Cortina de humo en educación

Tratar de zafar del peso de un fracaso tal vez explica la cortina de humo del presidente Vázquez sobre la educación pública
Tratar de zafar del peso de un fracaso tal vez explica, pero ciertamente no justifica, la cortina de humo tendida por el presidente Tabaré Vázquez sobre la educación pública. En la reciente reunión abierta del Consejo de Ministros en La Coronilla, Vázquez ensalzó "el inicio profundo del cambio de la ADN de la educación" que había prometido como meta de su gestión. Lo basó en el "gran entusiasmo" de "padres, madres y la sociedad en su conjunto" en la actividad educativa. Pero se abstuvo de toda mención específica de las reformas centrales del ADN del sistema, que había anunciado hace más de un año y que quedaron por el camino de los desacuerdos internos en el oficialismo, inexplicablemente aceptados por el presidente.

Incluían la unificación de los ciclos de Primaria y Secundaria para cerrar la brecha que los separa y debilita, desaparecido proyecto insignia de Vázquez, así como otras reformas esenciales contenidas en el hoy descartado Plan Promejora (una de las pocas iniciativas que funcionaron y que nadie sabe por qué se descartó). Ya ni se habla de la autonomía operativa de cada centro, para adaptarse al entorno social en que opera, o de los profesores de tiempo completo para evitar su ausentismo y establecer un necesario vínculo permanente entre docentes y estudiantes. Tampoco se informa de medidas para mejorar la insuficiente preparación escolar para ingresar al liceo o abatir la abultada deserción en Secundaria.

Cuando asumió, Vázquez puso a dos técnicos de su confianza como número dos y tres del Ministerio de Educación y Cultura, bajo la titular de la cartera, María Julia Muñoz. Pero el director general Juan Pedro Mir fue cesado por decir la verdad sobre el estado de la educación pública y el subsecretario Fernando Filgueira, a quien le había puesto la proa el presidente del Codicen, Wilson Netto, renunció en solidaridad con Mir. A este descabezamiento del ministerio reformista se agregó hace pocos días la sumaria destitución de Jorge Papadópulos, que había reemplazado a Mir. Los cambios liquidaron las posibilidades de mejorar un sistema educativo estatal que mantiene a Uruguay en el atraso, evidenciado en la caída del país en las pruebas internacionales PISA.

Vázquez censuró además a "oscuros profetas que viven atacando a la juventud". Pero ninguna fuente seria ataca a los jóvenes, sino a la inoperancia oficial que los condena a una formación alejada de la competencia técnica que exige el competitivo mundo actual. Sostuvo acertadamente en La Coronilla que la juventud es "el tesoro más grande" que tiene Uruguay, afirmación ampliamente compartible. Pero de poco sirve un tesoro si se lo mantiene enterrado. Como remache, la ministra Muñoz ha afirmado que "gran parte de las críticas" que se le hacen "tienen que ver con que soy mujer". Nadie la ha criticado por su sexo, sino por la inoperancia de su gestión o por las formas de relacionarse con sus subordinados.

La ciudadanía tiene derecho a esperar de sus gobernantes medidas eficaces y, cuando no se pueden concretar, un reconocimiento del atasco y una explicación precisa y transparente de sus razones. Ni uno ni otro requisito se han cumplido. Las vagas generalizaciones del presidente sobre presuntos avances no ocultan las deficiencias en que sigue hundida la enseñanza pública. Lo mismo ocurre con la excusa de la ministra Muñoz apelando a su condición de mujer, en vez de admitir las verdaderas causas y efectos del fiasco creado por la salida de la cartera de los técnicos que el propio Vázquez había escogido para sacar del marasmo al sistema educativo estatal.

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