Conveniente adversario electoral

Hillary Clinton no puede quejarse; de haber tenido de adversario otro postulante republicano, su chance estaría comprometida
Hillary Clinton no puede quejarse. De haber tenido de adversario a cualquiera de los postulantes principales del Partido Republicano que quedaron por el camino, las chances de la descolorida candidata del Partido Demócrata para suceder a Barack Obama en la presidencia de Estados Unidos hoy estarían mucho más comprometidas que enfrentando en las urnas a Donald Trump. Pero le tocó en suerte la conveniencia de que su rival sea un magnate empresarial enredado en sus propias ineptitudes como dirigente político, como volvió a quedar en evidencia en el tercero y último debate con Clinton antes de la elección presidencial del 8 de noviembre. Pese a estar golpeada por su escaso carisma y por las probadas irregularidades en el manejo de materiales secretos cuando era secretaria de Estado de Obama, Clinton mantiene una cómoda ventaja de hasta ocho puntos porcentuales según todas las encuestas.

Su favoritismo incluso llevó a Trump a afirmar que difícilmente respete un resultado adverso de la elección, que sostuvo que está siendo manipulada por los medios de comunicación y otros sectores para favorecer a su rival. Su comentario, que Clinton describió como "horripilante" en un país de arraigada tradición democrática y mereció múltiples censuras de otras fuentes, revela el desaliento de Trump. Sus perspectivas no mejoraron en el debate del miércoles. Tal como había sucedido en los dos primeros, ambos candidatos se centraron en denunciar fragilidades del oponente, reales o alegadas, dejando en un segundo plano sus programas de gobierno sobre varios tópicos.

Clinton acusó a su oponente de ser una "marioneta" del presidente ruso Vladimir Putin, debido a la insistencia de Trump en un acercamiento a Rusia para concertar acciones conjuntas contra el terrorista Estado Islámico, en reemplazo de la actual alianza de Estados Unidos con otros países. Aseguró además que "desgarrará" al país el xenófobo plan de Trump para frenar la inmigración y expulsar a extranjeros. Por su parte, el candidato republicano volvió a negar todas las denuncias de asedio sexual a mujeres, pese a que sus presuntas víctimas lo hicieron público, y acusó a Clinton de ser "una mujer desagradable" que orquestó esa campaña para perjudicarlo.

La valiosa práctica de los debates entre los candidatos principales en cada elección está dirigida a facilitarle a los votantes evaluar la imagen, personalidad y aptitud de cada aspirante a la presidencia. En este caso les aportaron el contraste entre la airada arrogancia de Trump y la mayor compostura de Clinton. La candidata demócrata ha tenido a su favor el aplomo ganado en tres décadas de experiencia en cargos prominentes. En cambio, Trump es un recién llegado a la política que capitalizó hábilmente el descontento y las incertidumbres de millones de ciudadanos para ganar la candidatura.

Pero es víctima de sus propios errores, desde comentarios denigrantes sobre las mujeres y otros frecuentes desplantes orales hasta planes absurdos como construir un muro de contención inmigratoria en la frontera con México y expulsar a musulmanes. Ni Clinton ni Trump entusiasman demasiado a los votantes, lo cual probablemente se reflejará en una alta abstención, ya que el sufragio no es obligatorio en Estados Unidos. Y los que concurran a votar no elegirán al mejor entre dos buenos candidatos, sino al que consideren que presenta menos flancos débiles.

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El Observador

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