Cosecha y fútbol, como complicar lo simple

Como en la selección, en la agricultura todo venía bien pero nos complicamos solos
En este país todo parece que tuviera que salir adelante a los tirones y con suspenso. Uruguay venía haciendo una excelente eliminatoria, los comentaristas oficiales repartían adjetivos y sinónimos por docena elogiando las virtudes individuales y colectivas, el juego y el temple, tal y cual.

De repente tres partidos seguidos perdidos y la clasificación en duda. A casi cualquier equipo le puede pasar.

Lo que sí es muy peculiar, y habla de nuestra curiosa psicología social, es que la selección pierde tres partidos seguidos que empezó ganando.

Es imposible probarlo, pero estoy convencido de que en 1950 en Maracaná, un factor clave para ganar fue empezar perdiendo. Si Uruguay hubiese empezado ganando en el primer tiempo, hubiese terminado perdiendo.

Por supuesto que es mejor empezar ganando que perdiendo, pero cuando en Uruguay tenemos todo para que algo salga bien y simple, la complicamos.

Es parte de la idiosincrasia uruguaya, tal vez, que si no tiene sufrimiento un logro se desmerece. Si se puede hacer simple y recto, mejor lograrlo, pero luego de ansiedad e incertidumbre. Pero el fútbol es un deporte altamente competitivo y los rivales juegan.

La agricultura uruguaya viene de dos derrotas. Una por sequía y otra por exceso de lluvias a la cosecha. Como es sabido, Uruguay va rumbo a una muy buena cosecha, los cultivos están como nunca, si todo sale bien cubrirá pasivos de productores y derramará actividad con lo que se consolida el crecimiento de la economía uruguaya, justamente tras dos años de casi estancamiento.

Después dos años adversos, este tercer partido de la agricultura es decisivo. Va a permitir que los empresarios que dan servicios cosechen y cobren, amorticen las maquinarias en las que invirtieron cuando todo era bonanza, que los mecánicos trabajen, y así que el comercio minorista trabaje.
Después dos años adversos, este tercer partido de la agricultura es decisivo. Va a permitir que los empresarios que dan servicios cosechen y cobren, amorticen las maquinarias en las que invirtieron cuando todo era bonanza, que los mecánicos trabajen, y así que el comercio minorista trabaje.

Que el que precise actualizar equipos lo haga y que la agricultura siga apostando a esa sinergia con la ganadería que redunda en beneficio de carne, leche, granos, puertos.

Dos derrotas y una victoria a punto de lograrse, los cultivos bien cuidados, el clima amigable, los precios tuvieron su momento interesante, algo se captó usando forwards y futuros. Ahora el precio es flojo pero con muchos kilos se logra una victoria aunque sea ajustada.

Poca lluvia por delante. Todo pronto. Este lunes deberían rugir las cosechadoras en el este con el arroz y en el oeste con la soja y empezar a concretar la principal actividad de la economía uruguaya en el segundo trimestre del año.

En la agricultura todo venía bien, pero nos complicamos solos entre nosotros.
Y entonces, zás!, paro del transporte y a arriesgar que la cosecha caiga al suelo sin ser levantada. Arriesgando a una derrota en un partido que está casi casi ganado.

En vez de aplicar los cientos de miles de años de evolución que nos enseñaron cómo funcionar bien grupalmente, recurrimos a la lógica más antigua, el más fuerte gana todo. Y ahí está la pulseada transcurriendo.

Por supuesto, el trasfondo es que con el costo de energía de Uruguay y el estado de las carreteras todos trabajan al filo de perder. Y el atenuante es que hace meses que se está hablando del tema.

Pero a la hora de la verdad, llega la cosecha y se arriesga a que todo caiga al suelo mientras se discute un 4% para acá o para allá.

Mientras se mantenga un dólar debajo de $ 30 y un precio de combustible 30% arriba de la paridad de importación, los conflictos estarán siempre a punto de ocurrir. Pero no puede un conflicto dejar caer al piso una cosecha que está pronta. Sería imperdonable.
Dado lo favorable que ha sido el año entre soja, arroz y los granos menores, hay unos cinco millones de toneladas en juego. El arroz esperando ser alimento para niños uruguayos, peruanos, iraquíes, cubanos o quedar tirado en el barro.

La soja a satisfacer el insaciable apetito por carne de los chinos o el sofisticado consumo de los europeos. Arriesgando a que llegue una lluvia, se moje la chaucha y los hongos prosperen o las semillas confundidas de tanto esperar germinen.

Sería realmente mucho más grave que perder con Chile, Brasil y Perú, perder con el arroz, la soja y el maíz. Como al mundial, confiamos que clasificaremos, pero si no es sufriendo, no es Uruguay.

Lindo como anécdota, pero difícil captar la oportunidad que tenemos frente a nosotros con esta disfunción social del conflicto inoportuno que tenemos.

Hay mucho en juego: el precio de la soja sobre el cierre de la semana profundizó fuertemente su caída, por lo que cualquier contratiempo sobre una zafra que promete ser un alivio puede agravar la fragilidad de competitividad que hoy tienen todos los rubros del agro.

Cabe confiar en que finalmente no seremos tan torpes como sociedad y cosecharemos lo que hemos plantado. Cabe confiar que clasificaremos. Pero da la impresión que todo será a los tirones, sobre la hora, con estrés.

Al menos que sirva para que el conjunto de Uruguay esté al tanto de todo lo que hay en juego. Con cultivos excelentes, este sábado avanzarán las cosechadoras empezando la cosecha más importante del año, sin saber si los camiones podrán llevar el fruto del trabajo de meses a los puertos.

Simple no sale, pero con complicaciones tal vez termine saliendo. La cosecha empieza en muchos lugares este sábado, Y durará hasta mediados de mayo.

Los barcos llegarán a destino en junio. Si todo sale bien será para festejar, y para reflexionar cómo lograr que en 2018 se negocie civilizadamente con anticipación y no cuando se arriesga a perderlo todo.

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