Abdala cayó en la ridiculez de elogiar una idílica paz y bienestar que dijo haber encontrado en Caracas y en asegurar un respaldo uruguayo sin fisuras al régimen chavista. Además de cerrar los ojos a la realidad, obviamente no se ha enterado de la condena formal de nuestro gobierno a los desmanes del dictadorzuelo caribeño ni de igual actitud de rechazo de virtualmente todos los uruguayos.

Contrasta con el desprestigio ganado por el titular de la central sindical la reacción elogiosa que genera la apertura de tres centros de actividad educativa complementaria concretada por la Federación Uruguaya de Obreros y Empleados de la Bebida (FOEB). El líder de este poderoso sindicato, Richard Read, promovía desde hace años la instalación de instituciones que ayudaran a la formación social de los hijos de sus afiliados y de otros niños de zonas cercanas. Read destacó en su momento el ejemplo exitoso del liceo Jubilar y de los demás centros privados gratuitos que lo siguieron en zonas carenciadas.

Finalmente el sindicato, con financiación aportada por los propios trabajadores con un porcentaje de sus salarios y por empresas del sector, se decidió por centros para niños de los tres últimos años de escuela. Asisten a talleres en diferentes actividades y reciben clases complementarias de apoyo, con énfasis en matemática y lenguaje, dos de las áreas en que los estudiantes muestran mayor atraso. Los tres centros que acaban de inaugurarse funcionan en Montevideo, Pan de Azúcar y Minas, habiéndose programado la instalación de otros dos el año próximo, en Paysandú y Salto. Daniela Rodríguez, coordinadora general del proyecto, explicó a El Observador que estos institutos no son una continuidad de la escuela sino una ayuda para la formación social de los niños, a través del aprendizaje de valores y de hábitos, así como de las responsabilidades que les corresponde asumir. El presidente de FOEB, Fernando Ferreira, destacó que el sindicato está preocupado desde hace años por “la pérdida de valores en la sociedad, como la solidaridad, el intercambio de opiniones en un clima de respeto y el vínculo personal”.

Otros sindicatos cuyos afiliados, como los de FOEB, tienen niveles de ingresos comparativamente buenos atienden necesidades sociales, como centros de vacaciones y otras actividades. Pero ninguno ha encarado un programa con alcances tan significativos como el que el sector de la bebida ha empezado a concretar, que ataca a la raíz de la tremenda crisis en la educación pública y actúa en el momento adecuado de la edad infantil. Al igual que los exitosos colegios y liceos privados gratuitos que operan desde hace varios años, el emprendimiento privado de FOEB contribuye a paliar las pavorosas deficiencias del sistema público, que ni el gobierno ni las autoridades educativas pueden o quieren o saben como atenuar. Tal vez algún día despierten al ejemplo que les ofrece el sector privado desde hace años, a través de sus técnicos, sus empresas y, ahora, desde un sindicato preocupado por el futuro de nuestra juventud.


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