Coraje frente al despotismo

Que en Venezuela no rigen plenamente las libertades y garantías individuales propias de un estado de derecho es algo que está más claro que el agua. Salvo para los acólitos del gobierno de Nicolás Maduro —básicamente los países del eje bolivariano y otros que por conveniencia política y hasta personal no quieren llamar al pan, pan y al vino, vino—, es evidente que Maduro desconoce las decisiones del Parlamento y se apoya en el control absoluto del Poder Judicial y del Consejo Nacional Electoral (CNE) para neutralizar las acciones de la oposición en la Asamblea Nacional y en el proceso electoral.

Pero con ser evidentes los palos que el régimen chavista ha puesto en el carro democrático, no faltan hechos concretos que claman justicia y no la obtienen. No solo la falta de libertades, sino también la falta de alimentos básicos o de las medicinas más elementales o incluso bebidas muy populares en Venezuela, como la cerveza. Las fotos de los supermercados vacíos ya son habituales en los diversos medios del mundo y la escasez es endémica, sin que al señor Maduro se le mueva un pelo más que para denunciar al "Imperio" y a la CIA, que son "los sospechosos de siempre" cuando hay problemas de cualquier índole; a los empresarios inescrupulosos que parece que no quieren vender, cobrar y ganar dinero, y al secretario de la OEA Luis Almagro, que se ha convertido de la noche a la mañana en un esbirro de los Estados Unidos por exigir democracia en Venezuela.

Pero los desmanes del "madurismo" no se detienen en su absoluta ineptitud y su desprecio institucional. Van más allá. Para detener o demorar el referendo revocatorio que daría al pueblo venezolano la posibilidad de decidir si Maduro debe continuar o no en la Presidencia, el Consejo Nacional Electoral ha comenzado a poner toda clase de trabas. En la primera ronda de firmas para habilitar el recurso, descartó casi más de la mitad de los 2 millones presentados, en exceso de los 200 mil necesarios para poner en marcha el mecanismo. El CNE descartó incluso la firma de Henrique Capriles, jefe de la oposición, lo cual demuestra la mala fe en el análisis de las firmas. Con esos criterios será difícil en la segunda etapa juntar el 25% de firmas válidas. El CNE seguramente anulará gran parte de las que se presenten.

Pero ocurren cosas más graves aún. El llamado a funcionarios públicos a que concurran a borrar su firma so pena de sanción laboral. Es impresionante lo que cuenta Elder Solangel Pabón, médica pediatra nacida en Aragua, y que trabaja —o trabajaba— en el hospital Los Samanes, en la capital del estado, Maracay. Dice en su muro de Facebook y ha sido corroborado por fuentes independendientes, "Soy médico pediatra del hospital Los Samanes en Maracay, acabo de recibir una llamada de uno de sus coordinadores, donde por orden del señor gobernador del estado de Aragua, se me ordena retirar mi firma para pedir revocar a Maduro. Me imagino que para botarme (echarme). Siento tal indignación que no me cabe en todo el cuerpo. Es inconcebible que no podamos tener libertad de pensamiento, ni de acción. Estamos ante una dictadura, definitivamente. Por eso es fácil decirles a todas aquellas personas que están retirando su firma cobardes y execrarlos. Gente que depende de un sueldo para llevar el pan a sus casas, con responsabilidades que cumplir. Me imagino que todos están tan indignados como yo, y humillados por tener que comerse sus palabras ante la necesidad. Esta escoria está jugando con el hambre del pueblo para mantenerse en el poder, Bueno, por mi parte quédense con el cargo. Yo no doy un paso atrás, no voy a permitirles que pasen por encima de mi deseo de libertad, veré qué hago, me pondré a limpiar casas, venderé empanadas, lo que sea para mantener mi casa, mis hijos, mi mamá. Es verdad, libertad requiere de responsabilidad y compromiso, yo lo asumo. Dios va a estar conmigo".

La presión sobre los funcionarios públicos es algo vergonzoso. Pero así son las formas de actuar de los gobiernos autoritarios que se valen de todo su poder para sacar adelante sus delirios. Esa doctora no se dobla frente a Maduro y sus secuaces. Su dignidad vale más que el sueldo que percibe. Y su dignidad y coraje valen mucho más que la cobardía de los gobiernos que, sabiendo estas cosas, siguen apoyando a Maduro. O al menos le siguen haciendo el caldo gordo. Es que para enfrentar al despotismo de estos tiempos hace falta bastante coraje y el coraje no abunda en los gobiernos de la región. Por eso Maduro sigue tan campante.


Acerca del autor