Cortando amarras con el vecino tumultuoso

Uruguay aún no recibió un golpe demoledor por la situación de Argentina, como ocurrió siempre. Pero el "desacople" no será eterno

La expresidente Cristina Fernández traspasó una bomba de tiempo que Mauricio Macri, su sucesor en la Casa Rosada, no ha sabido desactivar. La economía argentina está en recesión desde hace más de cuatro años, la pobreza aumenta y ya alcanza a la tercera parte de la población y el gran déficit fiscal se tapa con deuda e inflación.

Argentina ha sufrido casi un siglo de caída relativa. En las primeras décadas del siglo XX estaba entre las seis mayores economías del mundo y hoy ocupa el puesto 20 o 25, según se mida. En la década de 1960 su producto bruto (PBI) era similar al de Brasil; hoy apenas le llega al 25% o 30%. En 1974 su producto era equivalente al de México y hoy es menos de la mitad.

La economía argentina también se achicó respecto a la uruguaya. Hace una década era 15 veces mayor; ahora lo es 9,7 veces. Y en el largo plazo perdió aún más terreno con Chile.

Historia económica casi paralela

Al menos desde las décadas finales del siglo XIX y hasta la crisis de 2001-2002 inclusive, la economía uruguaya siguió a pie juntillas los avatares de la economía argentina, como un pequeño remolque tirado por un conductor loco. Una comparación del producto bruto de ambos países a partir de 1950 muestra una tendencia muy acompasada, aunque Uruguay se mantuvo ajeno a ciertos picos de recuperación que mostró Argentina en la década de 1960. La debacle que ocurrió en ambos países entre 1999 y 2002 es un ejemplo de acople casi perfecto, según el viejo principio de que si Argentina se resfría Uruguay estornuda. Las políticas económicas aplicadas por ambas naciones desde la década de 1930 también tuvieron un alto grado de similitud.

Sin embargo las cosas parecen haber cambiado en los últimos años, hasta el punto de que se ha hablado de "desacople": Uruguay habría adquirido un significativo grado de independencia de los siempre violentos ciclos argentinos.

Durante 12 años y hasta 2014 inclusive Uruguay se benefició de un gran auge agroexportador y elevadas tasas de crecimiento sin mayores conflictos sociales. Argentina también fue favorecida por la excelente coyuntura internacional, pero su ciclo de crecimiento fue más breve y se ahogó en un sinnúmero de conflictos socio-políticos.

Dos formas de salir de la crisis

Las economías de Argentina y Uruguay iniciaron una brusca recuperación en 2003, gracias a la firme demanda internacional por materias primas. Néstor Kirchner inició en mayo de ese año la era de los gobiernos K, que continuó su esposa Cristina Fernández entre 2007 y 2015.

Mientras tanto en Uruguay la coalición de izquierda Frente Amplio inició en marzo de 2005 un ciclo de tres gobiernos consecutivos que se extenderá al menos hasta 2020.

Néstor Kirchner y más marcadamente Cristina Fernández reestablecieron algunas de las viejas tradiciones económicas peronistas: estatismo y proteccionismo creciente y dirigismo en gran variedad de asuntos. El gasto público pasó del 25% al 40% del PBI. Una parte cada vez mayor se utilizó para subsidios y más empleos públicos, y para sostener empresas oficiales con enormes déficits (aerolíneas, ferrocarriles, energía). Los años finales de Cristina Fernández en la Casa Rosada se caracterizaron por constantes problemas de caja, manotazos desesperados y enfrentamientos políticos.

El Estado argentino tuvo superávit fiscal entre 2003 y 2008, cuando la economía revivió. Pero luego comenzó a padecer grandes déficit, que –al no disponer de crédito– financió de cualquier manera: desde inflación (disfrazada con controles y manipulación de datos oficiales) hasta expropiación de los fondos de jubilaciones y pensiones (AFJP), pasando por enormes impuestos ("retenciones") a las exportaciones agropecuarias.

El Frente Amplio, en tanto, desarrolló una política de inspiración socialdemócrata, sin pretensiones refundacionales, más respetuosa de la producción y los mercados y con fronteras más abiertas, aunque también tomó funcionarios a gran escala y padeció algunos desajustes graves con empresas públicas (Pluna, Ancap).

"Desacople" desde 2009

La incertidumbre argentina, expresada en múltiples distorsiones y conflictos, provocó grandes fugas de capitales. Uruguay fue uno de los países más beneficiados: capitalistas argentinos contribuyeron a gestar el enorme auge agrícola, en tanto invirtieron en el sector inmobiliario, la industria y el comercio.

La economía uruguaya depende más o menos de los mismos mercados y precios que Argentina. También padece un elevado déficit fiscal, una inflación menor aunque significativa y un dólar "barato" que desestimula la producción.

La economía argentina está en retroceso desde 2012, igual que la de Brasil, pero Uruguay continuó su marcha, a menor ritmo, titubeante, sin ahogarse hasta ahora en los conflictos políticos que padecen sus dos vecinos.

El "desacople" quedó a la vista entre 2009 y el presente, cuando la economía de Argentina prácticamente se estancó (ver gráfica): fue el país que menos creció en el largo plazo en la región, incluso por debajo de Brasil y México.

En los últimos años el producto bruto per capita de Uruguay sobrepasó al de Argentina, un hecho de gran significación histórica.

La bonanza en solitario de Uruguay, al menos hasta el presente, se debió a las menores distorsiones provocadas por los gobiernos, que derivaron en un buen crédito y una mayor tasa de inversión. Argentina capta muy pocas inversiones externas desde que repudió su deuda pública en 2001, que luego renegoció con grandes pérdidas para los acreedores.

Las dos grandes fábricas de celulosa construidas en Uruguay entre 2004 y 2014, las inversiones puntuales más grandes de la historia, fueron apenas la punta del iceberg de un fenómeno de gran magnitud que alcanzó a casi todos los rubros productivos nacionales, desde la energía al turismo. La demanda externa y la inversión cambiaron sustancialmente la estructura productiva y la oferta exportable del país. La soja y la celulosa, dos rubros casi inexistentes hace 15 años, llegan a superar las ventas de carne vacuna, la más tradicional de las exportaciones uruguayas junto a los cueros.

Menor dependencia de los vecinos

Argentina conserva un amplio papel en el turismo, el agro y la inversión general, pero sólo provee el 14,5% de las importaciones uruguayas. Y prácticamente se extinguió como comprador: pasó de significar el 18,5% de las exportaciones en 1998 a menos de 5% ahora. Brasil, en tanto, sigue siendo más importante como socio comercial, aunque cayó en los últimos años debido a una persistente recesión y cedió el primer puesto a China.

La plaza financiera uruguaya está menos expuesta a los shocks provenientes del otro lado del Río de la Plata. El sistema bancario es ahora más transparente, tiene mayores controles y un mayor nivel de encajes (reservas obligatorias).

El peso de los depositantes argentinos en los bancos que operan en Uruguay cayó drásticamente desde las grandes "corridas" de 2002, que precipitaron el cierre de algunas instituciones y la retención de depósitos por cierto lapso en otras. Entonces cerca del 40% de los depósitos en la banca uruguaya pertenecían a argentinos, en tanto ahora representan el 15% del total.

La mayor parte del dinero argentino que huye al exterior ahora pasa de largo.

El 7 de febrero de 2013 entró en vigencia el acuerdo de intercambio de información tributaria entre ambos países. Uruguay se vio obligado a aceptarlo luego que el Foro Internacional de Transparencia Global de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) dejara al país en la "lista gris" de no cooperantes en materia tributaria. Y en 2018 entrará en vigencia otro acuerdo entre las autoridades impositivas que permitirá intercambiar información sobre cuentas bancarias no declaradas.

Tarde o temprano Uruguay será afectado

De todas maneras, la interdependencia con los vecinos es enorme. "Si no hay nuevos proyectos de inversión (el 'desacople') no puede mantenerse más allá de 2016", estimó el economista Gabriel Oddone en una conferencia realizada en Buenos Aires en octubre de 2014. En aquella ocasión, su colega Javier de Haedo sostuvo que "la relación con Argentina sigue siendo extraordinariamente relevante", al punto que hay 500 millones de dólares que si no se exportan a Argentina no se los exporta a nadie y que tienen que ver con la industria intensiva uruguaya". Los principales productos que se colocan en Argentina son autopartes y vehículos armados en Uruguay; papel, cartón y celulosa de Fanapel e Ipusa; y químicos, plásticos y alimentos.

Los economistas Horacio Bafico y Gustavo Michelin afirmaron en El País del 9 de marzo que "los vínculos existentes con nuestros vecinos son muy fuertes y a la larga sus problemas nos afectarán. En particular sus abultados déficits fiscales y el necesario ingreso de capitales para financiarlos, lo que apreciará sus monedas en términos reales. Ello incidirá negativamente en la competitividad regional, fenómeno del que Uruguay no podrá escapar".

Después de 15 meses de gobierno, Mauricio Macri parece débil y a la defensiva. La inflación bordea el 40% (parte del déficit fiscal se cubre con emisión), la economía sigue empantanada y le faltan mayorías parlamentarias para desmontar el andamiaje kirchnerista. Jugará su suerte en las elecciones legislativas del 22 de octubre.

Mientras tanto el tercero gobierno del Frente Amplio parece cerca de una parálisis, atrapado entre la languidez económica y el gran déficit fiscal. En tanto espera de la industria forestal una megainversión revitalizadora, las exportaciones y el consumo dan señales de recuperación. Tal vez las velas se hinchen otra vez, y sostengan el sueño de una autonomía y prosperidad creciente.


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